19 de diciembre 2013 - 16:48hs

Borges admiraba a la mañana “que nos depara la ilusión de un principio”. Ese malentendido se produce con mayor magnitud cada enero, que promete, año tras año, ser el comienzo de algo. De la misma manera, diciembre promete ser el fin de algo y hay quienes lo toman como una oportunidad para pasar raya, hacer balance y tratar de mejorar a partir del año que viene.

A mí nunca me gustó el sistema. En diciembre prefiero adoptar un espíritu festivo indefinido y brindar por las cosas buenas. Los balances tienden a deprimirme. Si miro para atrás no puedo evitar pensar en que todo pudo haber salido mucho mejor, que debió haber salido mejor, que no hice lo suficiente. En mi caso eso no funciona como incentivo para corregir mis defectos al año siguiente.

Tampoco me gusta comparar a los años entre sí. Ya cumplí 50 y los mejores años tienden a estar cada vez más lejos, lo cual es natural y no hay por qué dedicarle tiempo al asunto.

Sin embargo, si me distraigo, diciembre me lleva a pensar en el año, en lo que hice y lo que dejé de hacer, en otros diciembres y hasta en la gente que ya no está, qué le voy a hacer.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos