Dólar
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11 de abril de 2011 19:05 hs

La idea de China de dejar de lado al dólar como moneda internacional de reserva tiene tanto atractivo en la economía globalizada de hoy como hablar esperanto.

Podría ser una buena idea, pero nadie está dispuesto a comprarla.

La propuesta de China no es sobre fluctuantes tipos de cambio. Fue una declaración antes de la cumbre de esta semana del Grupo de los 20. China, junto con Rusia y otros, quieren hacerle saber a Washington que va a tener que compartir la mesa principal en lo que solía ser un club exclusivo.

La influencia creciente de China era un hecho antes de la crisis financiera. Ahora su poder político se está nivelando con su poderío económico. Pero en lo que hace a divisas, el dólar es todavía el rey y probablemente lo siga siendo por cierto tiempo.

Piense en eso. ¿Quién espera seriamente ver que en el corto plazo las materias primas --de oro a algodón y petróleo-- coticen en algo que no sea en dólares? Hubo una época en la que Rusia, Irán y Venezuela consideraron que el precio del crudo se fijara en euros, pero esa idea se evaporó por una simple razón: la depreciación del dólar termina afectando a los países que lo tienen como moneda de reserva.

La primera víctima sería China, ahora el mayor tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos, con un valor de alrededor de US$740.000 millones, es decir, más de una tercera parte de todas las reservas en moneda extranjera del mundo.

La verdad es que uno no puede dictar qué moneda de reserva usarán los países, como tampoco puede hacer que la gente hable esperanto, un idioma universal inventado y hace 112 años que todavía no levantó vuelo.

Pocas copias

El euro es una moneda común que todavía no despegó aunque su trayectoria es fuertemente debatida. Los frugales germanos se irritan por tener que pagar por los griegos derrochones mientras países como Italia añoran los días en que salían de sus problemas devaluando la moneda.

El euro, ahora compartido por 16 países, llegó para quedarse pero hasta ahora no ha sido copiado en ninguna parte. Kazajstán presiona por el “acmetal” (NT: una combinación de ‘acme’, palabra griega para indicar lo mejor de algo, y ‘metálico’ por dinero), mientras que China quiere que el yuan sea aceptado en todo el sudeste asiático. Pero ninguno de estos proyectos está listo como para despegar.

El plan del gobernador del banco central chino, Zhou Xiaochuan, publicado en el portal de Internet del banco la semana pasada, fue incluso más ambicioso. Él quiere avanzar hacia una moneda de reserva global con una valuación estable de referencia que no pertenezca a ningún país en particular.

Si la eurozona tiene problemas en manejar a 16 países europeos, imagine la pesadilla de administrar una moneda a escala mundial.

Hasta ahora nadie apareció con una buena idea para una alternativa al dólar. China y Rusia proponen expandir el uso de los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional, un engorroso instrumento cuyo valor es fijado por una canasta de monedas. Rusia aportó la idea de incluir el oro en la canasta como elemento estabilizador.

Defensa del dólar

¿El FMI? ¿Es esa realmente la institución que queremos para manejar la compleja política monetaria internacional? Los críticos ya cuestionaron cómo fijaría el FMI el valor de los DEG y cómo resistiría la presión política para cambiar la valuación.

Por su parte, Estados Unidos obviamente va a defender el dominio del dólar todo lo que pueda. Su estatus como la moneda más importante del mundo significa que Estados Unidos no tiene que cancelar sus deudas en moneda extranjera, lo que mantiene bajos sus costos. Un dólar más débil dificultaría vender los bonos del Tesoro que el Gobierno necesita para hacer arrancar a la economía.

‘Un dólar fuerte hace a los intereses de Estados Unidos”, dijo el secretario del Tesoro Timothy Geithner la semana pasada. Tanto Francia como Japón han dicho que rechazarían conversaciones sobre reforma monetaria en la cumbre de mañana en Londres.

Furia rusa

No obstante, China ha tenido éxito en poner a todo el mundo sobre aviso, lo que probablemente fuera su meta. Al igual que Rusia, tiene razones políticas para desafiar a Estados Unidos. China quiere desviar la atención de su propia moneda subvaluada, un punto ríspido en las relaciones sino-estadounidenses-- mientras que Rusia bulle de mal humor por la influencia de Estados Unidos, a la que se refiere como “el obsoleto orden unipolar del mundo”.

Dada la dimensión de las tenencias estadounidenses, la propuesta China ganó la atención de todo el mundo. Su mensaje es simple: uno no puede emitir la moneda dominante del mundo, y no tener al mundo en la cabeza cuando comienza a hacer funcionar horas extras las plantas impresoras de billetes. Aferrarse a la moneda que es la reserva del mundo acarrea una responsabilidad especial.

Retrotrayéndonos a 1971, cuando Estados Unidos salió del patrón oro, el entonces secretario del Tesoro John Connally advirtió a los ministros europeos de finanzas: “El dólar es nuestra moneda, pero es su problema”.

Eso seguirá siendo cierto por cierto tiempo, sin importar lo que diga China.

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