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Dolores sigue sufriendo el tornado pero la atención psicológica brilla por su ausencia

Es muy difícil conseguir número para acceder a una psicoterapia; advierten por generaciones "marcadas" por el fenómeno

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17 de febrero de 2018 a las 05:00

Daniel Valdez (8) se levanta de la cama y enseguida se pone un casco de bicicleta. Así desayuna, se lava los dientes, prepara la mochila y va a la escuela. Al principio hubo compañeros de clase que se rieron de él, otros le preguntaban por qué se cubría la cabeza y el niño siempre respondía lo mismo: los médicos le pidieron que cuidara una herida que hoy tiene casi dos años. El casco forma parte de su vida desde el viernes 15 de abril de 2016, cuando un tornado azotó la ciudad de Dolores.

La hermana mayor de Daniel, Yanina (18), solo tuvo miedo una vez: cuando pensó que sus hermanos se morían. Ella vio cómo "un cono negro" se tragaba todo lo que estaba a su paso, pero en ese momento no sintió nada. Su instinto la llevó a agarrar fuerte a su madre, que quería salir corriendo a buscar a su padre y a sus hermanos chicos. Los vientos de 300 kilómetros por hora azotaron el edificio en el que se resguardaron durante un minuto, la gente gritaba y los vidrios estallaban. Después todo se volvió silencio.


De abajo de los escombros salieron Yanina y su madre, que enseguida fueron a buscar el auto en el que estaban los hombres de la familia. Casi todos los vehículos estacionados en esa cuadra seguían allí, pero el Renault 12 de la familia Valdez no estaba. No sabían qué había pasado con ellos. "Una siempre tiene fe en su padre y piensa que se fue a un lugar seguro", contó Yanina.

Carlos Valdez estaba en el auto con sus hijos cuando vio el tornado. El hombre pensó que lo mejor sería escapar de la ruta que venía recorriendo el embudo negro, por lo que prendió el motor y salió a toda velocidad por una de las calles del centro de Dolores. Lo que él no sabía es que la trayectoria del fenómeno puede variar y los vientos terminaron tragando su auto con ellos dentro.

El Renault 12 voló a dos manzanas de distancia adentro de un espiral de chapas, motos, árboles y escombros. La presión fue tan fuerte que el aire "infló" el vehículo, hizo estallar los vidrios y los tres integrantes de la familia Valdez salieron despedidos por las ventanas. Cada uno cayó en un lugar distinto y el auto fue a parar sobre un joven que transportaba los sifones de soda en Dolores, una de las cinco personas que murieron ese día.

vecinos dolores
Según registros oficiales, un tercio de los padrones de Dolores fue afectado por el tornado. Los vientos alcanzaron los 300 kilómetros por hora
Según registros oficiales, un tercio de los padrones de Dolores fue afectado por el tornado. Los vientos alcanzaron los 300 kilómetros por hora
Cuando el tornado pasó, un vecino que vio la escena salió a ayudarlos. Subió a Carlos y a sus hijos al auto y los llevó al hospital, donde Yanina y su madre los esperaban. "Pasé por al lado de mi hermano Daniel varias veces y no lo reconocí. La tierra y la sangre en la cara hicieron que no me diera cuenta de que era él, hasta que vi que tenía sus zapatitos puestos", recordó la joven. En el centro de salud no había electricidad y los médicos atendían en penumbras a los cientos de personas que llegaban.

Carlos tenía las piernas lastimadas, que le dejaron secuelas para siempre. Emilio, el hermano del medio, tenía muchos cortes en el cuerpo, pero uno en el tórax era el peor. "A él lo cosieron con esta luz (señaló una lámpara a batería), porque en el hospital no tenían nada para alumbrar y vinimos a buscarla a casa", sostuvo Yanina. Mientras los médicos atendían al niño –que en ese momento tenía 10 años– se dieron cuenta de que tenía una perforación en los intestinos. Aunque su caso era delicado, por lo menos respondía cuando le hablaban.

"El peor era Daniel, lo movíamos y nada. No había forma de que reaccionara", recordó su hermana. El golpe fue tan fuerte que le rompió una parte del cráneo, por lo que tuvo que ser traslado de urgencia a Montevideo. En la capital lo operaron y luego lo llevaron al hospital de Mercedes, donde estuvo internado en el CTI durante cuatro meses.
US$ 20 millones fue la inversión que estimó el gobierno en 2016 para reconstruir Dolores. El tornado destruyó un tercio de la ciudad.
Yanina cree que los médicos hicieron "lo mejor que pudieron". A casi dos años del tornado, los médicos que lo tratan todavía no decidieron si tienen que operarlo nuevamente, porque al niño le falta una parte de hueso en la cabeza. Si bien esperan que "le crezca solo", le recomendaron que usara el casco de bicicleta como protección. "Por suerte volvió a chivear como antes. Eso sí, se tiene que cuidar y andar con el casquito para todos lados", dijo su hermana.

A la deriva

Los hermanos Valdez recibieron atención psicológica al principio, poco después de que pasara el tornado. Los números en el hospital empezaron a escasear y los tiempos de espera se hicieron cada vez más largos, hasta que los padres se cansaron de esperar. Después de lo que vivieron, ninguno de los miembros de la familia visita a un psicólogo o a un psiquiatra actualmente.


La falta de atención psicológica es un tema que preocupa a los doloreños. El alcalde Javier Uttermark dijo a El Observador que la ciudad estuvo "en los ojos de todos" durante los primeros seis meses desde que ocurrió el tornado. Después, otros temas se metieron en la agenda y la gente se fue olvidando.

Cuando habló de lo que sufrió Dolores, los ojos de Uttermark se llenaron de lágrimas. El alcalde considera que la ciudad puede reconstruirse de a poco, pero está convencido de que en el plano emocional "nunca va a ser lo mismo". Los habitantes de la ciudad hablan de que los suicidios aumentaron desde el tornado, pero no pudieron confirmarlo porque el Ministerio de Salud Pública (MSP) no entregó los datos desglosados por localidad.

Viviendas nuevas Dolores
Las nuevas viviendas construidas por el gobierno se inauguraron en mayo de 2017
Las nuevas viviendas construidas por el gobierno se inauguraron en mayo de 2017
A su vez, al alcalde le preocupan las nuevas generaciones que crecerán marcadas por el fenómeno. Esos niños y adolescentes de hoy son los doloreños que forjarán el futuro de la ciudad. "Tenemos unos cuantos chiquilines que están yendo al liceo en contenedores, un lugar que les recuerda todos los días lo que pasó. Niños que vieron lo que vieron y no reciben la atención que deberían", agregó.

De hecho, las consultas por problemas emocionales en el sector privado aumentaron. El subdirector de la mutualista CAMS en Dolores, Jorge Pólvora, dijo a El Observador que hay pacientes que llegan hasta el día de hoy con estrés postraumático, ansiedad y fobias. También hay más consultas los días de tormenta y viento, ya que hay personas que tienen miedo de que otro tornado vuelva a azotar la ciudad.
2.361 canastas de materiales se entregaron entre los vecinos para que pudieran reconstruir sus casas. Esa ayuda se destinó a las familias que podían hacer arreglos.
En el hospital de Dolores, que depende de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), no quisieron brindar datos al respecto. A su vez, fuentes del MSP dijeron a El Observador que las autoridades departamentales también solicitaron informes a los directores del centro de salud público para conocer la situación de la localidad, pero hasta el momento no obtuvieron respuesta.

El miedo

El tornado afectó a un tercio de los más de 7.000 padrones que hay en Dolores. Los vientos destruyeron por completo cientos de casas y dejaron en la calle a muchas familias de la ciudad. Las personas que tenían seguro lograron pagar los arreglos con el dinero que cobraron, pero otros dependían de la ayuda del Ministerio de Vivienda para salir adelante.


La familia de Gabriela Tassara fue una de las más afectadas, porque el embudo negro dejó su casa hecha escombros. Ella estaba embarazada en ese momento, cobraba un sueldo que apenas le alcanzaba para pagar el alquiler y su marido estaba sin trabajo. El día que los vientos se llevaron todo, Tassara pensó que se quedaría sin nada.

Con su esposo fueron unas cuantas veces a rescatar lo poco que podían. Sacaron algo de ropa, unos muebles y no mucho más. También lograron recuperar a Carlito, el oso de peluche gigante de Emilia, la hija que en ese momento tenía 3 años. Tuvieron que mover los escombros para rescatarlo, pero la niña aún juega con él.

plaza dolores tornado
La plaza y el liceo Nº1 de Dolores fueron de los lugares más afectados por el tornado en abril de 2016
La plaza y el liceo Nº1 de Dolores fueron de los lugares más afectados por el tornado en abril de 2016
Emilia todavía tiene miedo cuando ve una tormenta. Si bien era chica cuando pasó el tornado, se acuerda de lo que vivió. Tassara también siente que el fenómeno le dejó secuelas, por ejemplo, se pone muy nerviosa cuando se levanta un viento fuerte. Ninguna de las dos recibió atención psicológica.

Ese miedo también lo siente Laline Charbonnier, a quien el tornado le destruyó parte de su casa. Cuando se levantó el temporal aquel abril, la mujer se resguardó debajo de la mesa de la cocina y vio cómo los vidrios estallaban. Su marido, que estaba trabajando, se acostó adentro del camión y cerró los ojos. "A él no lo mató porque no era su día. Un vecino vio cómo el viento subía y bajaba el camión", recordó la mujer.
1.700 jóvenes cursan clases de Secundaria en contenedores que instaló el gobierno porque los dos edificios en los que funcionaban sufrieron graves daños después del tornado.
Después del tornado llegaron los saqueos. El marido de Charbonnier durmió las primeras cuatro noches entre los escombros de su casa con un rifle en la mano. Si alguien entraba a robar, él estaba decidido a disparar. Ella se fue a lo de su madre y no se animó a dormir en el piso de arriba por miedo a que pasara algo.

Ya pasaron casi dos años y Charbonnier tampoco recibió atención psicológica. Su marido dice que no tiene miedo porque en Dolores "no están dadas las condiciones para que vuelva a pasar eso". Ella mira al cielo con atención cada vez que se nubla, porque alguien le dijo que las nubes se mueven rápido antes de formar el embudo negro.

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