Una masiva multitud de gente semidesnuda y sudorosa podría parecer el paraíso para los mosquitos que transmiten el zika. Pero nada, ni siquiera una emergencia sanitaria declarada a nivel internacional, puede detener el Carnaval de Río de Janeiro.
Este fin de semana de carnaval concentra a más de un millón de personas en el abarrotado centro de la ciudad, para la fiesta callejera del Cordao da Bola Preta.
Un agitado baile a ritmo de samba, que toca en vivo una banda desde lo alto de un camión que sirve de escenario, mueve en la calle a un caleidoscopio conformado por miles de piratas, vikingos, gatos, conejos, payasos, cavernícolas, faraones y mariposas, es mucha piel.
Pese a la preocupación internacional sobre la posible relación, aún no probada, entre el zika y el incremento de bebés con microcefalia –o la posibilidad de que la picadura provoque un trastorno neurológico poco frecuente y potencialmente mortal–, el temor parecía ser tan mínimo como la ropa. "No tengo miedo", dice Cristiane Ruiz, de 30 años, con pantalones cortos y la parte superior de un bikini que cubre muy poco. "No creo que una zona de la ciudad como esta sea buena para los mosquitos, porque no hay mucha vegetación", apunta, mientras observa a su alrededor los altos edificios y las palmeras.
El Carnaval de Río con el zumbido del mosquito del zika
Pese a la preocupación internacional, nada detiene la fiesta carioca