13 de enero 2024 - 5:02hs

En estos tiempos, donde es complicado que las personas opten por hacer el gasto y salir de su casa para ir al cine, donde la crítica cultural ha perdido la relevancia que tuvo en algún momento, y donde los medios como este que usted está leyendo necesitan captar la atención de una audiencia volátil, sobreestimulada y con infinidad de opciones ante sí, cada película, serie, libro, disco, etcétera es el mejor, el imprescindible, el que hay que ver ya ya ya. Entonces, de alguna forma, se hace realidad aquel cuentito del pastor mentiroso.

Pero en este caso, y le pido por favor que me crea, es verdad. La mejor película de terror del 2023, según quien escribe y también según algunos de los principales medios del mundo, se llama Cuando acecha la maldad, es argentina, y este jueves se estrenó en los cines uruguayos, a donde algunas cosas siguen llegando tarde, aunque menos que antes.

Que algo sea popular no garantiza que sea bueno. El mundo está lleno de ejemplos y el catálogo de Netflix, mucho más. Pero tengo algunos números y datos que sirven para ilustrar el fenómeno que precede a este estreno: Cuando acecha la maldad fue la primera película latinoamericana en ganar el premio principal en el festival de cine de Sitges, el más importante del terror y lo fantástico.

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Se estrenó en unas 600 salas en Estados Unidos, una cifra que para hacerse una idea, es un muy respetable tercio de lo que suelen tener los grandes tanques de Hollywood, y una cifra todavía más contundente para una película pequeña y en español, dado lo poco afectos a los subtítulos que son los yanquis. No solo se estrenó: fue una de las películas más vistas en la temporada alta del terror, el mes de octubre.

Y por casa también las cosas estuvieron bien, al batir el récord de la película de terror argentino más taquillera de la historia del país vecino, además de ser una de las películas locales más vistas del año, y seguir aún hoy, a dos meses de su estreno, entre las diez más vistas de la última semana, según el sitio Ultracine. O sea que, en resumen, logró la aclamación de público, crítica e industria, el triángulo dorado.

Cuando acecha la maldad está dirigida por Demián Rugna, que ya había llamado la atención con su película anterior, Aterrados (la encuentra en Amazon Prime Video, por si está con ganas de cumplir una tarea extracurricular), con la que estuvo cerca del pase a Hollywood, y en la que se encuentran algunos puntos de contacto narrativos y temáticos: un encare “realista” en las reacciones de sus protagonistas a los fenómenos sobrenaturales a los que se enfrentan, un mal al que se enfrenta siguiendo reglas muy claras, y sobre todo, mala leche. Mucha mala leche. Acá nadie la pasa bien, ni de un lado ni del otro de la pantalla.

El terror está en un buen momento en las artes argentinas, gracias por ejemplo a la proyección internacional de la escritora Mariana Enríquez. Con su obra se pueden encontrar algunos puntos de contacto en Cuando acecha…en el sentido de que es un terror fantástico pero inserto en un ámbito cotidiano, pueblerino y rural, donde los poseídos son “embichados” y el mal se esconde en una cabra, en el cuerpo de un peón, en una escuelita abandonada, y anda con ganas de liberarse y salir a conquistar el mundo.

Los involuntarios encargados de enfrentarse a esa amenaza son dos hermanos, Pedro y Jimi, con el primero además intentando proteger a sus hijos – uno de ellos, además, autista-, con los que tiene una compleja relación.

Rugna empezó a pensar en la historia que se convertiría en esta película luego de mudarse y dejar de vivir en la ciudad. Ese cambio de ambiente se sumó a la necesidad de hacer algo opuesto a Aterrados, que transcurría en un escenario urbano, en pocas locaciones y que estuvo cerca de tener un remake en Hollywood, por lo que su involucramiento en ese universo trascendió la realización de la versión original.

En diálogo con El Observador, el director explicó que “quería cambiar el paisaje, hacer algo más grande, lejos de la ciudad, con espacios abiertos, de día”. Y por otro lado, empezó a pensar en ciertas cuestiones del mundo moderno que integran el subtexto de esta trama de terror.

Observo desde hace años como el odio se transmite a través de las redes sociales y se contagia de una forma muy fácil, y se genera una locura generalizada que va de cabeza en cabeza. Entonces siempre me interesó tratar esa locura como si fuera una epidemia. También está la cuestión de los pueblos fumigados en Argentina, con los pesticidas que se usan acá indiscriminadamente, afectan a la población local, a familias pobres, que a los vecinos no les importan, y generan enfermedades, que en la película se plasma en los embichados. La realidad te inspira y te lleva a hacer cosas de terror”, explicó el cineasta.

Horror realista y mala leche

Cuando acecha la maldad

Así como hay situaciones y ocurrencias del mundo real que alimentan este relato fantástico, Cuando acecha… tiene otras cuestiones que a pesar de lo sobrenatural y demoníaco que asola a sus protagonistas, la hacen – aunque parezca extraño – realista.

Eso también estaba en Aterrados, donde fenómenos paranormales generaban en quienes los padecían reacciones creíbles, y también provocaban que, por ejemplo, vecinos, policía, y demás espectadores tangenciales actuaran de la forma lógica que indica el mundo real si alguien viene y les dice que el demonio está en su casa. Básicamente, creyendo que está chiflado.

En Cuando acecha la maldad, además de esa filosofía imperante entre sus personajes, también hay una cuestión fundamentalmente trágica, en el sentido de las antiguas obras griegas: los protagonistas quieren vencer el mal, cuidar a los suyos, pero en el camino sus impulsos van a convertirse, involuntariamente, en obstáculos.  

“Eso hace también que la película sea humana”, consideró Rugna. “Podemos vernos en el reflejo de de cada uno de estos personajes, nos identificamos”, explicó el director sobre esa forma de encarar la historia.

Al que le toca ejecutar la pieza principal de ese relato es a Ezequiel Rodríguez, el actor que encarna a Pedro. Con formación teatral, Rodríguez ha tenido una carrera, digamos, ecléctica, con papeles en Verano del 98, series de Disney como Violetta, y más recientemente, un acercamiento al cine de terror.

Para Rodríguez, la estructura de tragedia de la película la hace “más ambiciosa y más disfrutable, porque no es efectista, es una estructura antigua que nos va metiendo, un recorrido muy intenso que se vincula con aquella teoría del destino que tenían los griegos”, señaló.

El intérprete contó que uno de los desafíos de hacer la película fue el de sobrellevar la sensación de oscuridad y tensión constante que se vive a ambos lados de la pantalla. Desde lo actoral, explicó Rodríguez, hacer terror es algo casi lúdico. Es la actuación llevada a una de sus esencias, la de adultos jugando y ejecutando la premisa que les plantea la pregunta “¿qué pasaría si…?”, a lo que en este caso específico se agrega un componente importante de sugestión.

Pero en el caso de Cuando acecha la maldad, no había espacio para la levedad. “Cuando actuás entrás en una energía, te quedas ahí, y después te lo vas sacando de a poquito. A veces tu familia lo tiene que entender, y esta vez fue complicado. Miraba fotos que me saqué con amigos mientras estábamos haciendo la película, y de verdad, tenía otra mirada. Se me notaba en los ojos”, recordó.

Es que la película no se guarda nada. Más que por el sobresalto que suelen proponer algunas de las historias más vagas y mediocres del género, en este caso la apuesta es por la incomodidad, la inquietud. Cuando acecha la maldad tienen momentos poco aptos para estómagos sensibles, y ninguno de sus personajes está a salvo.

“Cuando me pongo a escribir soy Dios, y todos los personajes están a mi merced”. Así lo resume Rugna. “A mí me gusta que el público se siente y pueda esperar cualquier cosa, eso lo descoloca”, agregó.

Cuando acecha el recorte

Cuando acecha la maldad

El éxito de la película a nivel doméstico e internacional, así como la proyección que seguirá acumulando en las próximas semanas a medida que se estrene en más países es considerada por sus responsables como “un momento bisagra”.

Rugna, que tenía preparado su salto a Hollywood con el remake de Aterrados, que tenía el respaldo de nada menos que Guillermo del Toro, siente ahora que “no necesito ir al Real Madrid para ser campeón del mundo, lo puedo hacer con el equipo del barrio”.

“Yo pensé que no me podía pasar ya, siempre veía a las películas que les iba bien como algo muy lejano, que solo podía conseguir si filmaba alguna película con un estudio grande. Pensaba que así iba a poder meterme en una selección internacional de un festival, etcétera. Pero que esté pasando todo esto con una película argentina, hecha por una productora muy chica, y siendo una obra de género, en español, es increíble”.

¿Y si ahora lo vuelve a llamar el Real Madrid? Rugna no lo duda: “pregunto con quién voy a jugar. Porque hay muy pocos que tienen libertad como artistas. Y yo estoy intentando mantener mi estilo, no hacer cosas por encargo”.

Cuando acecha la maldad llega además en un momento particular para el cine argentino, con el gobierno de Javier Milei cuestionando el rol y la necesidad de la existencia del Instituto del Cine y el Audiovisual Argentino (INCAA), que por ejemplo, financió este proyecto que ahora conquista al mundo.

Tanto el director como el protagonista consideran que el éxito del proyecto debe ser tomado como bandera para evitar que el nuevo gobierno argentino ejecute esa idea.

“Por una película de cine fantástico podemos competir con el resto del mundo, puede ser un gran negocio y a la vez podemos compartir nuestra cultura en todos lados”, planteó Rugna. “Es un hito, y ojalá que sirva para que las cosas se puedan revertir  y sigamos contando con un instituto que promueva directores, en la cultura los resultados a veces no son los que dice el mercado, sino que son herramientas para crear una identidad propia”.

En esa misma línea se expresó Ezequiel Rodríguez. “Cualquier país avanzado apoya su educación y su cultura, todo lo que tenga que ver con el bienestar de sus ciudadanos”, dijo el actor. “Y la cultura nos representa, es fundamental porque tiene mucho que ver con la identidad, con la memoria. Las películas, los libros, te muestran que pasó, son recordatorios. Y hay gente que atenta contra eso porque no le conviene”.

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