Opinión > EDITORIAL

Crónica de una fuga anunciada

La fuga de Morabito habla de una actuación endeble 

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26 de junio de 2019 a las 05:04

La fuga del mafioso Rocco Morabito era previsible y nadie hizo nada para prevenirla.

Son pocas las oportunidades que tiene Uruguay para estar entre las noticias de los principales medios del mundo. Puede ser por los goles de Luis Suárez, la legalización de la marihuana, los discursos de José Mujica o ya más lejana en el tiempo, la historia de los sobrevivientes de los Andes o el hundimiento del acorazado alemán Graf Spee durante la segunda guerra mundial.

Por estos días la fuga por un boquete de la cárcel central de Rocco Morabito uno de los mayores capos de la mafia calabresa -la temible Ndrangheta- junto a tres peligrosos delincuentes ocupó ese lugar no solo por el peso del delincuente fugado sino por lo mal parado que deja a la policía y al país. 

Los medios volvieron a hablar de Uruguay al enterarse que el capo mafioso que esperaba su extradición a Italia había protagonizado un escape espectacular por los techos de la cárcel central desnudando el rotundo fracaso del gobierno del Frente Amplio (FA) en materia de seguridad.

“Sobre la medianoche cuatro personas con arresto administrativo que se encontraban alojados en el Centro de Ingreso, Diagnóstico y Derivación del INR, se fugaron por las azoteas del edificio mediante (un) boquete”, detalla un escrito de la Unidad de Comunicación del Ministerio del Interior (Unicom) de Uruguay. En su fuga, pasaron por una casa colindante y robaron dinero a una anciana, agrega el comunicado.

Morabito había sido arrestado en Uruguay a principios de setiembre de 2017 después de permanecer durante 23 años prófugo. Quien fue uno de los cinco huidos más peligrosos de Italia vivió en el país sudamericano diez años con un pasaporte brasileño bajo la falsa identidad de Francesco Antonio Capeletto Souza.  

La policía lo detuvo hace un año y medio en un hotel de Montevideo, luego de cometer un error infantil, tras una disputa doméstica con su mujer. Vivía en una lujosa mansión en Punta del Este. En el hotel donde se alojaba fueron encontrados una docena de teléfonos móviles, armas, cheques y documentos falsos.

Conocido como el Rey de la Cocaína, manejaba la ruta de la droga de Sudamérica al norte de Italia. Era protegido por la mafia calabresa, una de las más poderosas y globales. Se dedican al tráfico de drogas, extorsiones, secuestros y trata de blancas. Por lo general están infiltrados en la obtención de las obras públicas, licitaciones que siempre obtienen por las buenas o por las malas.

Las intenciones de fuga de Morabito -que muchos uruguayos no sabían estaba arrestado en Montevideo- habían sido informadas a las autoridades carcelarias en varias oportunidades. Existen informes escritos advirtiendo de las intenciones del delincuente. Pese a la existencia de estos no hubo reacción por lo que tras hacer un boquete y aparecer en la casa de una vecina de la cárcel, se fugó. 

Hoy los uruguayos comentan la fuga increíble de Morabito con una risa nerviosa. Risa por lo cinematográfica de la fuga, nerviosa porque es una señal más de lo endeble y débil del accionar de la policía que debe protegernos. A fin de cuentas, a Uruguay le faltaba una fuga como la de Joaquín El Chapo Guzmán. 

En Uruguay todo tarda, pero -lamentablemente en este caso- llega. 

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