Blur demoró en encontrar su lugar en el paisaje sonoro de la Gran Bretaña de 1990. Mientras los jóvenes escuchaban The Happy Mondays y The Stone Roses -dos de las bandas asociadas con el movimiento “Madchester”- Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree se llevaron algo de su sonido para Londres y lo adaptaron con influencias más antiguas de otros grandes popes del rock inglés: The Beatles, The Kinks y David Bowie, por mencionar algunas de esas difusas influencias.
Con sus primeros discos, Leisure (1991) y Modern Life is Rubbish (1993) el sonido de Blur comenzó a consolidarse aunque ninguno de los dos fue demasiado exitoso entre la prensa. Fue recién en 1994 con Parklife que Blur logró delinear más perfectamente su personalidad y, por consiguiente, enfrentarse de manera rotunda con otra de las bandas que venían en ascenso: Oasis.
La llamada “Batalla del Britpop” tuvo su pico en 1995, cuando Blur y Oasis transformaron el ranking inglés en su campo de batalla. Ambos enfrentaron sus cortes Country House y Roll With It, bajo el interesado escrutinio de la prensa, que lo llamó el “campeonato inglés de pesos pesados”.
Esta rivalidad hizo que se exacerbaran las diferencias entre ambos grupos: Oasis representó al norte y la clase trabajadora mientras que Blur -sin pretenderlo ni motivarlo- tenía que ver con el sur y las clases acomodadas, señalaba la dicotomía del momento que prendió en el espíritu de la época.
La "batalla" la terminó ganando Blur, logrando vender 274 mil copias de su single, dejando por debajo solo por 58 mil unidades a Oasis. Pero la victoria les duró poco. Luego de la salida de su exitoso The Great Escape, la banda cayó definitivamente frente a la banda de los hermanos Gallagher cuando consiguieron traer a Estados Unidos a la ecuación: del otro lado del océano lograron vender 4 millones de copias de su disco (What’s the Story) Morning Glory cuando aún Blur no había conseguido un gran éxito.
Con su quinto disco homónimo vino su revancha. Song 2 fue el Caballo de Troya que los introdujo al mercado estadounidense, haciendo que hasta el día de hoy sea su canción más popular. Pero la semilla de la desazón y el estrés ya estaba plantada en esta banda que había corrido con los costos de una carrera dada a la sobreexposición mediática: "Me duele recordar mediados de los años 90. A mí el britpop me quemó vivo. Me he sentido muy desilusionado hacia Inglaterra y hacia todo lo que supone ser una estrella del pop aquí. Durante mucho tiempo abandoné, sucumbí personal y emocionalmente", dijo Damon Albarn en una entrevista reciente.
Aproximándose el cambio de siglo, los integrantes exploraron nuevos terrenos: Coxon comenzó su carrera solista, mientras que Albarn desarrolló lo que sería la primera banda virtual: Gorillaz. Sin embargo, antes de empezar su séptimo y último disco de estudio, el guitarrista dejó la banda –más bien lo invitaron a retirarse de las grabaciones- por diferencias de criterio musical y otros motivos personales. Coxon dejó la realización de Think Tank para los tres restantes miembros. Luego de su gira de presentación, los tres músicos decidieron seguir sus propios caminos.
Durante los años siguientes, el bajista Alex James se dedicó a la producción de quesos y fue columnista gourmet para diarios como The Sun y The Observer o la revista Esquire. El baterista Dave Rowntree se inclinó hacia la política. Además de ser candidato dentro del Partido Laborista, se empleó como procurador. Albarn siguió con Gorillaz el camino del éxito musical a escala global y, además de realizar un disco con un nuevo grupo, The Good, The Bad & The Queen, se dedicó al teatro musical y a buscar sonidos africanos con músicos de Mali y otras partes de ese continente. Por su parte, en 2004 Coxon editó su más exitoso disco hasta ahora, Happiness in Magazines.
En 2009, luego de muy públicas idas y venidas -donde, en un punto alto de la pelea Coxon llamó a Albarn “megalómano”- ambos recompusieron y el cuarteto decidió volver con toda la pompa y circunstancia, realizando un concierto multitudinario en el Hyde Park. Luego de tener que agregar otra fecha por entradas agotadas, realizaron varias fechas en festivales europeos.
Esa reunión era, para los músicos, algo que no volvería a repetirse, lo cual no sonaba tan mal para Blur, una banda muy poco preocupada por la nostalgia y que ha hecho carrera de buscarle nuevas vueltas a su música. En una entrevista con la revista Q, el cantante afirmó que más conciertos podrían disparar los mismos problemas que en el pasado.
La historia ya llega a estos días. El año pasado, luego de lanzar nuevos singles que de inmediato ganaron al público y a la crítica: Fool´s day, The Puritan y Under the Westway aparecen en su box set conmemorativo Blur 21, que contiene todos los discos de la banda, rarezas, un registro en vivo y un libro. Además, Blur encabezó las celebraciones de clausura de los Juegos Olímpicos en 2012. Pero no faltaron las declaraciones de sus músicos de que este sería el último concierto.
Tras esas nuevas canciones, la cuestión "el futuro de Blur" se volvió algo de mucho más peso: la posibilidad de un nuevo disco de buenas canciones es latente, aunque sus músicos no quieran dar por sentado nada, ni las giras, que recién ahora van confirmándose paso a paso y con mucho cuidado. Los festivales, ávidos durante años de tener a uno de los regresos más importante y más atado a la conteporaneidad musical de los últimos tiempos, salieron a buscar a Blur, que ahora prestigia las grillas de festivales como el Coachella estadounidense y el Primavera Sound español. En noviembre, le tocará el Primavera Cero montevideano.