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Cuando la inseguridad llega a la economía

La situación del mercado laboral y la pérdida de rentabilidad empresarial generan un clima de pesimismo entre los uruguayos

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19 de julio de 2018 a las 05:00

Parece una contradicción, pero no lo es. Los grandes números de la economía muestran una economía que crece. Los salarios aumentan y el poder de compra de los hogares sigue escalando por encima de los máximos en casi 40 años. Y aun así, el humor de los uruguayos no refleja esa realidad. Los consumidores y empresarios coinciden en una visión pesimista de la situación económica.

La economía uruguaya acumula 15 años consecutivos de crecimiento de la actividad. Si bien ese ritmo de expansión se ha visto moderado en los últimos años, la torta siguió creciendo y la totalidad de los expertos que responden mensualmente a la Encuesta de Expectativas Económicas de El Observador mantienen su predicción de crecimiento de la actividad al menos durante este y el próximo año.


¿Por qué entonces las encuestas de opinión pública no se hacen eco de esos pronósticos? El Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Cátedra SURA de la Universidad Católica y Equipos Consultores muestra un deterioro de 3,1% en los primeros cinco meses del año respecto a igual período del año pasado y se ubican en terreno de "moderado pesimismo".

Cuando se hila más fino en los números de opinión pública, el deterioro de las expectativas se explica por la interpretación que hacen los uruguayos por la situación económica y no por el impacto que tiene en sus finanzas personales.

En el promedio enero-mayo, el Índice de Situación Económica del País en el sondeo a los consumidores tuvo una caída de 8% interanual y su desempeño contrasta con la mejora de 0,4% del Índice de Situación Económica Personal.

Las cifras son consistentes con un salario real que crece a un ritmo de 3% anual. Y lo son también con un contexto en el cual la economía sigue perdiendo puestos de trabajo. Desde fines de 2014, se redujo en 42 mil el número de ocupados. Esto es, por cada 50 ocupados que había en 2014, uno ya no lo está.
Eso alimenta un clima de inseguridad en materia económica. Las finanzas personales van bien, pero en el entorno de los consumidores se suman nuevos casos cercanos de pérdida de empleo. Al mismo tiempo, las empresas mantienen un discurso de austeridad y ajuste que en algunos casos se traduce en despidos y en otras, en la negativa a renovar cargos vacantes.


Desde los empresarios, la inseguridad viene por el lado de la rentabilidad en caída. La encuesta de abril de Deloitte entre ejecutivos de empresas muestra que 40% de las empresas acusa un deterioro de la rentabilidad en el último año y solo 20% declara una mejora. Eso lleva a que solo 11% de las empresas prevea aumentar su personal en el próximo año y 28% anticipe una reducción, mientras que prevalece la visión pesimista en cuanto a situación económica y clima de inversión.

La economía crece, pero la mayoría de los actores económicos no ven los frutos de ese crecimiento. En parte, porque está concentrado en sectores de escaso derrame. En parte también por el efecto del ajuste fiscal –por la vía de impuestos y de tarifas públicas– en la rentabilidad de las empresas. A este escenario se suma el atraso cambiario y el aumento de costos salariales, que dado el contexto en el que se enmarca, se vuelve un peso mayor para las empresas y se paga con la destrucción de empleos.

Uruguay necesita de un empuje de la inversión que permita romper la actual inercia del mercado laboral. Pero para eso es necesario revertir el actual pesimismo. El gobierno tiene un papel clave a la hora de generar confianza. Hoy los números indican que no lo está logrando.

Es posible que las elecciones y las nuevas promesas inyecten el próximo año algo de optimismo en consumidores y empresarios. Las expectativas se depositarán en el próximo inquilino de la Torre Ejecutiva. La realidad volverá a imponerse en 2020.

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