Por Edward Luce
El abandono del sentido común durante la pandemia ha perjudicado la imagen internacional de EEUU y el Reino Unido
EEUU y el Reino Unido están abandonando los hábitos que alguna vez los hicieron envidiables
EEUU y el Reino Unido están abandonando los hábitos que alguna vez los hicieron envidiables
Por Edward Luce
Se requiere esfuerzo para recordar cómo Ronald Reagan y Margaret Thatcher en la década de 1980 aceleraron la desaparición de la Unión Soviética. Las imágenes de ese triunfal momento son tan vívidas como lo fueron entonces. La atmósfera pertenece a otra época. Sin embargo, el esfuerzo de rememorar vale la pena.
Las inadecuadas respuestas de EEUU y del Reino Unido ante covid-19 pueden atribuirse en parte a la autocomplacencia posterior a la Guerra Fría: la creencia de que ninguno de los dos tenía mucho que aprender del resto del mundo. En unos pocos meses, un microbio ha expuesto el lado oculto de la arrogancia angloamericana. Pudiera tomar mucho más tiempo deshacer el daño que ha ocasionado la pandemia a la imagen de estas dos naciones en el resto del mundo.
La historia se captura mejor gráficamente. Con la excepción de Suecia, Europa continental logró aplanar su curva de infección por coronavirus en mayo. Sus países han estado tomando medidas para mantenerla plana. La mayor parte del Asia Oriental ya lo había logrado en abril.
En EEUU, la curva nunca fue controlada y, sin embargo, la mitad del país ha dejado de intentar hacerlo. El Reino Unido por fin aplanó su curva en junio después de haber alcanzado la segunda tasa de mortalidad más alta del mundo (EEUU está en séptimo lugar y subiendo). Como suele ser habitual, el Reino Unido desplegó la retórica de Churchill para unir al público en contra de covid-19. En realidad, el Reino Unido ahora está abandonando toda precaución “en las playas ... en las pistas de aterrizaje ... y en las calles”.
Getty Images
Las marcas corporativas tardan años en construirse, pero pueden ser destruidas en poco tiempo. Las ‘marcas’ nacionales de EEUU y del Reino Unido son producto de siglos. La confianza en sí mismos les da un mayor apetito de riesgo que el que se encuentra en las democracias no anglófonas como Alemania, España, Francia, Japón o Italia. Pero está produciendo peores resultados. Cada uno de estos países listados tiene recuerdos relativamente recientes de derrota, de ocupación, de revolución y de fracaso.
La identidad nacional es lo que separa a EEUU y al Reino Unido de otras democracias de habla inglesa. Australia y Nueva Zelanda, que han sido modelos de competencia en contra de covid-19, son naciones relativamente jóvenes que lucharon hasta hace poco para deshacerse de su "sentimiento de inferioridad cultural" en relación con la madre patria, Inglaterra. La autoimagen de Canadá está ligada a no ser EEUU.
Ben STANSALL / AFP
Una playa en el este de Inglaterra en junio
El historial pandémico de estas tres democracias de habla inglesa contradice la noción de que las "culturas anglosajonas" son demasiado individualistas para apegarse al distanciamiento social. Si los neozelandeses y los australianos pueden usar mascarillas, también pudieran hacerlo los estadounidenses y los británicos. Ignorar el sentido común nunca solía ser un estereotipo anglófono. Lo que separa a EEUU y al Reino Unido de otras democracias es una extravagante confianza en sí mismos. Un breve recuento de medio milenio de historia les dice a los angloamericanos que están destinados a estar siempre en el lado ganador. Esto ciega a ambos países a la manera en que el resto del mundo cada vez con más frecuencia los ve, lo cual es con tristeza y con creciente burla.
Después del orgullo viene la caída. ¿Cuál es el remedio? Así como los humanos pueden aprender de sus errores, las naciones pueden recuperarse de episodios de exceso de confianza. Algunos académicos han comparado la relajación prematura del distanciamiento social de EEUU y del Reino Unido con un fracaso demostrado en la prueba de malvaviscos de la Universidad de Stanford. A los niños de cinco años se les ofreció elegir entre poder comerse un malvavisco en el momento en el que se les daba o dos malvaviscos unos minutos después. La mayoría de los niños eligieron comerse uno en ese mismo momento. Los estudios de seguimiento mostraron que los niños que resistieron la tentación tuvieron mucho más éxito en su vida adulta. Lo mismo se aplica al destino de nuestras economías pandémicas.
Las sociedades que han seguido las pautas han vuelto a una relativa normalidad sin desencadenar nuevas oleadas de infección. En donde se producen brotes, los confinamientos se vuelven a imponer rápidamente. Los niños han regresado a la escuela en Dinamarca, en Alemania y en otros países que tomaron medidas de confinamiento temprano. Algunos países, como Taiwán, nunca tuvieron que cerrar sus escuelas. El Reino Unido y EEUU están actuando como si hubiera que escoger entre el confinamiento y el crecimiento económico. En realidad, existe un verdadero valor en tener paciencia. La salud pública y el crecimiento económico son complementarios. Mientras más efectivo sea el confinamiento, más confianza habrá con respecto a la reapertura económica.
JIM WATSON / AFP
Eso es lo que resulta de observar a otros países. Donald Trump está exigiendo que las escuelas estadounidenses reinicien sus clases en persona el mes próximo. Sin embargo, él ha descartado los beneficios de las pruebas de covid-19, del rastreo de contactos y del distanciamiento social, todo lo cual haría que fuera seguro volver a abrir con mayor prontitud. Los llamados de Boris Johnson no son mucho mejores. Los bares británicos están repletos de nuevo. Usar mascarillas no es común. Las pruebas continúan siendo costosas. Ninguno de los dos líderes puede resistir comerse el malvavisco en este momento. No sé si Trump y Johnson son incapaces de entender el concepto de las mejores prácticas, o si las están ignorando voluntariamente. El resultado es igualmente malo.
EEUU y el Reino Unido están abandonando los hábitos que alguna vez los hicieron envidiables. El principal de ellos era el sentido común.