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1 de enero 2023 - 12:59hs

Entre los 37 ministros con un récord de 11 mujeres que acompañarán a Luiz Inácio Lula da Silva en su tercer mandato presidencial se destacan los nombres de Marina Silva y Sonia Guajajara. Ambas representan, tal vez como ninguna otra designación, el rumbo que pretende imprimirle el líder del Partido de los Trabajadores (PT) a su flamante gobierno.

Silva, nacida en el corazón de la Amazonia, es una figura emblemática de la lucha contra el cambio climático en Brasil y su nombramiento en el Ministerio de Medio Ambiente consagra la importancia que Lula da Silva pretende otorgarle al tema. Guajajara, incluida este año en la lista de la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, tendrá a su cargo el inédito Ministerio de los Pueblos Originarios.

Acérrimas opositoras de Jair Bolsonaro, Silva y Guajajara tendrán el desafío de comenzar a revertir un legado de “destrucción”, según definió Lula da Silva el resultado que dejó en el país cuatro años de bolsonarismo, caracterizados por el no reconocimiento de los derechos de los pueblo originarios a preservar sus territorios y el incesante avance de la agroindustria, la deforestación y la minería sobre la principal reserva de biodiversidad del mundo.

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Silva, un retorno con alto perfil

A los 64 años, Silva volverá a integrar un gobierno de Lula da Silva. Y lo volverá a hacer en el mismo cargo que ocupó entre 2003 y 2008, durante el primer y segundo mandato del líder del PT (2003-2010), hasta que rompió acusándolo de no apoyarla lo suficiente en la defensa de la mayor selva tropical del planeta. Tres veces candidata presidencial (2010, 2014 y 2018), Silva se reconcilió recientemente con Lula da Silva para vencer a Bolsonaro.

A cambio de su apoyo, Silva, quien hasta ahora ocupaba una banca de diputada federal, obtuvo una serie de promesas, en especial la creación de una autoridad nacional de seguridad climática encargada de verificar las acciones que buscan reducir los gases de efecto invernadero. "La cuestión climática ahora es una prioridad estratégica del más alto nivel", dijo Lula da Silva a la Folha de Sao Paulo antes de viajar a la COP27 de Egipto para adelantar la agenda climática del gobierno entrante.

Precisamente en ese foro, Lula da Silva prometió acabar con la deforestación en la Amazonia en 2030, después de que la práctica se disparara un 60% bajo el mandato de Bolsonaro. La designación de Silva "es una demostración clara de la seriedad del objetivo anunciado durante la campaña electoral de terminar con la deforestación en Brasil", evaluó en un comunicado la oenegé ambientalista WWF-Brasil.

Los colaboradores de Silva señalan que tras la frágil apariencia de la ex empleada doméstica se esconde una enorme fuerza interior, la que le permitió superar una infancia de pobreza, graves problemas de salud, dramas familiares y hacer frente al machismo y racismo presentes en la vida social y política de Brasil. Maria Osmarina Marina Silva Vaz, tal su nombre completo, tuvo un ascenso muy particular.

Nacida en 1958 en el estado de Acre, en el corazón de la Amazonia brasileña, tres de sus once hermanos murieron durante la infancia. Ella perdió a su madre a los 15 años. A los 11 ya caminaba 14 kilómetros todos los días para ayudar a su padre a explotar los árboles de caucho y recoger su látex. "Me levantaba a las cuatro de la mañana y cortaba ramas para hacer fuego. Preparaba café y una ensalada de banana con huevo. Ese era nuestro desayuno", suele recordar cuando se le pregunta por su infancia.

Afectada por problemas de salud -sobrevivió a tres hepatitis y a cinco crisis de paludismo-, en su adolescencia decidió ingresar en un convento. Aunque la vida religiosa no la convenció, su vida dio un vuelco. Allí dejó atrás el analfabetismo y descubrió la Teología de la Liberación en los escritos de los sacerdotes brasileños Leonardo Boff y Frei Betto, los principales teóricos y representes brasileños de la corriente católica que revolucionó las comunidades eclesiales de base tras el Concilio Vaticano II (1962-1965) y la Conferencia Episcopal de Medellín (1968).

Prensa del Partido de los Trabajadores Marina Silva y Sonia Guajajara acompañarán a Luiz Inácio Lula da Silva como ministras en su tercer mandato presidencial

A los 26 años, luego de haber trabajado como empleada doméstica para pagar sus estudios, obtuvo su primer título universitario en Historia. Poco después ingresó al mundo de la política. Lo hizo al lado del sindicalista y militante ambiental Francisco Alvez Chico Mendes, quien dedicó su vida a la lucha pacífica en defensa de la Amazonia y de los pueblos indígenas, para finalmente morir asesinado en 1989 por sicarios pagados por latifundistas de la extinta Unión Democrática Ruralista.

Para entonces, Silva ya era reconocida como una importante militante ambientalista y sindical luego de haber liderado con Mendes la fundación de la sección de la Central Única de Trabajadores (CUT) en el estado de Acre, por cuya capital, Rio Branco, fue elegida concejala, única representante de la izquierda en la legislatura local. En 1990 ganó un escaño como diputada federal y, concluido su mandato, a los 36 años se convirtió en la senadora más joven en la historia de Brasil.

Como muchos brasileños, Silva, que es madre de cuatro hijos, abandonó el catolicismo para entrar en las filas del protestantismo evangélico. En julio pasado declaró que "nunca" abortaría, pero defendió que el tema sea debatido por la sociedad bajo la óptica de la salud pública. Y aunque en el pasado dijo ser contraria al matrimonio homosexual debido a sus creencias religiosas, en 2018 prometió en su programa de gobierno "garantizar el respeto y el ejercicio pleno de la ciudadanía a las personas LGBTB+".

Guajajara, “la guerrera”

Si el regreso de Silva al Ministerio de Medio Ambiente es emblemático, no lo es menos la designación al frente del flamante Ministerio de los Pueblos Originarios de Sonia Guajajara, nacida de padres analfabetos como Sonia Bone de Sousa Silva Santos el 6 de marzo de 1974 en la reserva indígena Arariboia, en la selva amazónica. Al igual que Silva, Guajajara -nombre que tomó de etnia de la que es originaria- estuvo entre los críticos más duros del gobierno de Bolsonaro, que según ella desató una "agenda de destrucción" en la selva y entre los pueblos indígenas.

Llamada “la guerrera" por sus amigos y colaboradores, también ha combatido las políticas de Lula da Silva en el pasado, criticando su política medioambiental durante sus anteriores mandatos. Sin embargo, la exlíder de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil fue una firme aliada del líder del PT durante la campaña electoral, apareciendo junto a él en actos políticos con tocados de plumas y atuendos tradicionales, lo que le permitió a Lula da Silva contar con el apoyo de una respetada activista por los derechos de los pueblos originarios y, al mismo tiempo, reforzar su credenciales como firme defensor de la Amazonia.

Electa como diputada por el estado de San Pablo en octubre pasado, cargo que dejará para asumir sus nuevas funciones en el gabinete presidencial, Guajajara prometió poner a su nuevo jefe bajo la lupa para garantizar que cumpla sus promesas de reanudar la protección de las tierras indígenas y restablecer las políticas ambientales desmanteladas por Bolsonaro.

Guajajara, que viajó por el mundo denunciando el enorme complejo hidroeléctrico de Belo Monte en el estado amazónico de Pará, una obra que avanzó pese a las advertencias que sería catastrófica para el medio ambiente y los pueblos indígenas, dejó su casa a los diez años para concurrir ir a la escuela en la ciudad de Amarante, la más cercana a su hogar, y trabajó como empleada doméstica y niñera cuando no estaba en clase.

A los 15 años, ganó una beca de la agencia gubernamental de asuntos indígenas para asistir a la escuela secundaria en el estado de Minas Gerais, en el sureste del país. Luego obtuvo títulos universitarios en enseñanza y enfermería. Caracterizada como una luchadora incasable por el periodismo local e internacional, Guajajara, al igual que Silva, superó las limitaciones y desafió desde su más temprana edad a las fuerzas que destruyen la Amazonia y que han procurado exterminar las raíces de su comunidad.

Guajajara, que rápidamente emergió como una lideresa con proyección internacional y fue invitada a un foro de las Naciones Unidas sobre pueblos indígenas en 2008, saltó a la primera fila de la política brasileña en 2018. Fue cuando Guilherme Boulos, médico e integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra, la eligió como compañera de fórmula en las presidenciales de 2018 por el Partido Socialismo y Libertad, una escisión del PT. Aunque la fórmula obtuvo solo el 0,6% de los votos, Guajajara se convirtió en la primera indígena brasileña en postularse a un cargo ejecutivo en el gobierno.

"Estoy feliz porque nunca antes en la historia de Brasil hubo tantas mujeres ministras, y nunca tuvimos una indígena ministra de Pueblos Originarios", afirmó Lula da Silva días atrás durante un acto en Brasilia, cuando anunció que la senadora centrista Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileño y revelación de las últimas elecciones, ocupará el estratégicos Ministerio de Planificación.

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