27 de enero de 2015 18:05 hs

Juan Sebastián Gutiérrez, más conocido como Juanse vio a Pappo por primera vez cuando tenía 12 años. Pero fue más adelante, en la casa de Berugo Carámbula, que ambos se conocieron. Ya en plena adolescencia, cuando él y su amigo Gabriel Carámbula se iniciaban como músicos, iban a visitarlo a su casa.

Pero la relación entre ambos músicos evolucionó luego a lo profesional. Cuando Juanse tuvo la oportunidad de compartir escenario con Keith Richards, el entonces líder de Ratones Paranoicos fue a buscar a Pappo para que tocara con ellos. A su vez, cuando este decidió volver a grabar, fue a buscar a Juanse para que produjera su disco Pappo’s Blues Volumen 8, que incluye el clásico Ruta 66. Y en el medio, ambos crearon la Juanse Pappo Roll Band, un grupo de corta vida con el que tocaron en vivo.

Es por eso que el proyecto Pappo x Juanse es natural. Así como lo supo acompañar en el camino, ahora el ex Ratones Paranoicos se calzó las canciones de su amigo al hombro para llevarlas de nuevo de paseo.

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Si bien grabar canciones de Pappo era una idea que rondaba en la cabeza de Juanse incluso cuando el Carpo vivía, el proyecto le cayó de manera fortuita. El productor Pelo Aprile le sugirió la idea y el músico no demoró en decir que sí.

Pero el rock encuentra a Juanse en otro lugar. Luego de la separación de su banda en 2011, el músico editó su cuarto trabajo solista, Baldíos lunares. Pero fue el siguiente, Rock es amor igual, de 2013, donde el músico tuvo una fuerte conversión al catolicismo. Quien supo inspirar al rockero Pomelo de Peter Capusotto y sus videos, ahora habla de la vida y la música a través de la religión.

Además de ir infaltablemente a misa los domingos, la música que suena en su casa es más que nada canto gregoriano, música clásica o misas de Haydn, Mozart y Bach. Sin embargo lo más reciente que escuchó fue el último disco de Prince.

“Yo me siento bien porque creo que lo más importante que hay en la vida es Dios. Y después, la salud”, dijo en entrevista con El Observador. “Con esas dos cosas todo lo demás se arregla: la familia, las relaciones, los afectos. Y partiendo de esa situación, se genera cualquier tipo de proyección a lo que uno necesita realmente. A pesar de que todos tenemos nuestras pequeñas caídas y tentaciones. Por eso nos ofrecen este enorme océano de misericordia divina. Pero para obtenerlo hay que creer. A partir de ahí, una vez que te abandonás totalmente, lo demás pierde importancia”.

Para explicar su desapego, Juanse cita al Papa Francisco: “Nadie vio nunca un camión de mudanza ir atrás de un cortejo fúnebre. No te llevás nada y te vas igual que como viniste. Nada más que más grande”.

Si Dios y la salud van primero. ¿La música en qué lugar está?
La música es un elemento más. En mi caso particular es mi oficio. Es lo que me da de comer. También está relacionado con Dios, porque es el que me dio el don para poder ejercerlo.

¿El día de mañana dejarías de tocar?
Pero por supuesto. Ya dejé de tocar. Toco cuando tengo que trabajar. Le doy la importancia que tiene. Esto es un oficio que trae trabajo y comida.

¿No tenés nostalgia del pasado ni lo que hicieron con Los Ratones Paranoicos?
No, gracias a Dios nunca sentí ese tipo de nostalgias absurdas. Aferramientos. No subestimo ni soy soberbio para nada. Hablo del desinterés total que me generan ese tipo de cosas.

El rock de antes

Pero volver a la carrera de Pappo era una necesidad. De los 28 temas que le pasaron para versionar eligió 14, entre los cuales se encuentran Hombre Suburbano, Desconfio, Una casa con 10 pinos y por supuesto, Ruta 66. “Son conocidos, pero no escuchados. No tuvieron difusión”, afirmó.

Y agregó: “Yo toqué bastante con él. Grabé y gracias a Dios lo produje. Pude hacer que de alguna manera estuviese presente pero desde otro aspecto. ¿Por qué? Porque estaba muy condicionado a lucirse como guitarrista cuando grababa. Eso de alguna manera empañaba su capacidad compositiva y poética”.

De hecho el disco, que además de basarse en excelentes versiones, cuenta con las voces invitadas de Andrés Calamaro, Peteco Carabajal y las guitarras de su hijo, Daland Gutiérrez, Christian Cary y Gabriel Carámbula, pone las letras y la voz por sobre la instrumentación.

“Fue una decisión del destino. Yo estoy preparado para transmitir letras. Toco la guitarra desde muy chico y con Pappo tocábamos mucho. Son diferentes formas de observar la música. Son otras épocas también”, sostuvo el músico.

“Fuimos los artistas que más veces tocaron juntos”, agregó. “No creo que haya habido artistas que hayan tocado más que nosotros”.

Juanse tiene una visión crítica del mundo actual. Dice que el cerebro de la gente está anestesiado, y que es necesario que se despierte. Y en este sentido, afirma que la letra del tema A dónde está la libertad cobra especial relevancia: “No creo que nunca / sí, que nunca / no creo que nunca la hemos pasado tan mal”.

La vanidad y la necesidad de protagonismo, dos características que casi van de la mano del rock and roll que él supo masificar, también tomaron a la sociedad.

¿La música es víctima de la vanidad?
Sí, total. ¿Y el rock and roll? ¿Que se cree que es el mejor?

¿Hoy por hoy hay una falta de rock?
Hay una mediocridad muy grande, pero no por una falta de rock. El rock puede llegar a ser más mediocre que nada. Para eso tenernos la prueba de Spinal Tap o Kiss. Lo que pasa es que el rock and roll te limita en su estructura, pero es muy amplio a la hora de expresar una idea que puede llegar al corazón. Ahí es cuando cambia el asunto. Yo puedo dirigirme a tu cerebro, pero ¿para que me sirve que pienses que soy inteligente? En cambio si te hablo directamente al corazón, tal vez aunque no me comprendas o pienses que soy un idiota. En ese momento es cuando empezás a prestar atención y ahí es cuando te agarré.

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