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Edgardo Novick: Intuición y garra

Entrevista central de Seisgrados. Fue el primero en arriesgarse a poner un local de ropa deportiva y el valiente que se animó a copiar la mostaza más famosa del país. Pensó en abrir un hotel para no fumadores y un shopping en un barrio impensado

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23 de julio de 2013 a las 16:56

Madrugó para acomodar frutilla por frutilla en el puesto de feria de su padre. Fue el primero en arriesgarse a poner un local de ropa deportiva y el valiente que se animó a copiar la mostaza más famosa del país. Fue de los únicos en pensar en abrir un hotel para no fumadores y un shopping en un barrio impensado. Fue de los pocos que siendo jóvenes jugaban a las bochas y es, como muchos, hincha rabioso de Peñarol

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“La mente no descansa”, fue lo último que me dijo Edgardo Novick en la charla que mantuvimos. Creo que es la mejor frase para empezar a describirlo. Desde la adolescencia, la mente de Novick trabaja sin cesar y eso, junto a una gran dedicación, dio sus frutos. Los que tiene hoy: La Cancha, Nike Shop, La Mostaza, After Hotel. Los que dejó en el camino: Little Stone y Don Peperone. El que se viene: el nuevo shopping ubicado en el predio de Cutcsa. Desde abajo, con aciertos y errores, se fue haciendo un comerciante, con todas las letras.

Al que madruga…

Con solo 14 años comenzó a ayudar a su padre en el puesto de la feria de frutas y verduras. De martes a domingos madrugaban y atendían el puesto, y los lunes iban al Mercado Modelo. “Nos levantábamos a las 4 de la mañana con inviernos crueles. A veces escucho hablar que los albañiles son sacrificados, pero creo que los feriantes lo son aun más”. Novick llegó a estudiar dos años de Ciencias Económicas, pero el título quedó en el camino porque el físico no aguantaba, “me fue imposible, me hubiera gustado ser economista pero era muy cansador, llegaba muy agotado al estudio y tuve que seguir trabajando y dejé de estudiar”.
Al principio, los Novick tenían un puesto chico en el que ayudaban tres o cuatro personas contratadas. Con el tiempo, la imaginación y el espíritu innovador de Edgardo se hicieron notar. Empezó a preocuparse por la presentación y la exhibición de los productos, y a conseguir frutas y verduras inusuales. “Armábamos el cajón de las frutillas una por una. Ahora se usa más, pero en aquella época era una innovación. Frutillita por frutillita. Además, todo lo ‘raro’ lo teníamos. Me acuerdo de los repollitos de Bruselas, paltas, cerezas, guindas. Entonces empezó a tomar un poquito de fama y se hizo un puesto precioso”. El puesto creció, al punto que llegó a tener 17 empleados y para ser atendido había que sacar número. A pesar del éxito, a los 22 años y ya con una vocación más definida, Edgardo encaró a su padre y le dijo que no quería seguir trabajando en la feria. “Tenía pasión por crear y por vestirme bien. Me dieron ganas de salir a confeccionar y empecé a diseñar buzos de lana, me los hacía una tejedora, y salí a recorrer las galerías para colocarlos”. Esto sucedió a fines de la década de 1970, un momento en que en Uruguay había pocas iniciativas de moda pequeñas y en que todavía se confeccionaban los modelos con modistas particulares.
Si a Novick se le ocurrió producir buzos de lana y con diseño, seguro que tenía que haber alguna referencia. “De chico me gustaba el programa televisivo El Club del Clan, y mi ídolo era Johnny Tedesco. Él salía todos los días con buzos raros de lana, me encantaban y yo estaba siempre esperando a ver qué buzo se ponía. Y bueno, no soy gran dibujante, pero me las ingenié y salí a vender”. Llegó un momento en que las tejedoras manuales no alcanzaban a realizar los pedidos de Novick a tiempo, por lo que empezó a buscar tejedores industriales. Ese fue el inicio. La pasión de Novick empezó a ser redituable y, luego de los buzos, se largó al mercado con los jeans de la marca argentina Little Stone. “El primer local que tuve fue en la galería Cristal. Y, en seguida, empecé a viajar, a ir a Estados Unidos, a Europa, a recorrerme las ciudades, caminarlas todas y traer muestras. En esa época no había internet ni tanta comunicación, éramos pocos los que viajábamos, sobre todo a Europa”.
Novick me explica lisa y llanamente que a partir de estos viajes, “empecé a crear menos y copiar y adaptar más”. Me sorprende su honestidad y le pregunto si entonces todo se reduce a copiar. “Sí, pero hay que saber copiar”, me responde riendo. Las veces que no le fue tan bien fue por adelantarse y traer colecciones que acá aún no se usaban. De a poco fue dominando el tema y llegó a tener 14 locales. En 1985 abre Montevideo Shopping y él fue uno de los primeros en apostar sin dudar al emprendimiento. “Fue un riesgo jugársela al shopping, era arriesgado, pero yo enseguida que me enteré quise estar”.

Hacer deporte está de moda

Viaje va, viaje viene, la mente de Novick trabajaba sin parar. “Empecé a ver el crecimiento, tanto en Nueva York como en Europa, de locales deportivos de moda. Acá en Uruguay había locales que vendían zapatos de fútbol, canilleras, pero no había moda deportiva”. Con este descubrimiento le pidió una reunión a Luis Lecueder (padre de Carlos, actual director de los shopping Montevideo, Tres Cruces y Portones). “Fui a decirle que realmente el shopping necesitaba una casa de deportes, que yo estaba viajando y veía que era el futuro, que tratara de poner una. Él me contestó: ‘¿Por qué no la pone usted? En un año vamos a realizar una ampliación del shopping, a mí me interesa, acá están los planos, elija el local que quiera’”. Ahí surge el primer local de La Cancha, que era una partecita del gran local actual.
Los viajes de Novick crecieron en cantidad y en intensidad, ya que, por un lado, tenía los locales de Little Stone, y por otro lado, la moda deportiva. “En la década de 1990, con la globalización, la moda, y la importación, el negocio de Little Stone fue cayendo, y el negocio del deporte fue aumentando”. Los uruguayos se preocupan cada vez más por la indumentaria a la hora de realizar deporte, a esta altura usar ropa vieja está casi penalizado en un gimnasio. Luego Nike vino a Uruguay para instalarse con locales exclusivos de la marca y le dio la oportunidad de administrarlos a Novick.
En Uruguay empieza la moda del running y pasamos de tener una rambla desértica o con gente sentada tomando mate, a que hoy, en todo horario, y con todo tipo de clima, haya muchas personas de todas las edades realizando deporte. Los locales apropiados para esta ola saludable los puso Novick. En la actualidad ya son cuatro locales de La Cancha (que es multimarca) y cuatro de Nike Shop, con un total aproximado de 2.400 metros cuadrados y 500 mil productos vendidos por año. Aunque puede que sus negocios compitan entre sí, “se agrandó tanto el mercado de deportes, que cada vez se ponen más locales y se vende más”. No sé cómo va vestido Novick al gimnasio, pero sí sé cómo lo vi en la entrevista y en la sesión de fotos. En las dos oportunidades estaba impecable, con detalles de diseño singulares en su vestimenta, un look muy cosmopolita y poco uruguayo medio. Tanto me llamó la atención que le pregunté al respecto. Me dice que sus diseñadores de cabecera, de quienes tiene la mayoría de su vestimenta, son Giorgio Armani y Tom Ford. Así como decoraba el puesto de feria, Novick hace mucho hincapié en la decoración de sus locales. Por ejemplo, cuando inauguró, La Cancha “tenía una parte de parqué con un tablero de básquet, una alfombra verde que simbolizaba el fútbol y toda la parte de arriba, que giraba, con fotografías de una tribuna. Uno entraba y se sentía como si estuviera en la cancha de básquet o en la de fútbol. La idea era que las personas se quisieran quedar, se sintieran cómodas”. Estas dos canchas no fueron elegidas al azar, son deportes que Novick lleva en la sangre. Además de a estos dos deportes que son típicos de un joven uruguayo, el empresario jugó a las bochas. “Viajamos a Paraguay jugando a las bochas. Lo hice de joven, y es un deporte de viejo [risas]. Paraba con amigos en el club Nueva Palmira y nos entreteníamos jugando”.

Me acuerdo que el 2 de noviembre de 1991 me cambió la vida. Era el primero en la fila de Movicom para comprarme un celular. Imaginate lo que era tener un celular y andar por todos los locales y siempre poder estar ubicable.

Papi fútbol

No quedan dudas, Novick babea por su familia. Lleva 33 años de casado, tiene cuatro hijos y con la sonrisa estampada en su cara, agrega: “¡Y ya somos abuelos! Tenemos tres nietos y uno en camino”. Justamente, toda la familia Novick acaba de viajar a República Dominicana de vacaciones a visitar a Bernardo, el hijo mayor que es economista y máster de Harvard y trabaja allí en una empresa muy importante.
Novick crió a sus hijos dándoles la libertad de estudiar o trabajar en lo que quisieran. Y si bien los nenes le salieron con vocaciones bien distintas, él se hace tiempo para estar en cada momento importante de sus carreras. A su hija actriz va a verla al teatro de una a tres veces por obra, y a sus otros dos hijos, que sí eligieron el mismo camino y hoy son jugadores de fútbol profesional, va a verlos todos los fines de semana a la cancha. Si bien es manya rabioso y hoy tiene la felicidad de ver a uno de sus hijos jugar en el cuadro de sus amores (el otro jugó en Fénix hasta el campeonato pasado), asegura que “me pongo tan nervioso cuando juega Fénix como cuando juega Peñarol. Cuando juega Peñarol es doble ¿no?”.
No quiero saber el conflicto interno que puede llegar a tener Novick si a alguno de sus hijos le toca jugar en Nacional en algún momento, algo que parece posible en estos días. Entre ellos, los hermanos Marcel y Hernán parece que la tienen clara: “Son amigos, hablan mucho de fútbol y se requieren. Pero cuando están adentro de la cancha se acabó, no son hermanos, no se conocen [risas]”.
Como padre, él vivió naturalmente el proceso en el que sus hijos pasaban de tener pasión por la pelota a tomarlo como su profesión. “En realidad nunca los escuché decir ‘yo de grande quiero ser jugador de fútbol’. Lo que pasó es que ellos amaban el fútbol, estaban todo el día en casa con una pelota, se pasaban mirando fútbol, iban a las prácticas y las cosas se fueron dando. Llegó un momento, en el liceo, que claro, pasaban dos cosas: por un lado, el tiempo no les daba porque estaban cansados y, además, realmente les gustaba poco el estudio ¿no? Entonces, la decisión fue tratar de que hicieran la educación básica”.
Novick fue candidato a la presidencia del Club Atlético Peñarol durante 17 días, solamente eso, junto a Juan Salgado como vicepresidente, Daniel Devoto y otros amigos. “Fuimos un grupo de amigos que intentamos. Surgieron algunos inconvenientes que nos hicieron ver que no era como nosotros pensábamos”. Le pregunto si es verdad lo que se dijo en los corrillos deportivos, que hubo una amenaza de muerte que lo hizo desistir de la candidatura. “No, tanto como amenaza de muerte, no. Hubo algunos disturbios, algunas pedradas. Era un momento en que el fútbol se había vuelto más violento, no solo el episodio nuestro, si no que ese fin de semana había habido disturbios en un partido de Peñarol-Racing y en otros partidos. Nos hizo ver que estábamos entrando en un terreno que nosotros no pensábamos que fuera así, y bueno, lamentablemente, desistimos. Fue una decisión que nos dolió y que tomamos en el momento”. Esto fue hace unos años. ¿Sigue con ganas de dirigir Peñarol en el futuro? “Si algún día me llaman de Peñarol, con mucho gusto voy a ayudar, pero no quiero ir a ocupar el lugar de nadie. Yo quisiera ir a Peñarol porque soy fanático, a ayudar, y el día que me precisen voy a estar”.

Vivo pensando en qué inventar. Pero lo más importante es la dedicación. El estar en los negocios. A mí me han ofrecido poner negocios en el interior o en otro país, y nunca quise porque quiero estar, debo pasar, aunque sea un rato.

La frutilla de la torta

Además de los locales deportivos y de tener el local La Mostaza en la terminal Tres Cruces, Novick participó con amigos de la creación reciente del hotel After. “De viajar tanto, siempre me interesó ver cómo trabajan los hoteles. Un amigo me invitó a participar de este emprendimiento y acá estamos, con un hotel que tiene un 90% de ocupación, y estamos muy contentos”. El hotel está ubicado en la zona del puertito del Buceo, frente al hotel Palladium. Le pregunto si no es un inconveniente estar tan cerca de otro hotel. “No, al contrario. Los que saben dicen que se van formando polos en la hotelería. Esta es una zona que se está formando: tenemos al Palladium acá en frente, próximamente va a estar el Hilton a una cuadra, por lo cual se está formando un polo de hoteles que nos beneficia a todos”. Y, dejando la “frutilla de la torta” para lo último, le pregunto a Novick por el emprendimiento más grande, el nuevo shopping que abrirá sus puertas en el cruce de Luis A. de Herrera y bulevar Artigas.
Cuando uno pensaba que la ciudad ya no tenía lugar para más centros comerciales de estas dimensiones, aparecen Novick, Lecueder y Salgado para contradecir cualquier predicción. Y si bien asumo que debe de haber mil razones más que acompañen el porqué y el cómo nace este negocio, Novick opta por esta explicación: “Por seguridad, nunca quise poner locales fuera de los shopping. Me da mucho miedo que asalten a una cajera. Mis empleados son todos jóvenes, y estar pensando que están en un local y que los asalten es un tema. No lo digo con ninguna insinuación política, sino ante una realidad del país. Entonces, dado que el negocio del deporte se estaba desarrollando cada vez más y yo no quería poner otros locales en otros lados, la única forma era que hubiera otro shopping en una parte de la ciudad que no fuera sobre la costa, porque todos los demás están sobre la costa. Recorriendo un poco la ciudad vi ese lugar de Cutcsa que me pareció apropiado. Y me acuerdo que el 9 de enero de 2008 invité a tomar un café a mi amigo Juan Salgado y al contador Lecueder –con quien mantengo una relación comercial desde hace más de 20 años– y les dije que se me había ocurrido esta idea. Lecueder dijo que había tres cosas a tener en cuenta para poner un shopping: locación, locación y locación. Y que ese lugar le parecía ideal para ponerlo. A Juan le encantó la idea, pero tenía que consultarlo con la Asamblea y el Directorio de Cutcsa, para que ellos dejaran el lugar y se integraran como socios del emprendimiento”. Novick resalta lo delicado que fue el inicio. “Estuvimos un año trabajando en secreto, y dos años sin firmar un papel, solo de palabra. La verdad me enorgullece tener socios (que además son amigos) con la importancia que tienen ellos, y cómo fuimos llevando este negocio”. Y, como es más fuerte que él, con cara de pícaro sobrador, me dice: “Y se da la regla del país: 2 a 1”, haciendo referencia a que Lecueder es bolso. Nos reímos. Hoy, a punto de cortar la cinta de inauguración de Nuevo Centro, luego de invertir 100 millones de dólares entre el shopping y las dos torres de apartamentos, me cuenta sus expectativas. “Estamos orgullosos del proyecto, y yo creo que va a cambiar Montevideo. Esperemos que nos vaya bien”. ¿Alguien tiene alguna duda? Y, como veo que con él no hay límites, le pregunto: “Luego del shopping, ¿qué pasa, Novick?”. Se ríe y, con la serenidad con la que me habló durante toda nuestra conversación, me dice lo que ya saben: “Cuando uno está acostumbrado a pensar, la mente no descansa”.

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