Nogués, quien también es docente en la Facultad de Arquitectura desde 1986, explicó que las construcciones en barro captan público de tres segmentos: personas de clase baja, que recurren a esta modalidad de construcción porque es la forma más económica; quienes eligen a la tierra para su hogar porque apuestan por la naturaleza; y personas de clase alta, que la eligen para una segunda residencia.
Hay 12 tipos de técnicas diferentes en la construcción con tierra, pero en Uruguay suelen utilizarse tres: adobe, bloque de tierra comprimida y fajina. El adobe es tierra amasada con mucha paja de trigo secada al sol, definió Nogués. La fajina es el material de “los gauchos”, en el que también se utiliza madera; y los bloques de tierra comprimida son un material compacto a partir de tierra y arcilla.
La madera y los prejuicios
Que se pudre, que se quema, que se la comen los bichos. El mercado de la madera en Uruguay no está tan desarrollado y es un material de construcción estigmatizado. El presidente de la Asociación de Industriales de la Madera, Juan Pablo Martínez, enumeró estos prejuicios que considera que hay en el mercado y dijo que se lo continúa definiendo así pese a que hay pruebas “para demostrar que no solo es igual a otros materiales sino también mejor”.
La durabilidad de la madera está asociada al bueno uso que se le dé. “Si se arma mal, va a durar poco. Si se construye bien, va a durar por siempre”, explicó Martínez.
Ministerio de Vivienda
La construcción en madera es la “bandera” en el Ministerio de Vivienda
La madera es la bandera del gobierno para bajar los costos de la construcción, pero la ministra de Vivienda planteó como un desafío combatir esos estigmas que impiden que se haga popular: “Lo más difícil va a ser romper el prejuicio del uruguayo con respecto a la madera”, dijo Moreira en el programa Fácil desviarse, de FM Del Sol.
Para construir con madera hay diferentes técnicas, como los bloques de madera encastrada, que ya se utilizan en Maldonado y es una de las opciones que consideran en la cartera, o la madera laminada cruzada.
Moreira se reunió con la gremial en diciembre, en un encuentro en el que los empresarios le plantearon sus “objeciones” a la ministra y se encontraron con una respuesta positiva. “Empezamos a hablar de temas generales y nos encontramos con que estaba superinformada”, destacó Martínez a El Observador.
Una de las críticas que le plantearon estuvo relacionada con las normativas de los departamentos, porque cada intendencia tiene reglas distintas para la construcción con madera, y especialmente en Montevideo hay normas que son más exigentes, según Martínez. Cree las facilidades que dio Moreira para la construcción con sistemas alternativos son “un paso “, pero faltan “varios más”.
En algunos lugares del interior, como Tacuarembó y Rivera, las obras con madera están más desarrolladas. Las intendencias de estos departamentos buscan estimular este material porque tienen los árboles en su territorio, explicó Martínez.
Los montes plantados en Uruguay son un insumo clave para la materia prima de las construcciones que, para las autoridades, está desaprovechado. En total, hay 1,03 millones de hectáreas plantadas, según estadísticas del Ministerio de Ganadería.
Inés Guimaraens
La ministra de Vivienda, Irene Moreira
“Hay hectáreas y hectáreas de monte a lo largo y ancho del país y lamentablemente estamos entregando nuestros rolos sin ningún tipo de valor agregado”, criticó Moreira. Una de las opciones para la construcción de casas es el pino, el que la cartera pretende impulsar para las obras. Los inversores que plantaron pino no tienen otra opción que exportar esa madera en bruto (rolos o chips) y a precios muy bajos, porque la industria del aserrador en Uruguay es marginal y no puede absorber esa materia prima.
Para Moreira, la madera cumple con una triple función: la construcción de vivienda, el cuidado de la naturaleza porque “es amigable con el ambiente” y la generación de mano de obra. “Cumple esos tres caminos en la construcción de la vivienda en madera. Aparte de ser linda, ¿no?”, aseguró.
Abrir el abanico sin resentir la calidad
El Certificado de Ingreso al Registro (CIR) es el nuevo documento que deben tener las empresas que quieran construir con el Estado con sistemas alternativos, como la madera, los plásticos, el barro, el acero, el metal y los ladrillos ecológicos. Para acceder a la habilitación, deben tener dos años de experiencia en el sector privado.
Los sistemas plásticos implican que haya componentes de ese material en la construcción, que pueden ser producto de reciclaje de basura. “Hay mucha capacidad de conseguir algunos materiales reciclables”, explicó el presidente de la Agencia Nacional de Vivienda (ANV), Klaus Mill, a El Observador.
Los ladrillos ecológicos son los que no requieren cocción sino que son prensados. Las construcciones de acero –conocidas como de steel framing– utilizan un material liviano. El acero es la estructura de las obras, que luego son revestidas de madera o de yeso, explicó Mill.
Para que estos materiales sean habilitados, la cartera exige seguridad edilicia, estructural, climática contra incendios y otros requisitos de confort e higiene,para “garantizar una construcción digna”.
“Al habilitar una mayor cantidad de sistemas no se ve resentida la calidad de la vivienda. Lo que se quiere hacer es dinamizar la herramienta para tener más propuestas constructivas no tradicionales, tener un abanico más grande”, dijo Mill. Si el fabricante cumple con los requisitos, el Ministerio de Vivienda tiene un plazo de 90 días para entregar la certificación.
El MVOT otorgará dos tipos de certificados: el CIR 100 –para las empresas con menos experiencia–, que habilitará la construcción de 100 viviendas de forma simultánea por dos años, y el CIR 300, que permite construir 300 viviendas durante cuatro años.
El desafío sin concretarse
La construcción en barro es más barata porque disminuye los costos en comparación con los materiales tradicionales. Los aportes sociales que se realizan por los empleados que trabajan en las obras al Banco de Previsión Social (BPS) son más bajos, ejemplificó Nogués.
En la construcción tradicional se calcula que se deben pagar entre cinco y medio y seis jornales por trabajador, y para los trabajadores de tierra se pagan entre tres y medio y cuatro jornales por metro, estimó Nogués. “Lleva mucho menos de obra y por lo tanto menos aportes”, dijo el arquitecto.
En la conferencia de lanzamiento de su plan “revolucionario”, Moreira dijo que no habían recibido propuestas de empresas para construir con barro, pero mencionó este material como una posibilidad. Nogués está elaborando una proyecto para elevar a la cartera de vivienda con un prototipo.
Para los constructores en madera, el pago de jornales es un asunto que impacta de forma negativa en el precio de las obras. Los aportes “están pensados” para los sistemas tradicionales. “Lo que ganamos por el menor tiempo lo tenemos que pagar al BPS”, dijo Martínez.
El impacto en la baja de los precios de la madera se notará cuando “se aprenda a construir con este sistema”. “Cuando aumente el volumen, van a bajar los precios”, aseguró.
Gentileza Andrés Nogues
Parte interior de una casa de barro en La Juanita, Maldonado
El metro cuadrado en una vivienda económica con sistemas tradicionales tiene un valor de $ 51.997 (US$ 1.214), según el Índice de la Asociación de los Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (Appcu). En tanto, la vivienda confortable tiene un costo de $ 63.213 (US$ 1.475).
La apuesta del Ministerio de Vivienda es que el precio del metro cuadrado alcance un “máximo” de US$ 1.000 y, según sostuvo Moreira en el lanzamiento del plan, algunos sistemas alternativos “bajan ese valor”.
Sin embargo, al margen de las intenciones, el valor del metro cuadrado a través del programa Vivienda Promovida para construir el techo propio sigue estando por encima del doble.