1 de diciembre de 2018 5:01 hs

Un ministro, luego de empujar a manifestantes en un acto del gobierno, se defendió como en recreo de escuela diciendo que fue el otro quien empezó. Y luego, dos días después, usó datos de Estado para escrachar públicamente a uno de ellos, cuando la discusión ya la tenía perdida.

La bancada de legisladores se abroqueló ante la acusación a un diputado de mover todos los hilos que pudo para beneficiar a una empresa “compañera” que, a la vez, hizo trabajar en negro a los empleados.

Una jerarca municipal cuida tanto el cargo público que tiene en un ministerio, que le gustaría una excepción a la Constitución para asumir como intendenta sin tener que perder ese puesto en la administración central.

Son solo ejemplos. Pero la lista –encabezada por los dos años que el Frente Amplio lleva procrastinando una decisión sobre Raúl Sendic– es más larga y demuestra que luego de casi tres lustros en el poder el partido de gobierno perdió algunos reflejos. El más visible es el de la vergüenza.

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El episodio político de esta semana fue el de Eduardo Bonomi, cuando en un acto posterior al consejo de ministros de Artigas impidió que unos manifestantes desplegaran una pancarta. Llevamos una semana entera discutiendo eso. Los empujones del ministro han sido analizados profundamente por políticos, periodistas y hasta el propio gobierno, que destinó horas a buscar antecedentes penales de los manifestantes tabacaleros.

No solo Bonomi sino también otros integrantes del gobierno y el Frente Amplio dedicaron tiempo (y en algunos casos hasta mentiras) en un intento de justificar la actitud del ministro.

Pero incluso tomando como verdad muchas de las afirmaciones –que en algunos casos rozaron el ridículo– no son suficientes esos argumentos para justificar los empujones del ministro y mucho menos la posterior detención de los hombres que protestaban. Porque de las figuras políticas, y sobre todo de un ministro, se espera que sean mejores que el resto. “Él me empujó primero”, fue el argumento casi escolar que lo aleja de ese rol ejemplificante que debe tener un gobernante.

Leonardo Carreño

El episodio, por demás vergonzoso, se solucionaba el mismo lunes con una simple disculpa del ministro. Sin embargo la polémica se extendió toda una semana.

Otro Frente Amplio reaccionaba diferente. Ni siquiera es necesario hablar del fundacional de 1971. Simplemente el partido que llegó al gobierno en 2005 no hubiese aceptado estas cosas sin pasarles factura a los protagonistas.  

El poder desgasta y a la coalición de izquierda le hace falta activar algunos resortes que están bastante oxidados. Tiene tiempo de recuperarlos, pero la pregunta que queda pendiente es si puede hacerlo desde el gobierno o necesitará bajar al llano para eso.

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