A cien años de su muerte, Delmira Agustini está por todas partes. En libros que postulan teorías sobre su muerte, ocurrida a manos de su exesposo Enrique Reyes, en notas periodísticas, en organizaciones que rescatan su memoria como víctima de violencia de género, en intelectuales que la entienden como un ejemplo de mujer revolucionaria. En el teatro, en la música, en medallas de reconocimiento a la Cultura y hasta en el nuevo nombre de la Sala de Conferencias y Eventos del Teatro Solís. Su rostro todavía no está en un billete, como el de su colega Juana de Ibarbourou, pero su figura se ha hecho tan omnipresente que se ha convertido en un fenómeno.
Delmira en el caleidoscopio
La obra de Marianella Morena No daré hijos, daré versos, es una gran puesta que resignifica la figura de la poetisa