20 de marzo de 2012 15:06 hs

Paul ríe, John frunce el ceño. Paul le canta al ayer; John a la imaginación. Paul canta "podemos solucionarlo"; John, en la misma canción, dice "la vida es muy corta y no hay tiempo para discutir y pelear, mi amigo". John casi no conoció a su madre; Paul viene de un típico hogar de clase media. Eran los dos de Liverpool, eran amigos. Pero eran diferentes. A John le interesaba el surrealismo y la psicodelia; a Paul los pastelitos de miel. Los dos tocaban muy bien el piano: pero mientras uno componía "Obla di Obla da", el otro aullaba "Instant Karma".

Paul es Sir Paul; Lennon devolvió la condecoración de una reina que descreía. Paul le cantó; John al "hombre de ningún lado". Lennon era un alma herida sin cicatrizar. En la , cumbre del apogeo beatlemaníaco, John escribió canciones tituladas "Ayuda" y "Soy un perdedor"; Paul componía canciones tituladas "Conduce mi auto" y "La noche anterior".

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Darnauchans dijo que Lennon valía por sus letras. No estoy de acuerdo: las letras de John han sido sobrevaloradas. Es la pulsión nasal de su voz y la sucesión de los acordes de su cabeza la que vale.

La cara con botox de Paul sigue llena de sonrisas. Paul sigue vivo y físicamente va a estar en el Centenario. Pero John también sigue vivo, de otra manera, más mágica quizás: cuando nos eriza tanto su voz atronadora en alguno de sus rock&roles o con toques de brillantez en alguna de sus baladas.

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