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El año político en Sudamérica: el retorno de Evo y Chile contra la huella de Pinochet

Elecciones, protestas y presidentes destituidos: en el año de la pandemia, la política no paró.

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01 de enero de 2021 a las 05:01

La pandemia no confinó —no del todo, al menos— la agenda política en las naciones de Sudamérica.

Aún con restricciones a la movilización y las concentraciones públicas, media docena de países realizaron elecciones: legislativas en los casos de Perú (26 de enero) y de Venezuela (6 de diciembre); departamentales y municipales en Uruguay (27 de setiembre) y en Brasil (con doble vueta 15 y 29 de noviembre); presidenciales en Bolivia (18 de octubre) y el referéndum en Chile para el cambio constitucional celebrado el 25 de octubre.

Paraguay, sin embargo, pospuso por un año la realización de las elecciones internas de los partidos y las municipales en consideración a los "riesgos al derecho a la vida y a la salud".

Tras un 2019 de agrios conflictos sociales y políticos en Chile, Ecuador, Bolivia y Perú, y de menor intensidad en Colombia aunque se extendieron hasta entrado el 2020, la protesta amainó, aunque no desapareció, este año con la mezcla del efecto de la pandemia y la realización de esos procesos electorales que, en los casos de Chile y Bolivia, permitieron abrir la vía del cambio constitucional en uno y la elección de un nuevo gobierno en el otro tras la polémica salida de Evo Morales del poder.

La inestabilidad siguió marcando la vida política peruana con la "defenestración" por el Congreso del presidente Martín Vizcarra y de su sucesor, Manuel Merino, en una semana trepidante, del 9 al 17 de noviembre, en la que el país tuvo tres mandatarios. El último, el académico Francisco Sagasti, tiene la misión de conducir al país hasta las elecciones generales fijadas para el 11 de abril próximo.

El peronismo volvió al poder en Argentina -el gobierno de Alberto Fernández había asumido el 10 de diciembre de 2019-; en Colombia el "uribismo", la fuerza política en torno a la figura de Álvaro Uribe, el gran "caudillo" de lo que va de siglo, muestra signos de desgaste ante el empuje de una clase media urbana amamantada durante los últimos 15 años y la honda y documentada tragedia venezolana cruza la región tanto en los debates políticos como en las caminatas de ida y vuelta de sus migrantes.

¿Manda Alberto Fernández en Argentina, tras la larga sombra de la vicepresidenta Cristina Ferndández de Kirchner? ¿Lo hace Iván Duque en Colombia, llevado al poder por ese ímpetu que ha sido Uribe? ¿Logrará marcar su ruta propia Luis Arce ante la presencia avasallante de Evo Morales al frente del Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de gobierno que el líder cocalero controla desde fines del siglo XX? ¿Volverá Rafael Correa al mando en Ecuador de la mano del candidato Andrés Arauz, un muy joven exministro de su administración, aún cuando se haya imposibilitado su candidatura a la vicepresidencia?

Una constante en el panorama político sudamericano, el más cercano, es la presencia de esas fuerzas poderosas, y personales, aferradas al poder directa o indirectamente.

Bolivia: "tecnocracia" y revolución

Luis Arce Catacora, de 57 años, fue el jefe del programa económico boliviano durante los mandatos de Evo Morales (2006-2019), responsable de su "éxito" y señalado como el delfín electoral del histórico líder impedido de participar en las elecciones celebradas el 18 de octubre pasado. Arce logró una contundente victoria de 55% que hizo innecesaria una segunda vuelta.

El periodista Fernando Molina, colaborador habitual de El País de Madrid, apunta en un texto para la revista Nueva Sociedad que el delfín Arce ha dado un giro a su incipiente gobierno en relación a los períodos iniciales de Morales en la presidencia boliviana.

Con un discurso de "renovación dentro del proceso de cambio", Arce ha dado un perfil más técnico a su gobierno, en particular en el área económica. 

"Los funcionarios que ocupaban la 'segunda línea' durante la administración del MAS han dado un paso adelante y ahora son los mandamases del Estado", escribe Molina.

La idea es impedir que el entorno del exmandatario ocupe los principales cargos por lo que ya se han expresado quejas, que aventuran en los meses que vienen áreas de fricciones.

"El resultado neto ha sido un gobierno con cierta inclinación tecnocrática; una orientación que nadie hubiera relacionado con el MAS de los años 'heroicos', esos en los que surgió del campo, avanzó lentamente sobre las ciudades y, ganando elecciones, forjó su dominio sobre la política nacional", señala el texto.

Molina indica que entre Evo y Lucho, como llaman al nuevo mandatario, hay una división de funciones: uno a cargo del Estado y sus recursos, el otro de la fuerza parlamentaria que es mayoría en las dos cámaras y de la jefatura del partido.

"Se trata de dos libretos distintos, pero relacionados entre sí, por lo que nada garantiza que no se vayan a dar choques en el futuro. Algunos roces ya se han producido en este corto mes a cargo del poder ejecutivo", agrega y refiere entre esos "roces" no mencionar a Morales en su discurso de posesión ni asistir a los actos por la vuelta del líder exiliado en Argentina.

La dirección de la campaña para las elecciones departamentales, regionales y municipales de marzo concentran, por ahora, toda la atención de Morales.

Chile: ¿incertidumbre controlada?

Señalado como una democracia sólida y alabado con frecuencia por su desempeño económico, Chile regresó de sopetón a la órbita latinoamericana con la iracunda explosión social desatada después de un mínimo aumento de la tarifa del metro de Santiago de Chile. La sociedad "modélica" era según los miles de manifestantes, y numerosos analistas,  profundamente desigual.

Con la popularidad de Sebastián Piñera por los suelos, la pandemia, vaya ironía, vino en su rescate, al apaciguar la protesta y gestionar con éxito el primer embate de la crisis sanitaria.

La presión de la calle llevó finalmente a la realización del plebiscito sobre el cambio constitucional, un texto heredado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), germen del encono.

El resultado fue claramente a favor del cambio con 77% de votos y 78% para la opción de convocar una Convención Constitucional elegida 100% por la ciudadanía.

En abril se elegirán los 155 miembros de la Convención y Chile comenzará de inmediato a debatir un nuevo texto constitucional en un ambiente de incertidumbre, marcado tanto por la evidente crisis de los partidos políticos como por el resultado de otros procesos constitucionales en la región que no resolvieron la inestabilidad y la debilidad institucional de esos países.

Pero se insiste en que Chile tiene normados los procesos que siguen a la elección de la Convención Constitucional hasta la votación, otra vez en plebiscito en el año 2022, del nuevo andamiaje constitucional. Antes, en 2021, los chilenos elegirán al sucesor de Sebastián Piñera en el Palacio de La Moneda.

Perú: ocaso de una generación política

Cuando Francisco Sagasti asumió la presidencia de Péru el pasado 17 de noviembre puso el dedo en la llaga al hablar ante sus pares en el desacreditado Congreso. Sin contener una leve sonrisa irónica, les dijo que el parlamento tenía la tarea impostergable de atender los problemas del país, una buena parte de los cuales creados por ellos mismos.

Este año 2020 mostró en este largo país sudamericano a un Congreso desentendido del sentir de la población.

Carlos Alberto Adrianzén, sociólogo de la Universidad Católica de Perú, describe la variopinta coalición de intereses que marcan la política electoral en el país, en la que no hay ideologías, programas o proyectos a largo plazo. "No hay una elite política sino elencos que se alternan el poder sin consolidarse en el tiempo", expresa.

Ese "elenco" de parlamentarios fragmentado y sin respaldo popular acabó con el gobierno de Martín Vizcarra, quien mantuvo un tenso pulso con los diputados durante sus 32 meses de gobierno, y colocó en su lugar a Manuel Merino, a la sazón presidente del Congreso. Esto desató inmediatas protestas de una capa de la población muy joven, que es la primera generación que ha vivido bajo gobiernos democráticos.

Adrianzén habla del fracaso de una generación política y del fracaso de todas las reformas tras la conquista de la democracia luego de la caída de Alberto Fujimori en el año 2000.

La movilización y hartazgo de la ciudadanía parecen conducir también en Perú a un cambio constitucional, que va ganando respaldos cuando el país se prepara para celebrar en julio los 200 años de la independencia. 

Sagasti, que aporta un aire fresco a la política peruana, tendrá antes que conducir al país a las elecciones generales de abril.

Colombia: "Uribe es el pasado"

¿Es Colombia una de las naciones "más diferentes" de Sudamérica?

Una marcada por un conflicto armado de más de medio siglo pero que sin embargo cambió sus gobiernos de forma democrática e ininterrumpida desde 1958; una que no vivió la crisis de la deuda de los años 80 y ha mantenido una gestión económica sin sobresaltos con liberales y conservadores y, una, que es la más "dispuesta" a la política estadounidense en la región.

Esa Colombia vive en simultáneo un proceso de crecimiento de sus ciudades intermedias, con la explosión, al fin, de una clase media inquieta y urbana, junto con el liderazgo profundo y arraigado en una suerte de capitalismo agrario de Álvaro Uribe. Una Colombia que se moderniza aunque haya en su vida política la presencia de un "caudillo" de viejo cuño, sobre el cual cursan decenas de procesos judiciales de variada monta.

La prisión domiciliara de Uribe este año por uno de esos tantos expedientes abiertos puso en jaque a las instituciones de la justicia y funcionó como un intento de polarizar la política colombiana en torno a la figura del líder antioqueño, cuando, también en paralelo, el país vive el surgimiento de un centro político y la participación de las izquierdas, liberadas del peso "histórico" que supuso las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que por décadas determinaron su discurso político.

El editor de la web Razón Pública, Hernando Gómez Buendía, abogó en su momento porque se librara al procesado de la cárcel para que, a su vez, el país se libre de revivir la polarización ante un líder "cuya hora pasó en el momento mismo que dejaron de existir las FARC".

 

 

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