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Directores ejecutivos superestrellas pueden autodestruirse

Los empresarios carismáticos e ingobernables, como Elon Musk, son problemáticos titanes de negocios

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13 de septiembre de 2018 a las 05:04

Por John Gapper
Financial Times

Los empresarios y capitalistas de riesgo de Silicon Valley se trasladan al desierto de Nevada para el evento conocido como “Burning Man” (hombre en llamas), la reunión anual que celebra la “autosuficiencia radical”, el intercambio de regalos y la cooperación. La celebración culmina con la quema de la efigie.


El “Burning Man” es un experimento lúdico sobre cómo la comunidad puede florecer lejos de las finanzas privadas y de las compañías rivales. 


Su tema artístico este año es “Yo, robot”. La ironía es que los titanes tecnológicos como Elon Musk, el fundador de Tesla y un habitual “Burner” (participante en el evento), son figuras prominentes de la economía real.


La forma en que esto último funciona fue el tema de otra reunión en un estado occidental estadounidense: la reunión anual de los banqueros centrales en Jackson Hole, Wyoming. Ellos se mostraron inquietos por el poder y la rentabilidad de las “compañías superestrella” como Apple, Facebook, Microsoft y Google. Los salarios, los precios y la política monetaria se ven fuertemente afectados por estos oligopolios.


Jackson Hole representa un mejor indicador de la realidad económica que “Burning Man”, pero los “Burners” tienen la razón en un aspecto. El simbólico gigante - el fundador superestrella de la compañía superestrella- es una representativa figura de la época. Los empresarios obstinados, carismáticos e ingobernables como  Musk encarnan su espíritu económico.


Un artículo de John Van Reenen, un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), presentado en Jackson Hole contiene algunas pistas acerca del por qué. 


Van Reenen analiza el fenómeno de la concentración en las industrias, como la tecnología y los medios, y cómo se han convertido en mercados en los que “el ganador se lo lleva todo”.


En lugar de oligopolios y omnipotentes plataformas que surgen como resultado de fusiones y de laxas reglas antimonopolio, Van Reenen argumenta que ellos se producen principalmente como consecuencia de factores estructurales. 


La globalización y la nueva tecnología fomentan compañías superestrella con altos márgenes de ventas y de rendimiento de capital porque “los efectos de red significan que las pequeñas diferencias de calidad pueden inclinar un mercado hacia una o dos figuras claves”.


Es una historia familiar, y compañías como Netflix y Tesla han llevado el mantra de crecimiento y dominación de Silicon Valley más allá de la industria tecnológica. 


Pero, como lo señala Van Reenen, no significa que las industrias no sean competitivas; son simplemente competitivas de una forma extraña. Es un concurso de todo o nada (o de “la mayoría o muy poco”) para apoderarse del territorio global y convertirse en una fuerza aplastante.


Esto influye sobre las personalidades de los líderes en numerosas compañías superestrella, a menudo impacientes, implacables y exageradamente ambiciosos. 


Parece extraño que la junta directiva y los accionistas de Tesla hayan permitido que Musk actuara de manera imprevisible. Él ha estado durmiendo en su fábrica de automóviles eléctricos para aumentar la producción mientras que ha estado públicamente explorando la posibilidad de retirar a la compañía de la bolsa de valores para limitar el escrutinio. Pero así es como se comportan los gigantes.


Una razón por la que los financieros les han permitido a los empresarios tecnológicos asegurarse el control gerencial sobre las compañías cotizantes a través de acciones de clase dual es que tienen limitadas opciones; eso es lo que exigen los fundadores como Mark Zuckerberg de Facebook. 


Pero ellos también han hecho apuestas calculadas de que estos individuos funcionan mejor para la compañía en una economía donde el ganador se lo lleva todo.


Esto contrasta fuertemente con la mentalidad de hace 40 años, cuando Michael Jensen, un profesor de Harvard, expresó preocupaciones sobre los “costos de agencia” impuestos a los accionistas por parte de la clase de gerentes ‘atrincherados’ que dirigían las grandes compañías estadounidenses. 


Esto incentivaba el aumento de las compras apalancadas y la propiedad de capital privado de compañías, con incentivos de acciones para hacer que los ejecutivos siguieran los intereses de los inversionistas.


Los gigantes han reemplazado a los burócratas, y los accionistas no tienen que preocuparse tanto por la indolencia y por el ‘atrincheramiento’. 


De hecho, más bien por lo contrario. El riesgo gerencial en la economía de las superestrellas es que el fundador y líder impulsa tan agresivamente por obtener el control global que la compañía se desintegra.


Esto sucedió en Uber, donde los inversionistas tuvieron que sacar a Travis Kalanick del puesto de director ejecutivo a pesar de su participación en las votaciones porque había molestado a demasiadas personas, incluyendo a los reguladores. Él fue reemplazado el verano pasado por Dara Khosrowshahi, un experimentado director que logró calmar la situación.


Los superestrellas pueden ser gestores respetables. Ni Larry Page en Alphabet ni Jeff Bezos en Amazon tienen el mismo problema, aunque ambos son tremendamente ambiciosos. La labor de mantener a la empresa por buen camino a menudo se le delega a un director de operaciones, y algunos accionistas quisieran tener uno en Tesla.


Pero el valor de un fundador que personifica a la compañía y que posee un insaciable deseo de apoderarse de territorio se ve reforzado por la economía que describe Van Reenen. 
Otro estudio reciente enfatiza la importancia del “empresario superestrella como factor de producción que implementa la tecnología superestrella”. Eso pudiera explicar las largas noches de  Musk en la fábrica de Tesla.


Existe una esperanza para el resto de nosotros, quienes tememos la dominación por parte de los gigantes con una mentalidad de que los ganadores se lo llevan todo. Sean cuales sean los defectos de la ley antimonopolio y las causas estructurales de los nuevos oligopolios, la dependencia depositada en los obstinados genios también los hace vulnerables a la inestabilidad. 
Es difícil para los demás competir directamente con ellos, pero después de algún tiempo, pueden autodestruirse.


Se ha informado que  Musk no fue al “Burning Man” este año porque tiene otras cosas en mente, así que no fue testigo del clímax del evento. 


El último día, el gigante ardió  en llamas. Siempre termina de la misma manera. 
 

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