El fundador de Loog Guitars tiene un plus: en parte vive de la música porque su empresa se dedica a la creación y venta de guitarras. Sin embargo, debido al poco tiempo que tiene, se le hace imposible poder ensayar más de una o dos horas diarias. “No soy muy bueno tocando, pero siempre intento mejorar. Ahora, por ejemplo, estoy tomando clases”, afirmó. Alcalá sí se encuentra en un proceso de mayor “compenetración” con la música. Tal es así que cada vez que puede realiza alguna capacitación online, se compra una nueva guitarra y perfecciona su forma de tocar.
Incluso, sobre finales del año pasado, junto a Guillermo Taranto fundaron SuperBombo –un emprendimiento que busca potenciar a artistas locales emergentes–. Al mencionar este proyecto, volvió a explicar que para él la música es casi lo mismo que emprender y tal es así, que cada tanto decide tomar un poco de perspectiva para no terminar haciendo de la pasión, un negocio.
Los comienzos
Puede que el estilo de música que toquen sea diferente, que las guitarras también varíen en cuanto a su estilo y forma, pero hay algo en común entre los cuatro empresarios: todos ingresaron a este arte alrededor de los 14 años.
En el caso de Mangarelli, siempre tuvo una clara pasión por la música. Allá por sus 13 o 14 años, decidió pasarla a acción y comenzar a tocar la guitarra. “Era una pasión, un aprendizaje y, al mismo tiempo, te diría que era una práctica de meditación que me permitía –y aún lo hace– desconectarme un rato”, agregó. Sosenke por su parte, comenzó precisamente a los 15 años.
Inés Guimaraens
Eduardo Mangarelli, decano de Ingeniería de la ORT
Al igual que Mangarelli, siempre lo ató esa pasión por las seis cuerdas, pero también encontró en la composición de canciones un gran escape a los problemas. “La última vez que toqué en una banda fue allá por 2007, que luego dejé por el tema de la empresa”, recordó el exPedidos Ya. En aquel entonces, Sosenke tenía grandes cantidades de canciones escritas y decidió que la mejor forma de mostrarlas, era formando una banda.
“Llegamos a tocar en varios lugares, pero la verdad que nunca fue gran cosa”, subrayó entre risas. Pero no solo en el fútbol hay revancha, también parece haberla en la música. Cuando se fue de PedidosYa, tomó la decisión de devolverle a la música el tiempo que le había quitado al momento de ingresar al mundo empresarial. “Empecé a grabar alguna cosa, a hacer maquetas y subía algo a las redes. Pero todo muy tranquilo”, dijo.
Luego de un par de meses de comenzar a practicar, los mismos músicos que en 2007 habían tocado con Sosenke, le preguntaron si no quería volver. “Y bueno, ahí en julio volvimos a tocar. Estamos haciendo las cosas más prolijas que antes”, contó. Casi que inconscientemente comentó que esta metodología ordenada la adquirió cuando trabajaba en PedidosYa, y sus compañeros “no pueden entender qué pasó para que me volviera tan ordenado”, afirmó.
Inés Guimaraens
Ruben Sosenke, cofundador de Pedidos Ya
Atijas también comenzó a los 13, pero no lo hizo por la guitarra, sino por el bajo. La gran motivación para el empresario no fue la música misma, sino su fanatismo por Charly García. “En mi mente era muy viejo para aprender a tocar la guitarra, entonces me fui por el bajo que son cuatro cuerdas y es una a la vez”, comentó.
Luego de definir el instrumento, Atijas comenzó a tomar clases y formó una banda con sus compañeros del liceo. Hoy en día, mirándolo en perspectiva, el mismo razonamiento que hizo para elegir el bajo, lo utilizó para crear las Loog Guitars. “Dije ta, cómo puedo hacer para que quede más sencillo: cuatro cuerdas en vez de seis”, comentó.
Alcalcá, al contrario que el resto, no fue la pasión lo que lo llevó a agarrar una guitarra. Viene de una familia de artistas, en donde su bisabuelo era cantante de tango profesional y sus dos padres guitarristas. Toda su infancia, Alcalá vivió entre guitarras pero no había forma de sacarlo de su obsesión por las computadoras.
Fue así que llegó un momento en que la familia Alcalá se aburrió de tener tantas guitarras en una pieza y decidieron regalar todo. “El mismo día que las regalaron, ese mismo día, con mi hermano salimos a comprar un par de guitarras para arrancar a tocar”, recordó.
Dedicarle tiempo
Los cuatro empresarios tienen una agenda lapidaria, en donde lo que falta siempre es el tiempo. No obstante, la pasión tira, y todos deciden dedicarle algunas horas al día a tratar de practicar y ensayar.
En el caso de Soseneke, al llevar adelante una banda, necesita dedicarle una determinada cantidad de horas. “Tengo fijas dos horas por semana, pero no lo tomo tanto como una responsabilidad, sino más bien como un tiempo de relax”, contó.
De igual modo, Sosenke también le dedica tiempo a Especiados por fuera de esas dos horas porque tiene que conseguir presupuesto y organizar algunos aspectos. “Eso lo hago cuando puedo, pero en algún momento tengo que hacerlo”, comentó.
Alcalá comentó que es “un poco obsesivo y medio y no tengo término medio”. Agregó que más allá de tocar diariamente, también se graduó como técnico de mezcla y lanzó un proyecto como solista.
En este punto, tanto Atijas como Alcalá comentaron que mezclar la pasión con los negocios termina siendo un plus. “En mi caso, siento que encontré la vuelta para hacer algo con la música. Porque en Uruguay se piensa que la pasión va para un lado y el trabajo por el otro, y no es así”, explicó Atijas.
Pensar esto le sirve a Atijas en los momentos en donde los problemas lo sobrepasan. Cuando las cosas se ponen un poco complicadas, suele parar un segundo y pensar en lo afortunado que es. “Siento que todo el cariño y las ganas que le ponemos, se explica porque nos gusta mucho la música”, explicó.
Inés Guimaraens
Rafael Atijas, creador de Loog Guittars
Más allá de entender que emprender en base a la música puede tener un diferencia, Alcalá también recordó que en determinado momento se dio cuenta de que no estaba armando un proyecto musical, sino una empresa. En ese momento, tomó la decisión de que no iba a vivir de la música, porque necesitaba separar la parte artística de la profesional. De igual modo, contó que canaliza esto por otro lado, por ejemplo, apoyando a Loog Guitars como inversor.
En esta misma línea, Mangarelli comentó que ha escrito varias canciones, pero nunca tomó la decisión de profesionalizarse del todo y hacer un proyecto en base a esto. El empresario prefiere reservarse un rato en su día a día para que tocar la guitarra y cantar sea una especie de meditación, y no quiere perder eso.
En las horas en que el decano practica suceden dos cosas: encuentra un espacio en donde tiene que usar la lógica y el razonamiento, porque hacer música se basa en eso. Así como también puede conectar con sus fibras más íntimas, dejando las responsabilidades y el celular de lado.
Las redes: una vidriera
Ante la pregunta de cómo las redes sociales cambiaron la forma de mostrar la música, Sosenke comentó que en lo personal no sabe qué tanto le movió la aguja. “Yo siempre supe que iba a encarar un proyecto, y en ese sentido no fue algo que cambió”, explicó.
De igual modo, comentó que permiten que cada uno valide el estilo de música que hace. Lejos de ser influencer o algo por el estilo, en el espacio virtual los empresarios reciben comentarios acerca de su música, algo que les permite mejorar y perfeccionar algunos aspectos. “Más allá de que uno lo hace para uno, la responsabilidad es poder expresarse a través de una canción”, comentó Sosenke.
Alcalá coincidió y sostuvo que es una gran oportunidad para mostrar lo que cada uno hace. Reconoció que la comunidad musical uruguaya todavía está tratando de encarar estos desafíos, y para muchos músicos profesionales las redes terminan siendo “otro trabajo”.
Mangarelli, por su parte, comentó que durante los primeros meses desde que se desató la pandemia utilizó las redes para tratar de perfeccionarse. “Trataba de tocar canciones enteras, con la autopresión que esto genera, y después compartirlo”, dijo. Alcalá complementó que subir algo a Internet no “es algo trivial”, sino que implica un componente de exposición que, muchas veces, causa miedo.
En el caso de Atijas, no suele utilizar tanto las redes para mostrarse pero sí consume mucha música a través de ellas. Comentó que durante los primeros meses del año, solía recurrir a los vivos de Instagram en donde algunos artistas mostraban su música.
En esta línea, Mangarelli comentó que el hecho de que mucha gente suba contenido, permite tener una visión más amplia y encontrar artistas muy buenos. “Te encontrás con versiones muy buenas y creativas de música que te gusta. Eso te da muestras diversas de artistas o canciones”, explicó.
El factor generacional
Hace algún tiempo, en línea con el estereotipo de empresario rígido, los espacios de recreación para los ejecutivos estaban asociados a los “deportes de la élite”. Según Atijas, el hecho de que hoy en día muchos de sus colegas se dediquen a hacer música en su tiempo libre, se explica porque es una generación que estuvo muy influenciada por diversos artistas.
Más allá de que sea un momento de ocio, para el creador de Loog Guitars, esto permite enriquecerse desde el punto de vista cultural. Si bien no lo sabe a ciencia cierta, entiende que esto no sucede solo en Uruguay, por lo que resulta común encontrarse con más ejecutivos de otros países que practiquen música.
En la misma sintonía, Sosenke recordó que cuando estaba en PedidosYa, la gran mayoría de los ingenieros que trabajan allí solían tocar. “Podés agarrar cualquier equipo de desarrollo y el 70% toca algún instrumento o está vinculado a la música”, agregó.
Así como la música se mete en los empresarios, a la inversa sucede lo mismo. Atijas dijo que es normal ver cómo muchos ejecutivos se embarcan en proyectos musicales y lo hacen a través de una “perfección desmesurada para lo que quieren lograr”. “Es una forma de armar equipos, de entender que no trabajás solo y que tenés que lograr un buen resultado”, añadió.
Alcalá complementó que cada banda es como una empresa, las canciones son los productos y estos les tienen que gustar al público objetivo al que se quiere llegar. “Y al igual que en los emprendimientos, las promesas económicas son muy chicas”, afirmó.
Inés Guimaraens
Martín Alcalá, fundador de Tryolabs
Sosenke coincidió plenamente con el fundador de Tryolabs y comentó que lo vive “100% así”. En este sentido, trata de que la banda esté comprometida y convencida de lo que quieren lograr, “y entender que es un proyecto de todos”. “La idea es no hacer cosas por hacer, si no ganamos dinero, por lo menos que recuperemos lo que perdimos”, puso como ejemplo. Agregó que tratar de llevar adelante un proyecto musical de forma empresarial, tiene el plus de que el equipo esté motivado. “Ellos no saben cómo pasan las cosas, pero ven los resultados y eso motiva”, sentenció.