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28 de junio 2023 - 19:29hs

Pese a que California es el Estado con la legislación ambiental más estricta de los Estados Unidos, el aumento de las temperaturas conlleva a un incremento notable de las superficies incendiadas.

Las autoridades californianas miden las áreas que sufren fuegos y en el último medio siglo, el promedio anual de superficies quemadas entre 1971 y 1995 fue de 361 kilómetros cuadrados, mientras que desde 1996 hasta la fecha, ese promedio se multiplicó por cinco y anualmente se registran 1.710 kilómetros cuadrados de zonas rurales incendiadas.

La explicación es que el cambio climático tiene una durísima expresión en la generación de gases de efecto invernadero y que, al menos en California, si sigue aumentando la temperatura, el crecimiento de las zonas incendiadas seguirá siendo exponencial.

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El verano boreal comenzó con notables aumentos de temperatura tanto en el norte de México, como en los Estados Unidos y en Canadá. En ese país, la ola de incendios forestales sigue provocando estragos. Y va acompañada de sequías, así como de vientos que agitan el recorrido de las llamas y aumentan las áreas quemadas.

Hace pocos días, en una rueda de prensa brindada en Ottawa, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, catalogó esta ola como “sin precedentes” para estos meses del año. En lo que va de 2023, más de 3,3 millones de hectáreas ardieron en el país. Trudeau también señaló que, de acuerdo con las proyecciones, el escenario podría agravarse “a lo largo del verano”, por lo que su gobierno prepara distintos planes de contingencia.

La provincia de Quebec registraba la semana anterior al inicio de la temporada de verano 154 incendios activos, con lo cual sumó 420 en lo que va de 2023. El promedio de la última década había sido de 199, menos de la mitad. Entre las consecuencias se registra un crecimiento proporcional de las personas evacuadas y de las pérdidas productivas en la agricultura y la ganadería, según las autoridades canadienses.

Este miércoles, según la agencia de noticias AFP, cientos de bomberos internacionales ayudaron a los canadienses a luchar contra incendios forestales sin precedentes y enfrentaron una tarea compleja en el corazón de la selva boreal, azotada por fuegos incontrolados.

El jefe de un equipo francés desplegado en Quebec, Eric Flores, dijo que nunca había visto algo parecido. Su equipo estaba ocupado en la limpieza de los escombros para evitar explosiones cuando de repente se vieron atrapados por un incendio que se desató 50 metros detrás de ellos en una zona verde de bosque.

“A medida que el fuego arde bajo tierra por las raíces, puede ir a lugares insospechados. Es muy impredecible y puede estallar muy rápidamente”, explicó en una entrevista telefónica desde la región de Abitibi-Temiscamingue, en el norte de Quebec. “Es un trabajo meticuloso, avanzamos metro a metro”, agregó.

“Es diferente a todo lo que estamos acostumbrados en Francia. Imaginen un muro de llamas de 100 metros de ancho, el doble de la altura de los árboles”, sostuvo Flores. Las llamas son, en promedio, 100 veces más grandes que las que su equipo está acostumbrado a combatir en Francia.

En el último medio siglo, el aumento del uso de combustibles provenientes de hidrocarburos impactó de lleno en los incendios de áreas rurales en todo el planeta. Así como en el inicio del verano del hemisferio norte los calores son extremos, a principios del invierno los fríos también lo fueron.

La Organización Meteorológica Mundial, a principios de enero de 2023, consignaba que ese mes “estaba siendo marcado por un enorme impacto de las temperaturas en distintas partes del mundo, incluyendo un frío peligroso y extremo en América del Norte, récord de calor e incendios en Australia, altas temperaturas y lluvias intensas en partes de América del Sur y grandes nevadas en los Alpes y el Himalaya”.

En algunos lugares de los Estados Unidos los fríos superaron marcas de años anteriores y se registraron temperaturas cercanas a los -50°C. En paralelo, en enero, en el sur de Australia los calores superaban los 49°C.

Las olas de calor de este verano boreal van acompañadas de lluvias más cambiantes, con una reducción media de las precipitaciones en unas zonas y un aumento en otras. En casi todo el planeta, ese aumento del calor lleva a un crecimiento de la desertificación.

Esto es patente en el norte de California y su Sierra Nevada. Sus resultados acaban de ser publicados el 12 de junio por la revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, que existe desde 1915 y saca informes semanales.

En ese informe, analizó la quema de bosques californianos en el último medio siglo. Un elemento primordial fue el aumento de la temperatura; otro, la alteración de los regímenes de lluvias, y otro fue la acumulación de gases de efecto invernadero con la emisión de gases de dióxido de carbono provocado por los combustibles fósiles.

El investigador John Abatzogloub, del Laboratorio de Climatología de la Universidad de California, citado por el diario español El País, dijo que “muchos de los mismos ingredientes que favorecen los incendios forestales en las partes boscosas de California son aplicables a otros países de clima mediterráneo”.

Abatzogloub advirtió que no sólo es una cuestión de estadísticas anuales. “No creo que los resultados numéricos se puedan aplicar directamente, ya que estas regiones tienen diferentes composiciones de vegetación, historial de perturbaciones y cambios en el uso de la tierra”. El avance de lo que se denomina “frontera agropecuaria” en desmedro de los bosques que actúan como pulmones del planeta agrega un elemento de impacto a este escenario.

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