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Taxi Driver perdió en los Oscar de 1976 frente a Rocky

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El arte de perder y saber perdurar: 10 grandes películas a las que se le escapó el Oscar entre los dedos

La historia de los premios de la Academia está plagada de películas insignificantes que se llevaron el premio mayor y luego cayeron en el olvido, y de otras grandes obras que nunca alcanzaron la gloria

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27 de marzo de 2022 a las 05:05

El ciclo del Oscar está empapado de un exitismo patológico. Es un premio, su esencia implica que solo una opción sea la ganadora, así que tiene sentido: importan las películas que triunfan, los intérpretes que levantan las estatuilla, los directores que se consagran con el galardón. Bien, eso no podemos discutirlo. Lo que sí podemos decir, a modo de introducción, es que de 571 películas que estuvieron nominadas al premio mayor en toda la historia, solo 93 se lo llevaron. Una por cada ceremonia, lógicamente. Eso implica que 478 se fueron de la noche dorada con las ilusiones rotas y el discurso arrugado y bien guardadito en el bolsillo. Los días siguientes a esa derrota deben haber sido diferentes para cada crew, pero de seguro la amargura o la sensación de que “en una de esas tocaba” fue general. 

Pero no importa. No demasiado. Porque ganar el Oscar no es sinónimo de inmortalidad. Lo venden así, pero no es una garantía irrebatible. Son muchísimas las películas que estuvieron en la conversación cada año, que por H o por B no lograron quedarse con la estatuilla, y que aun así se consolidaron como mojones de su década o, incluso, de todo el cine. Perdedoras más memorables e icónicas que las tibias películas que se elevaron por un instante con el premio, y que después se apagaron y se difuminaron en el tiempo.

En vísperas de una nueva ceremonia –la 94° se celebra este domingo 27 de marzo–, en donde todo apunta a que el premio se lo disputarán El poder del perro y CODA, vaya este repaso/homenaje para 10 películas que no ganaron el Oscar, pero sí nuestro corazón.

El ciudadano (1941)

Considerada hoy como una de las mejores películas de la historia –muchos reafirman que es la mejor– y un clásico totémico de era de los estudios en Hollywood, la ópera prima de Orson Welles se llevó un premio a mejor guion en la ceremonia de ese año, pero no tuvo suerte en la categoría mayor, en la que triunfó ¡Qué verde era mi valle!, de John Ford, que, por otro lado, también es una gran película. El tiempo puso las cosas en su lugar y hoy aquella derrota no le hace mella al legado de Welles, ni tampoco al relato de la historia de Charles Foster Kane, que permanece como uno de los más relevantes y disruptivos de todos.

Anatomía de un asesinato (1959)

Ben-Hur fue una topadora que en la edición número 32 de los Oscar batió récords que permanecieron intocables durante varias décadas: se llevó 11 premios. Además de tener el presupuesto más grande a la fecha, la épica cinta de William Wyler contaba además con el beneplácito que tenían por aquella época las superproducciones péplum, o de “sandalias y espadas”, así que poco tenía para hacer Otto Preminguer y su Anatomía de un asesinato, que competía en la categoría de Mejor película. A pesar de la derrota aplastante, la vitalidad y el legado que tiene la producción en la que James Stewart interpreta a un abogado encargado de esclarecer un asesinato dudoso es mucho más notoria que la del héroe de Charlton Heston, que quedó relegada a ser uno de los principales exponentes de una época de Hollywood que murió enterrada bajo su propio peso. 

Dr. Strangelove (1964)

Hollywood transita su historia entre etapas y obsesiones que cambian a medida que las sociedades también se actualizan. Por eso, si en el caso anterior hablábamos de una época dominada por el cine de sandalias, ahora pasamos al reino del musical. Y es que durante algún tiempo no se podía hacer nada contra una película de este género, y eso mismo debe de haber pensado Stanley Kubrick cuando su sátira bélica de la Guerra Fría, Dr. Strangelove, quedó relegada bajo los encantos de Mi bella dama, de George Cukor. ¿Debió ser al revés? Quizás la respuesta pueda ser otra pregunta: ¿cuántas veces hablamos hoy de la cinta de Kubrick, cuántas veces la referenciamos o evocamos, y cuánto lo hacemos con la de Cukor? Es fácil.

La última película (1971)

Cuando el movimiento del Nuevo Hollywood destronó al sistema de estudios, también se quedó con una de sus joyas más preciadas: los premios de la Academia. Ya en 1967, Bonnie y Clyde y El graduado se colaban en la conversación mayor, en 1969 Perdidos en la noche se quedaba con el premio gordo y a partir de 1971 empezaban los problemas: había mucha cosa buena para elegir. Ese año el galardón más importante se lo llevó Contacto en Francia, el relato de William Friedkin sobre la lucha contra el imperio del narco en las calles de Nueva York, pero también podría haber ido a Kubrick por La naranja mecánica, y especialmente para Peter Bogdanovich y La última película, una melancólica carta de amor al interior profundo de su país, a los fantasmas del cine y a la adolescencia en los 1950. No pudo ser, pero el tiempo fue bueno con ella: es un clásico y emociona hasta las lágrimas aún hoy, en 2022.

Taxi Driver (1976)

Hay que dejarlo claro: Rocky no se merece que se desestime su victoria en los Oscar de 1976. Fue una película hecha a pulmón, por un tipo que salió de la nada, que tuvo un sueño, lo cumplió y se consagró. Y que encima se convirtió en una leyenda. Fue, casi, la historia de la película hecha realidad. Pero lo cierto es que del otro lado estaba Taxi Driver, quizás la mejor película de Martin Scorsese, quizás una de las historias más gravitantes e influyentes de la historia, posiblemente una de las radiografías de la violencia más descarnadas y eficaces del cine. No podemos decir que Taxi Driver perdió mal, pero en definitiva pasó. Fue también la primera de muchas veces que Scorsese vio cómo alguien más subía a buscar un premio que podría haber tenido su nombre. Más allá de que luego se lo remedió, digamos que en 1976 cayó en el ring equivocado, con el contrincante equivocado. Al paso triunfal de Rocky, dentro y fuera de la sala, nadie lo podía parar, ni siquiera el taxi, las balas y el mohawk de Travis Bickle.

Apocalypse Now (1979)

La epopeya de Francis Ford Coppola sobre la guerra de Vietnam fue tan gigantesca que casi se lo lleva puesto. El rodaje en Filipinas fue demencial, uno de los más infernales de la historia, y es probable que para cuando llegó el momento de las nominaciones al Oscar todos estuvieran demasiados exhaustos como para darse cuenta de que, de la nada y con mucha menos pirotecnia, una película sobre el divorcio se abría paso hasta el premio mayor. Kramer vs Kramer lo hizo y le arrebató el Oscar a la adaptación de El corazón de las tinieblas, una producción tan grande que sus ecos destructivos inundan, todavía, cada historia en que la locura de la guerra y la exploración de territorios desconocidos son abordados. No deberíamos hablar, tal vez, de una injusticia, dado que Kramer vs Kramer es también una gran película, pero Apocalypse Now es única. Es una explosión nuclear de cine y su onda expansiva alcanza hasta nuestros días. Merecía algo más.

Fargo (1996)

Aunque con el tiempo tuvieron revancha cuando Sin lugar para los débiles se impuso como la mejor película del 2007 –en un año en el que, entre otras, también competía Petróleo sangriento, de Paul Thomas Anderson–, los hermanos Coen debutaron en la ceremonia con un golpe duro: en 1996, Fargo perdió frente a El paciente inglés, de Anthony Minghella. De todos modos, el humor negro y la nieve manchada de sangre de esta película alcanzó a llevarse el premio a Mejor guion original –y Frances McDormand se llevó el de Mejor actriz por un papel memorable–, y al final terminó siendo uno de los mojones de la década de 1990 y un ejemplo paradigmático del talento de los dos hermanos.

Rescatando al soldado Ryan (1998)

Cuando los espectadores entraban a ver Rescatando al soldado Ryan, Steven Spielberg los recibía con una de las mejores secuencias de batalla jamás filmadas y los dejaba knock-out. El impacto que genera ver por primera vez la puesta en escena del desembarco de Normandía es tan fuerte que luego, cuando el enfrentamiento cesa, a la película le cuesta recuperar la fuerza. De todos modos, la cinta bélica del Rey Midas de Hollywood es uno de los puntos altos de su carrera, una obra contundente y, sí, un poco patriótica de más, que queda fijada en la memoria de quien se expone a ella. Pero aunque todo parecía jugar a su favor, las influencias que Harvey Weinstein tenía sobre los votantes de la Academia en esa época hicieron que el premio fuera para Shakespeare apasionado, una película con algunos méritos que, sin embargo, no tiene punto de comparación con el despliegue cinematográfico que encabezan Tom Hanks y su tropa. 

Red social (2010)

Se estrenó en 2010 y está cada vez más vigente. La película que nos advirtió la clase de persona que anidaba en Mark Zuckerberg, y la que nos avisó de que los coletazos de Facebook podían ir más allá del simple me gusta, debió contentarse con un premio al mejor guion adaptado y ver como todos los aplausos se iban a El discurso del rey, de Tom Hooper. El tiempo hizo y hará su trabajo: Red social escala lugares en la filmografía de David Fincher con cada revisión, y fueron muchos los que la consideraron una de las mejores producciones de la década. El discurso del rey, en tanto, aparece de vez en cuando en el cable. Muy de vez en cuando. 

La la Land (2016)

¿Luz de luna se merecía ese Oscar del 2016? ¿Debía ir para La La Land? ¿Cuál era la mejor película? ¿La equivocación a la hora de decir el ganador fue culpa de Warren Beatty? ¿De Faye Dunaway? ¿Los empleados de Prince Waterhouse Cooper que mezclaron los sobres siguen sin trabajo? Son muchas preguntas, pocas certezas y un hecho: dijeron que había ganado La la Land, pero en realidad no. Y si se repasa una lista de los grandes perdedores del Oscar, no se puede dejar pasar por alto los rostros de sorpresa y decepción de esa noche. Y el festejo retrasado de la gente de Luz de luna. Al final, queda la anécdota y algo que está claro: quien escribe ya borró de su mente la película de Barry Jenkis. En cambio, sigue cantando las canciones del musical de Damien Chazelle y, a veces, ve escenas sueltas en Youtube. ¿Eso dice algo? No sé. La historia juzgará.

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