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De humano a cyborg: quién es Neil Harbisson, el primer cyborg de la historia

Neil Harbisson nació con la peculariedad de ver el mundo en blanco, gris y negro; una rareza llamada acromatopsia. Pero una antena implantada en su cráneo le permite escuchar los colores. Este artista es el primer cyborg reconocido como tal en el mundo y aboga por los derechos de los transespecies: los humanos que se unen biológicamente a la tecnología

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16 de marzo de 2019 a las 05:02

Cada 15 minutos suena el campanario de una iglesia cerca de la casa de Neil Harbisson en Barcelona. El sonido viaja hasta él y, cada vez, lo inunde la misma sensación. Cada campanada la oye “en turquesa”. En otros lugares “suenan rojas o anaranjadas” –al igual que la voz de quien lo está entrevistando por teléfono–, pero en su barrio, siempre suena “en turquesa”. 

Harbisson, un artista nacido en Inglaterra pero crecido en España, ve en escala de grises a causa de una patología llamada acromatopsia. El color, por 20 años, le fue vedado. Hasta que en 2004 se sometió a una operación para implantarse un dispositivo en el cráneo que le permite escuchar colores (y ver sonidos). “Me ha afectado la forma en la que percibo la ciudad. ¿Qué colores escucharé en Uruguay? Es la primera vez que voy”, se preguntó.

Harbisson llega este fin de semana a Campus Party, un festival de innovación y tecnología en Punta del Este donde contará qué es ser un cyborg.
A Harbisson le llevó varias semanas adaptarse a los nuevos estímulos. Nunca había pensado que el mundo estaba lleno de tanto color. Estaba apabullado, se cansaba y tenía fuertes dolores de cabeza (¿o dolores de antena?) Pero, poco a poco, su cerebro se fue acostumbrando y, con él, todo el cuerpo. “Cualquier persona que añade un nuevo órgano y un nuevo sentido necesita un tiempo de adaptación”, explicó.

Un sensor detecta el espectro de luz que hay frente a él y lo transmite en forma de sonido a través de un chip instalado en la parte posterior de su cabeza. El chip convierte los colores en ondas sonoras. La forma correcta de describirlo es una vibración dentro del cráneo. 

Hay un sonido (o nota musical) por cada color. Por ejemplo, si pudiéramos escuchar la frecuencia del color rojo, oiríamos una nota entre Fa y Fa sostenido menor. El rojo es el color con la frecuencia más baja y el más alto es el violeta. Un piano, que es blanco y negro, es, en realidad, una paleta de colores. Y hay colores y sonidos de forma constante. Harbisson puede diferenciar más de 300 colores e, incluso, captar más colores que el ojo humano, como los infrarrojos o ultravioletas. No hay, entonces, silencio. “El chip para recibir color no tiene switch”, comentó.

Al principio, Harbisson usaba auriculares en el hueso para escuchar el sonido del color a través de sus oídos, pero una vez que le fue implantada la antena, el color hace vibrar el chip, lo que se transforma en un sonido interno que viaja a través del cráneo utilizando la conducción ósea hasta llegar a su sistema auditivo. Es el único humano entre 7.000 millones que tiene esta capacidad. Pero esto no es ajeno a la naturaleza. Bajo el agua, un delfín escucha a través de un hueso que conduce los sonidos al oído medio.

Por si lo anterior fuese poco, el artista es un senstronauta. Además del chip mencionado y dos para sujetar la antena, tiene otro que es Bluetooth. “En mi cabeza lo que tengo es Bluetooth”, dijo. Su utilidad es conectarse a internet. “Tengo la posibilidad de que me envíen imágenes (directamente al cerebro) o me hackeen”, agregó. Lo último ya pasó. Es un senstronauta porque puede conectarse a la transmisión en vivo de la Estación Espacial Internacional y extender su sentido del color al espacio. “Recibo colores desde el espacio y eso me permite explorarlo sin estar físicamente allí. Internet es una extensión sensorial”, señaló. Esto puede hoy parecer un poco loco, pero quizá en un futuro sea una pieza fundamental para la conexión interplanetaria.

“En mi cabeza lo que tengo es Bluetooth”, dijo

¿Y qué fue eso del hackeo? Nunca pudo saber quién fue pero sospecha que fue un empleado de una estación de Al Jazeera en Washington, EEUU. Harbisson estaba allí hace unos años por una entrevista. Su celular no se conectaba a internet y probó conectarse con su antena a una red de wifi (a través de su móvil). “Alguien logró enviar una imagen directamente a mi cabeza”, contó. El incidente no pasó a mayores. Es más, el artista lo recuerda como algo divertido: “Me gustó que alguien lograse hackearme”. No obstante, este es un riesgo de seguridad al que deberán enfrentarse los futuros cyborgs. “Tener sentidos con conexión a internet implica que cualquier persona puede intentar acceder a tus sentidos y enviarte sensaciones y estímulos que no existen”, apuntó.

Transespecie

“En 2004 creían que era una luz para leer. En 2005 creían que era un micrófono flexible. En 2006-2007, un teléfono con manos libres. En 2009, una cámara GoPro; en 2012, que era de Google Street View. En 2015, niños me preguntaron si era un selfie stick pegado en mi cabeza. En 2016 mucha gente me llamaba pokemón por la calle. Mucha gente me llama teletubbie”, dijo Harbisson a Cromo

Desde que adosaron la antena a su cráneo ha escuchado muchos apodos y muchas risas; la diferencia, además de la evolución del paralelismo según la tecnología del momento, es que se ha acostumbrado a los motes no solicitados. Muchos todavía no le creen que le permita escuchar colores. “La tolerancia no se ha incrementado”, lamentó.

“Defendemos la libertad de diseñarnos a nosotros mismos y el derecho a que estos sentidos y órganos sean así identificados y no como aparatos electrónicos”, expresó

Sí percibe que las personas ahora conversan sobre el tema. No se quedan solo con una expresión de extrañeza en el rostro, sino que emiten su opinión de si les parece ético o no que los humanos adquieran nuevos sentidos. Esa es la misma discusión que divide a la comunidad científica a la hora de aceptar una cirugía de lo que se llama “transespecie”. En su caso, un comité de bioética rechazó su petición. La antena fue implantada por doctores anónimos. “Se les decía lo mismo a los transgéneros: que no es ético o que puede ser peligroso. Y los hospitales y los doctores están muy preocupados por la opinión pública”, comentó el artista.

Aquí hay que diferenciar lo que se entiende por transhumano y por transespecie. Los primeros, en palabras de Harbisson, quieren convertir a los humanos en superhumanos más bien por un deseo individual. Los transespecies hablan de unirse a la naturaleza. Por definición, los cyborgs son el resultado de la unión entre la cibernética y los organismos. No es lo mismo la tecnología que permite saber cosas que la tecnología que permite sentir cosas.

Por ejemplo, si el cyborg adquiere visión nocturna, no tendrá que usar la luz artificial para ver de noche. De forma masiva, esto representaría un ahorro energético significativo para las ciudades. Otro: si el cyborg adquiere un sistema para regular su temperatura corporal, no tendrá que usar el aire acondicionado. “Cuantos más órganos o sentidos podamos crear para el diseño de nuestra especie, menos vamos a tener que diseñar para el planeta y esto va a ser mejor para todas las especies”, señaló Harbisson.

La Fundación Cyborg fue creada en 2010 por él y Moon Ribas –una bailarina que tiene un implante sísmico en el brazo que le permite percibir terremotos en tiempo real en cualquier parte del planeta mediante vibraciones– para ayudar a los humanos a convertirse en cyborgs, defender los derechos de los cyborgs y promover el arte cyborg. “Defendemos la libertad de diseñarnos a nosotros mismos y el derecho a que estos sentidos y órganos sean así identificados y no como aparatos electrónicos”, expresó. Harbisson no lleva una antena, tiene una antena. Está implantada en su cráneo y es parte de su cuerpo. Y consiguió ser reconocido por el gobierno inglés y con ella aparece en la foto de su pasaporte.

Para él, la próxima década será determinante: será cuando más humanos decidan unirse biológicamente a la tecnología. “Se ha visto por razones médicas, pero ahora estamos viendo gente que está decidiendo unirse a la tecnología por razones más amplias; por ejemplo, ampliar sus sentidos y explorar nuevas percepciones. Eso es algo que va a cambiar la sociedad”, comentó a Cromo. Y afirmó: “Tenemos que estar preparados para la diversidad que vamos a ver”.

 

La inspiración para una nueva forma de arte

Neil Harbisson decidió transmitir el color de los sonidos a través de su carrera artística. Así compone música con colores, en vez de partituras, y hace retratos sonoros de personajes famosos como el príncipe Carlos o Nicole Kidman. El resultado de la combinación de los estímulos visuales y sonoros es la sinfonía de colores o también llamada sonocromatismo, la unión de la pintura y la música. “La antena es una obra de arte y el público soy yo. Yo estoy percibiendo los sonidos de los colores y estoy percibiendo el resultado de esta obra de arte. Esta nueva sensación me permite expresarme artísticamente a través de otras formas clásicas”, dijo a Cromo.

 

 

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