6 de julio 2020 - 5:00hs

Mónica Berti salió de su casa a tirar la basura el 6 de diciembre de 2018 y nunca más se supo de ella. Tenía 45 años al momento de su desaparición. Ignacio Susaeta dijo que iba a la casa de un amigo, después pasaba a buscar a la novia y regresaba para el cumpleaños de su padre. Desde ese día, el 23 de enero de 2015, su familia lo espera. Tenía 23 años. Silvia Fregueiro fue vista por última vez el 23 de diciembre de 1994 cerca del Campus Municipal de Maldonado, caminando junto a un hombre. Su familia la sigue buscando 25 años después. La lista de personas ausentes en democracia es larga. Lourdes Aquino (2 de marzo de 2001, tenía 19 años), Richard "Cucho" Barreiro (14 de abril de 2011, con 19 años), Yanina Cuello (3 de diciembre de 2016, con 16 años), Berti, Susaeta y Fregueiro son solo algunos de los casi 400 desaparecidos en todo Uruguay.

El Departamento de Registro y Búsqueda de Personas Ausentes, que funciona en Interpol, es el encargado de investigar las desapariciones. Fue creado en 2004 y desde ese año recibió 20.397 denuncias, de las cuales el 98% fueron aclaradas.

Hay 387 uruguayos a los que todavía siguen buscando, 387 familias que siguen, a pesar de los años, haciendo manifestaciones, averiguando sobre las novedades del caso en los juzgados y utilizando las redes sociales para compartir la última imagen que tienen de esa persona. Muchos buscan una resolución, aunque signifique encontrar los restos. Otros se niegan a esa posibilidad y se aferran a que, tal vez, decidieron empezar una nueva vida en otro lugar.

Según el Registro de Personas Ausentes, 52% de las desapariciones son de hombres y 48% de mujeres.

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El año pasado comenzó a funcionar una base de datos de ADN de familiares de personas ausentes en el laboratorio de Registro Nacional de Huellas Genéticas de Policía Científica. De forma voluntaria, quienes tienen un familiar cuya ausencia data de más de tres meses pueden acercarse a Interpol para agendarse. En el laboratorio se extrae una muestra de saliva para crear el perfil genético, que se carga a la base de datos Codis (utilizada por el FBI) y se compara con los perfiles de restos humanos sin identificar.

Camilo dos Santos

Gracias a este registro, tres familias pudieron cerrar la historia y saber que los restos encontrados pertenecían a quienes buscaban, aunque no conozcan las circunstancias de la muerte. Otros 70 restos aguardan por el reconocimiento.

La última identificación ocurrió este viernes, con los restos que aparecieron en el barrio La Unión al lado de un contenedor de basura y en la cámara séptica de una casa abandonada. Eran de Mayra Acosta, quien se encontraba desaparecida desde diciembre del año pasado; su padre se registró en la base de familiares hace pocos días. 

La encargada del laboratorio, Natalia Sandberg, dijo a El Observador que este sistema es un avance porque cuando se encontraban restos que podían pertenecer a un ausente, el fiscal del caso solicitaba que se comparara con el ADN de un familiar. "Esto lo que permite es juntar a familiares de personas ausentes y compararlos con todos los restos óseos sin identificar", expresó.

Se pueden hacer, además, búsquedas de ausentes en el exterior en coordinación con Interpol. Sandberg señaló que se envían perfiles genéticos de familiares a otros países para comparar con personas que no recuerden su identidad, estén indocumentadas o fallecidas.

Cerrar la historia

Desde que comenzó a funcionar el registro 59 familias se acercaron a dejar su ADN; el caso más antiguo es una desaparición de hace 20 años. "No quita que no los puedas encontrar ahora, pueden aparecer a orillas de la playa y estar ausentes desde hace muchos años, por eso la importancia de tener una base de datos", explicó Sandberg. Los familiares que pueden dejar su ADN son padres e hijos.

Además, los familiares pueden llevar un objeto de la persona desaparecida, como un cepillo de dientes, una máquina de afeitar o ropa interior utilizada por el ausente, y que se haya mantenido resguardada de la humedad.

Sandberg dijo que a medida que más familiares se dispongan a dejar la muestra, más altas serán las probabilidades de que existan coincidencias con restos hallados, que continuamente aparecen en todo Uruguay.

Pero hacer este proceso implica aceptar que, de recibir noticias, no serán positivas, y en Policía Científica entienden que eso es una limitante para que los familiares se acerquen. "Venir acá es dar la posibilidad de que tu familiar tiene que estar muerto. Depende de cada uno dar ese paso, que podría permitir cerrar la historia", puntualizó.

La especialista destacó que esta base no se contrasta con la de personas procesadas e imputadas –que tiene 63.000 perfiles genéticos–, sino que se utiliza únicamente para la comparación cuando se encuentran huesos humanos.

Identificar un resto óseo humano es un proceso que puede llevar de semanas a meses. El laboratorio biológico tiene equipamiento de alta tecnología, e incluso se utilizan robots en varias partes de los procesos, pero gran parte del trabajo debe realizarse de forma manual. La jefa de este laboratorio, Ana María Pérez, comentó que el tiempo que se tarda en determinar el perfil genético depende de las condiciones en que se encuentran los huesos, y qué parte del cuerpo sea.

Camilo dos Santos

"El tiempo deteriora (los restos), lo inhiben las tierras ácidas o estar en el agua. Si es un ahogado se trabaja diferente a si es una persona que está semienterrada", explicó.

"La gente se impacienta, pero lleva tiempo. Intentamos lo antes posible sacar los resultados, pero si es muy añejo o si la persona tiene osteoporosis o alguna prótesis, es más complejo", añadió.

Muchas preguntas

Una persona es declarada ausente cuando desaparece de los lugares a los que concurre de forma habitual sin notificar su intención de hacerlo. Puede ser voluntario o no, y se analizan varias hipótesis, generalmente vinculadas a homicidios, trata de personas, suicidios, o menos trágicas como un cambio de vida. Los primeros meses, las familias suelen recibir información de supuestos lugares donde fue vista la persona, pero habitualmente no son datos ciertos.

El subdirector de Interpol en Uruguay, Atilio Rodríguez, descartó la noción extendida de esperar entre 24 y 48 horas para hacer la denuncia luego de la desaparición. "Debe hacerse de forma inmediata para que se hagan las primeras investigaciones del caso", sostuvo. Esas primeras horas son las más importantes para encontrar a la persona.

Rodríguez remarcó que "todos los casos que hay se siguen investigando" aunque transcurran años de la desaparición. El subdirector dijo que se coordinan reuniones con la familia y amigos, y trabajan con psicólogos para determinar "otros caminos que permitan ir hacia nuevas líneas de investigación" cuando se indaga en el entorno.

Sobre las principales dificultades en la búsqueda, el subdirector de Interpol explicó que muchas veces depende de la zona geográfica donde desapareció la persona. "Hay gente que se pierde en lugares de mucha vegetación o con agua, que dificulta un poco la ubicación por el terreno agreste", dijo. También puede suceder que se mude a una ciudad o a un pueblo donde no lo conozcan, lejano a los lugares donde solía moverse, y que se convierta en un vecino nuevo. Por esta razón, muchas familias buscan que las fotografías de los ausentes recorran todo el país.

Contingentes en el exterior

La ley 18.849 de 2011 y el decreto 138 de 2018 crearon el Registro Nacional de Huellas Genéticas y establecieron sus cometidos. Además de las bases de datos de imputados y del registro de familiares, incluye la incorporación de las huellas genéticas de contingentes del Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa en misiones de paz en el exterior, algo que comenzará a hacerse de ahora en más. El director de Policía Científica, José Azambuya, explicó que si sucede una catástrofe, podrá utilizarse ese base para identificar a los uruguayos.
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