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De una fractura de cráneo al cautiverio en Ecuador por la pandemia de coronavirus

El año pasado, Bruno Foliados sufrió una grave lesión que le generó episodios de vértigo pero en un par de meses volvió a las canchas en Boston River y ahora milita en Deportivo Cuenca

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26 de marzo de 2020 a las 17:47

Tras salvarse el año pasado del descenso con Boston River en una temporada muy especial, el futbolista uruguayo Bruno Foliados armó las valijas para protagonizar su tercera experiencia en el exterior, en Deportivo Cuenca de Ecuador. Luego de cuatro partidos el torneo se detuvo y a causa del coronavirus el delantero está recluido en su casa junto con su pareja. 

"En la misma semana que se paró el Campeonato Uruguayo (viernes 13 de marzo) acá se habían cerrado los colegios y se decretó jugar sin público. La fecha arrancó el viernes 13 con un partido. Para el sábado estaban previstos tres, así que nosotros entrenamos de mañana y concentramos. Se jugó el primer partido el sábado y luego se suspendió la fecha y el torneo. Establecieron una fecha tentativa para volver el 1° de mayo, pero todo es incertidumbre", reveló Foliados, de 28 años, a Referí desde Cuenca. 

"Se canceló todo. El domingo nos citaron para entrenar el martes, pero ese mismo domingo nos dijeron que no fuéramos. El presidente del país cerró fronteras. También cerraron los gimnasios y los shoppings. Hay 31 casos ahora en Cuenca y más de 1.100 en Ecuador, donde la mayoría son de Guayaquil", informó. 

"Para nosotros la orden fue la de quedarnos encerrados, salir solo a comprar comida y quedarnos en Cuenca. Nos mandaron rutinas de entrenamiento pero no nos pudieron mandar materiales porque el país se empezó a paralizar. Quise comprarme materiales como mancuernas o gomas, pero no me las pueden traer. El lunes se decretó toque de queda y a partir de la hora 14 ya no se puede salir a la calle. Si te agarran, te ponen US$ 100 de multa, a la segunda US$ 800 y a la tercera vas preso", expresó. 

Foliados vive en un edificio junto con su pareja. En el mismo lugar, pero en otro apartamento, vive Gustavo Alles con su familia.  

"De lo económico no se ha hablado. Nos estaban pagando una parte de febrero en estos días. Pero yo me encargo de costearme el alquiler y la comida por lo que lógicamente es una preocupación ya que con esta situación es una incógnita. En Europa están quitando salarios. Este mercado es más fuerte que el uruguayo", reveló el jugador formado en Defensor Sporting. 

"Fuimos al super con mi pareja y te dejan entrar de a una persona, solo permiten ingreso de 70 personas. Hay que ir sí o sí con tapaboca y la tuve que esperar afuera a ella", indicó. 

Sobre los aspectos deportivos, el uruguayo dijo: "Tuvimos un arranque irregular del torneo con cuatro puntos de visitantes y dos derrotas de local. El equipo apunta a clasificar a una copa internacional. Cuenca es una ciudad pequeña y muy bonita, de 600 mil habitantes con un clima parecido al de Uruguay pero muy cambiante en el día: de noche es fría, al mediodía si está despejado el sol es muy fuerte y de tarde generalmente llovizna". 

"Totalmente recuperado"

Foliados sufrió el 24 de marzo del año pasado un duro momento en un partido del Torneo Apertura en el que su equipo, Boston River, jugó ante Progreso. El delantero saltó en procura de un balón aéreo y sufrió un choque con la cabeza del volante rival Facundo Moreira. Cayó desplomado, perdió el conocimiento, se fracturó el cráneo, padeció episodios de vértigo y estuvo dos meses para volver a las canchas. Pero felizmente quedó sin secuela alguna.  

"Me fracturé el peñasco que es un huesito del cráneo pegado al oído. Vi la repetición y fue muy fea la caída. Facundo fue mi compañero y me fue a ver al hospital, fue una jugada normal del partido. Recuerdo que Nicola (Pérez, golero de Progreso) sacó del arco, después no me acuerdo de nada", comentó.

El pelotazo fue devuelto al campo de Progreso y ahí Foliados saltó y giró la cabeza para disputar el balón. De atrás, Moreira -mucho más alto-lo terminó cabeceando cerca del oído, en acción totalmente casual e involuntaria.

"Se demoró un poco la ambulancia, entre 20 y 30 minutos. Me desperté en la cancha y ahí me acuerdo de todo. Me llevaron al vestuario. Para la doctora, Amalia Romero, fue una situación muy complicada, pero más para mis padres porque los dos estaban en la tribuna y fueron al vestuario. Mi pareja estaba trabajando, le avisó mis padre y salió del trabajo para ir al hospital", recordó.

"Estuve dos meses para recuperarme. El primero sin hacer nada y el segundo entrenando para ponerme a punto físicamente. Tuve vértigo por 15 días. La primera semana, internado, pero luego fue disminuyendo. Me mareaba, se me daba vuelta todo, sufría sudoración, frío y nauseas. Eran solo unos segundos. Tenía que mirar un punto fijamente para que se me vaya, era como que la pupila se movía para todos lados", agregó.

Foliados recibió el apoyo y la visita de sus compañeros, de varios jugadores de Progreso y hasta de Ignacio Risso, poco antes de ser designado como entrenador de Defensor Sporting, club donde ambos coincidieron.

Usó casco de protección por un solo partido, pero luego dejó de usarlo. Solo sintió miedo para ir a buscar pelotas aéreas en los primeros juegos. Luego se olvidó de su episodio. 

"El 2019 fue sufrido porque se jugó a pelear el descenso. El Apertura fue tranquilo, pero el Intermedio nos costó caro, porque nos tocó el grupo difícil con Defensor, Peñarol, Nacional, Danubio, Progreso y River Plate".

"Martín García fue el técnico adecuado para el momento que nos tocaba vivir a partir del mal Intermedio. Es pasional, transmite mucho y fue muy importante para la remontada", explicó. 

Foliados anotó cinco goles y repartió una asistencia en el Uruguayo 2019 con 23 presencias en cancha. 

En 2013, antes de debutar en Primera, Foliados emigró a Toledo de Brasil para jugar el torneo Paranaense haciendo ahí su debut como profesional. "Me sirvió para agarrar experiencia personal y para ver otro fútbol", recordó. 

Para la temporada 2015-2016, tras jugar una en Segunda División Profesional en Boston River y seis meses en Sud América en Primera, Miguel Falero -con quien había salido campeón en la Quinta División de Defensor Sporting- lo llevó a Real España de Honduras. "Ahí tuve mucha continuidad y me sirvió para hacer un clic para madurar futbolísticamente y volví siendo otro jugador a Boston River. Para el jugador lo más importante es jugar porque eso te da ritmo y confianza; eso te permite hacer cosas que sin ritmo no podés porque ahí vas a la segura y te limitás".

Foliados busca ahora un nuevo salto de calidad en el fútbol ecuatoriano. Cuando el coronavirus lo permita. 

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