Sus promesas son muchas y contundentes: 50% de reducción en cesáreas, 25% de partos más cortos, 60% menos peticiones de anestesia epidural, 40% menos uso de oxitocina sintética, 30% menos de uso de analgésicos, 40% menos uso de fórceps y buenos resultados en la lactancia.
Los porcentajes son extraídos del libro Mimando a la madre, cómo una doula puede ayudarte a tener un nacimiento más corto, fácil y sano, de Kennel, Klaus y Kennel, publicado en Estados Unidos en 1993.
En Uruguay no hay estudios al respecto, pero según dice la coordinadora del Área Doulas del Instituto Perinatal del Uruguay, Rosa Rinaldi, la mayoría de las veces estos pueden constatarse en las experiencias prácticas que brindan las doulas formadas en la institución.
Pero ¿Cómo logran estos resultados? ¿Qué significa ese término que en los últimos cinco años parece haberse puesto de moda? ¿Cuántas son? ¿Cómo trabajan?.
Para Rinaldi, el secreto de estas especialistas es la contención que le brindan a las embarazadas y su entorno inmediato antes, durante y después del parto. “Al acompañarlas, al sugerirles medidas de comodidad para amortiguar el dolor con masajes y caricias; al ayudarlas a concentrarse en el trabajo de parto; al darles apoyo afectivo y respetarlas terminan teniendo este tipo de resultados”, afirmó.
Desde su punto de vista, una doula puede definirse como “una persona, entrenada en la fisiología normal del parto, que provee de información, soporte emocional y físico a la mujer embarazada y su acompañante durante el proceso del nacimiento”.
Una aclaración importante es que no son profesionales médicos o parteras, ni tienen una formación terciaria. Es una capacitación técnica que complementa los demás roles profesionales que intervienen en un nacimiento.
La contención familiar, la enseñanza de ejercicios de respiración, el trabajo en la autoestima, la facilitación de información relativa al parto y la lactancia forman parte de sus competencias.
Modo de trabajo
La tarea de una doula suele iniciarse cuando la embarazada transita su tercer trimestre de embarazo y se extiende hasta 30 días después de ocurrido el parto.
En el momento que la embarazada se interna, la doula la acompaña en forma ininterrumpida y posteriormente queda a las órdenes para realizar un seguimiento.
En Uruguay hay cerca de 100 doulas certificadas por el Instituto Perinatal del Uruguay, que tiene cursos de capacitación en esta especialidad desde 2005. Muchas de ellas trabajan en forma honoraria, con mujeres que viven en contexto crítico pero también es posible contratar sus servicios por $ 5.000, según el arancel que fijó la Asociación de Doulas del Uruguay.
Para convertirse en una de ellas no se necesitan conocimientos previos en enfermería o medicina. De hecho, con tener primer ciclo de Secundaria es posible acceder al curso. “Lo que es excluyente es tener vocación de servicio y amor por las embarazadas y los bebés”, dice Rinaldi.
Catherine Aguerre tiene 32 años y vive en Salto. Le queda un año para terminar la carrera de licenciada en Enfermería y es doula desde 2009. Su vinculación con esta especialidad se dio casi por necesidad.
“Mi trabajo de parto fue traumático, lo viví sola porque no dejaron entrar a mi esposo, acostada y con inducción. Me hicieron todas las intervenciones que pudieron y mi bebé terminó con sufrimiento fetal y yo en una cesárea. Mi búsqueda empezó a través de una pregunta: `¿Siempre va a ser así?´ Fue entonces cuando conocí el término doula. Me quise apuntar en el curso que da el Instituto Perinatal para que no me volviera a pasar lo mismo y para ayudar a otras mujeres a evitar el mal trago que pasé yo en el parto”, contó.
Aguerre suele ejercer esta práctica en forma honoraria; de ahí que se defina como una doula comunitaria.
“Cuando se aproxima el parto, lo único que pido, si están en condiciones, es una recarga telefónica y dinero para un taxi por si llueve el día del parto. Si no, veo cómo me arreglo. Mis condiciones son que se hagan los controles prenatales, los exámenes de rutina y que concurran a las clases que les da el centro de salud en el que se atienden; lo demás si viene se agradece”, contó.
Las doulas deben enfrentar varios prejuicios a la hora de acompañar. En Uruguay, la doula todavía no es totalmente aceptada por parte del equipo de salud, dice Martina Martins (26) que egresó del mismo curso en 2010.
“Si bien hay muchos profesionales que entienden la función y apoyan nuestra presencia durante el trabajo de parto hospitalario, unos cuantos no saben siquiera qué rol cumple una doula y ante la inseguridad nos piden que nos retiremos. La ley de acompañamiento tampoco nos ayuda, ya que esta le da derecho a la mujer a tener un acompañante, y muchas veces, en los hospitales y mutualistas, los profesionales piden que la mujer esté acompañada por una única persona. De todas formas, muchas de nosotras hemos douleado por teléfono y hemos hecho turnos con el acompañante, y haciendo todo lo que está a nuestro alcance para acompañarla”.
Alix Solange es maestra hace 17 años y su motivación para hacer el curso fue la cantidad de embarazos adolescentes a los que su profesión le hizo enfrentarse.
Una de las experiencias más gratificantes que tuvo como doula fue acompañar a Lucía y Brian, una pareja de adolescentes de 17 años.
“Fue maravilloso compartir un trabajo de parto en equipo, los tres luchando, trabajando, respirando, riendo, llorando, para ayudar a nacer a Benjamín. Después de 13 horas juntos llegó el bebé. Verlo sobre el pecho de su madre y ver a su padre emocionado contando lo vivido, fue un regalo para el alma”, comentó.
El único doula hombre
Ser mujer no es un requisito excluyente para ser doula. La prueba de ello es Roberto Cheloni (52), el único hombre que viene ejerciendo ese rol desde 2007. Cheloni se gana la vida como reflexólogo (especialista en un método terapéutico que estimula terminales nerviosas).
Cheloni también se formó en una técnica mexicana, denominada Rebozo para parto, que también suele aplicarla cuando ejerce como doula. En total, ya lleva atendiendo a 37 mujeres.
En su opinión, el rol de una doula en el momento del parto es esencial. “En los acompañamientos ellas encuentran a alguien que les da confianza y cuando sienten dolor saben que tienen una mano amiga para apretar”, comentó.