23 de mayo de 2013 17:54 hs

En mayo de 2003 por invitación de un amigo publiqué mi primera columna en esta casa periodística. Angustiado como cualquier padre de familia por los efectos de la crisis del año 2002, comencé esta nueva tarea con algo de incertidumbre. Sin embargo la realidad económica mejoró rápidamente y en esta década pasada se produjeron cambios fundamentales. Inesperado para un país que procesa con dificultad las transformaciones.

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Mirando las 113 columnas escritas constato regularidades, anoto aciertos, me sorprendo con mis ingenuos errores. Siempre es refrescante mirar el pasado si uno lo hace positivamente pensando en el porvenir. Se aprende, se mejora. Los invito a recorrer estos 10 años en donde ojalá hayamos aprendido y nos animemos a seguir mejorando.

Mi primera contribución en mayo de 2003 llamaba a la necesidad geo-política de no alinearse en la disputa continental entre dos grandes colosos: Estados Unidos y Brasil. En aquella época algunos sectores de opinión aun pensaban que se podría prescindir de Brasil en el futuro nacional: pensaba y pienso diferente. De todos modos como la Cisplatina de 1817 está viva en mi memoria artigueña, recomiendo una aproximación cautelosa al gigante del Norte. Toda claudicación diplomática de nuestra parte será hábilmente aprovechada por Itamaratí.

Para el 2004 llamaba la atención sobre la irrupción de la civilización de la soja, el cultivo global. Una década después es evidente que este cultivo transformó la agricultura y junto con la celulosa rediseñó el paisaje de los Agronegocios. Este pulso competitivo sirvió para sostener un crecimiento superior al 5% del PBI durante la década que me ocupa. Dejamos el ignominioso estatus de “país de renta baja” merecedor de ayuda internacional, para pasar al promisorio “país de renta media”(media-baja, por ahora) que puede y debe ayudar a otros.

La reversión de los términos de intercambio a contracorriente de la teoría cepalina clásica llevó a que un novillo valiera más que una computadora, la estrella de la era digital. Este encarecimiento de los productos vinculados a las cadenas de alimentos proviene de la “competencia silenciosa” entre el cloroplasto y el microchip. No se ha podido generar vida artificial en forma comercialmente viable y esto explica el valor de los alimentos que dependen directa o indirectamente de esa pieza maravillosa de la evolución que es el cloroplasto.

Mi visión sobre la escases de agua se terminó de afirmar en una visita a Australia, en medio de una impresionante sequía en el 2006. Agua y tierra, dos recursos estratégicos analizados en las notas que desmenuzaron el rol de la inversión extranjera en el agro uruguayo. En una de ellas me preguntaba si algún día un grupo de productores uruguayos vendería su tierra-agua cara para comprar estos recursos más baratos en la región. Hoy es evidente que el global farmer existe y que Paraguay es la primera gran expresión de este espacio para los productores uruguayos. Seguirán otros.

En 2005 comentábamos la gran grieta en la casa europea: fracasaban los plebiscitos ratificatorios de una constitución única, elaborada entre gallos y medias noches con pluma política francesa. Aquellos vientos trajeron estas tempestades: cuando llegó la tormenta económica del 2009 la rajadura dejó filtrar un diluvio de conflictos que aún hoy inundan Europa. Los alemanes ricos no quieren salvar a los griegos pobres que se ahogan. ¿Y nuestro Mercosur? Bien gracias. Los acuerdos Sarney-Alfonsin fueron una isla de armonía en un mar de antagonismos históricos. Solo en apariencia similares a los acuerdos fundacionales entre Francia-Alemania: lo que unió a nuestros vecinos regionales fue un pequeño conflicto interno (las dictaduras), mientras que a los vecinos europeos los unió un holocausto. No los une el amor sino el espanto, diría el poeta porteño.

Hace una década me imaginaba que Uruguay produciría 200 mil toneladas de carne vacuna para el mercado interno y una cifra fabulosa de 400 mil toneladas para exportar a todo el mundo. Es exactamente lo que sucederá este año, utilizando las rutas comerciales Hilton y 481 y el boom asiático. Además para 2006 analizando los errores en la conducción de la política de carnes de argentina sugería que atacáramos su posición de liderazgo: el año pasado exportamos el doble que ellos y estamos muy cerca en valores unitarios. Releyendo las crónicas constato que Argentina me sigue provocando tristeza (he escrito varias plegarias por ese país) por la innumerable cantidad de oportunidades perdidas.

¿Y el 2023? Creo que el mayor riesgo en Uruguay es que imaginemos el futuro con el temor de lo sucedido en el pasado. Ya no podemos conformarnos con hacer las cosas “más o menos bien” para ocupar la mitad de la tabla en la renta per cápita. Este puede ser el mejor país del mundo para vivir: los que trabajamos con la producción de alimentos cumpliremos con nuestras responsabilidades. Como en los últimos 10 años.

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