La industria del vino está creciendo a pasos agigantados, en parte gracias a la pandemia. Solo en 2020, las empresas del rubro produjeron 70 millones de litros y en ese año los uruguayos tomaron 13% más en comparación con el 2019.
Maldonado o Canelones son algunos de los departamentos productores de vino, a los cuales casualmente llegan muchos extranjeros que deciden residir en Uruguay. En busca de tranquilidad, tanto argentinos como brasileños, se instalan lejos del ruido capitalino y apuestan por espacios verdes.
Algunos de ellos han comenzado a invertir en la industria vitivinícola. No solo son vinos: también se generan experiencias como recorridos por los viñedos o la oferta de un restaurante con un estilo familiar.
Este concepto “boutique”, como ellos definen, busca fabricar productos más personalizados para captar un público que opte por calidad.
Rosane Arkader y Mauricio Zlatkin, de origen brasileño, inauguraron la bodega Viña Edén en el año 2016.
El comienzo no fue para nada planeado. Una mañana Zlatkin se despertó con el pensamiento de poder hacer algo “productivo” y a raíz de ello comenzaron a barajar opciones. “Básicamente en Uruguay se puede hacer vino, criar ganado o producir aceite de oliva”, comentó entre risas Arkader.
La pareja está instalada a unos pocos kilómetros de Pueblo Edén, lo que les permite estar inmersos en un panorama natural muy atractivo para potenciales clientes. Esta fue otra razón para pasar a ser productores de vinos.
Actualmente, Viña Edén tiene 17 etiquetas. Al comienzo, los empresarios viajaron a Francia para traer las plantas y comenzar a generar los viñedos. Lo más complejo fue conseguir un equipo de trabajo, según rememoró Arkader, ya que no conocían a los profesionales.
“Eso se sumó a que en Uruguay es muy difícil emprender, porque algunas leyes laborales llegan a ser absurdas”, enfatizó.
No obstante, la empresa ha tenido un buen recorrido y hoy en día están exportando a México, Brasil y el Caribe. Los viñedos, que son autosustentables, están abiertos para que el público pueda recorrerlos con la ayuda de un guía.
Los argentinos
Algunos argentinos que se instalaron en Uruguay también están apostando por esta industria. Leo Mc Lean, quien era responsable de ventas para Disney, dejó su país natal y se instaló en Pueblo Garzón.
Un tiempo antes de llegar, tuvo un encuentro casi que casual con Gerardo Michellini —un enólogo argentino—, y allí le manifestó el interés de poder hacer un proyecto con cercanía al mar.
De esta forma surgió el entusiasmo para probar las “bondades del este de Uruguay”. Para la industria, esta es una práctica poco común, porque está instalado el concepto de que el vino debe salir de zonas montañosas.
Mc Lean consideró que esa visión viene influenciada, sobre todo, de regiones como Mendoza o países como Chile. “En Maldonado tenemos las condiciones ideales. Por eso nos instalamos en Garzón y de ahí empezamos a hacer vinos con influencia marítima”, explicó el exejecutivo. Con estas condiciones fue que nació el Bar del Vinos, una apuesta boutique y personalizada.
La inversión superará los US$ 2 millones y el objetivo es que la “naturalidad” del vino esté siempre presente. Mc Lean explicó que al ser un emprendimiento chico, permite cuidar cada detalle, algo que no sucede cuando se produce a escala.
Tomas —nombre ficticio, ya que la fuente prefirió no ser identificada— también instalará una bodega de vinos en Uruguay. El interés por el rubro, a diferencia de Mc Lean, viene desde hace muchos años.
Por su trabajo, le tocó vivir en varios países de la región, uno de ellos Chile. La idea se concretó cuando el argentino se instaló en Uruguay y entendió el potencial del sector, sumado a que se siente cómodo por tener tanta “cercanía cultural”.
Al igual que el resto, Tomas apostará por un proyecto de excelencia. Se prevén varios escenarios para la inversión, con un máximo de US$ 4 millones. Esto buscará generar productos de nicho y diferenciados, con una impronta familiar.
La zona elegida será también Garzón. Si bien el proyecto aún no comenzó, están convocando a los enólogos y afinando detalles para poder inaugurar los viñedos. Comenzarán a plantar en 2022 y la producción se dará en los años posteriores, si todo sale según lo previsto. “Innovando con alguna cepa y con un perfil artesanal. Que no compitan directamente con el resto del mercado”, agregó.
Arkader, que ya tiene unos años dentro del rubro, nota que hay una tendencia por traer novedades a la industria.
Tomas complementó: “No es todo tannat, si bien se va a seguir explotando, hay espacios para hacer otras cosas”, afirmó.