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El colombiano, otro modelo para combatir la violencia

En 2014 se creó un programa que apunta fuerte a los factores de prevención y que llegó a juntar a los líderes de las barras para detectar problemas en común    

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19 de mayo de 2019 a las 05:00

Dijo una vez Francisco “Pacho” Maturana: “En Colombia tenés que saber que no podés desligar al fútbol de su contexto social”. El exentrenador colombiano, cuenta en su hoja de servicio haber dirigido a los tres grandes del país: Atlético Nacional de Medellín, América de Cali y Millonarios de Bogotá, algo de lo más singular debido al fuerte enfrentamiento entre ciudades que existe en el fútbol colombiano. Diferencias territoriales, futboleras, geográficas, culturales, étnicas, se borran cuando juega la selección colombiana. Y en un país donde se ha vivido guerra interna durante tanto tiempo, encontrar elementos unificadores no es tarea sencilla. 

Con eso en mente, con el fútbol como herramienta, un puñado de personas se ha propuesto que sea el fútbol el motor de cambio, que si como dice Pacho, no se puede desligar la pelota del contexto social, sea el fútbol quién ayude al diálogo. En Colombia, un país con un largo historial de atentados y guerrillas, el combate a la violencia en los espectáculos deportivos no solo pasa por la represión.  

Cualquiera que esté al tanto del pasado reciente colombiano, o mire Netflix, sabrá que la década de 1990 fue caótica. A la guerrilla y los paramilitares que ya venían, se sumó una actividad desenfrenada del narcotráfico. A esa Colombia llegó el fenómeno de los barras bravas. Es a partir de la televisación de los clásicos argentinos y sus hinchadas que comienza un fenómeno llamado “barrismo”. Ya lo dice el sociólogo Pablo Alabarces: Argentina exportó el modelo de hinchada al resto de Sudamérica. 

La primera barra en fundarse llevó por nombre Los Saltarines de Santa Fe, asociada a Independiente de Santa Fe, en la ciudad de Bogotá. Es a principio del siglo XXI donde se comienzan a implementar programas sociales en los barrios, apuntando a la convivencia a través del fútbol. Primero fueron a nivel regional, hasta que el gobierno de Juan Manuel Santos recogió el guante, destinó US$ 1 millón a la creación de un Plan Decenal de Seguridad Comodidad y Convivencia en el Fútbol.

De nombre pomposo, la iniciativa no es otra cosa que un diálogo nacional para encontrar soluciones a la violencia en el deporte, un programa que vio la luz en 2014. 

Alejandro Villanueva, magíster en educación, fue el encargado de dirigir la parte técnica y académica del plan decenal. Villanueva explicó a Referí: “El convencimiento de la clase política colombiana, que es tan conservadora, represiva, violenta, tan goda, religiosa, tan centralistas desde Bogotá, se dio únicamente a partir de los argumentos reconocidos en el mundo de la academia y de la intelectualidad”.

“En el marco de un país que ha tenido distintos tipos de violencias no podríamos convertir el fútbol en una forma de violencia más”, dijo Villanueva que además de convencer políticos tuvo que hacer camino al andar en el campo académico. La formación de un campo académico no es tarea nada sencilla, y luego de 10 años de trabajo nace la cátedra de estudios sociales de fútbol en la Universidad Pedagógica Nacional. Desde allí provienen los estudios culturales dedicados al fútbol. 

No sorpende entonces que en el Plan Decenal se encuentren frases del estilo: “Que el fútbol sea la principal herramienta de generación de convivencia”, dicha por el ministro de interior de turno a la hora de presentarlo.  Iragorri Valenica, el ministro, explica al comienzo del documento que existen dos estrategias: “Una a corto plazo que se dirige al control y prevención de las manifestaciones violentas asociadas al fútbol mediante la consolidación de las medidas y acciones policiales. Y una estrategia a largo plazo constituida por acciones de formación en convivencia y Derechos Humanos, creación y ejecución de oportunidades de educación de trabajo y de aprovechamiento del tiempo libre por parte de los jóvenes y preparación en participación y apertura de los espacios de discusión para la incidencia de los jóvenes en las políticas públicas que les afectan”.

Durante la preparación de este plan, encontraron que cada vez que se hablaba de políticas contra la violencia en el fútbol, se limitaba a la seguridad y a los operativos de los partidos. Se dejaba de lado posibles soluciones de carácter preventivo. 

El diálogo nacional involucró a líderes de barras de toda Colombia. Diego González es uno de los referentes de la barra Albi-Roja Sur, como se llama ahora la barra del Independiente de Santa Fe. González contó a Referí cómo fue el proceso: “Las barras fuimos invitadas por regiones, convocados para construir algunos capítulos del plan decenal. Hablando con líderes de otras barras tratamos de identificar problemáticas comunes de todas las hinchadas, que trascendían al fútbol: la pobreza, la inasistencia en salud, la deserción escolar”.

“Fue un espacio para discutir las medidas represivas del gobierno, porque la primera mirada que se le da a este tema es como problema de seguridad”, explicó. 

Esa instancia de diálogo generó el grupo Barras Convivencia por Colombia que nuclea a 14 hinchadas diferentes.  

Del dicho al hecho

“El Plan decenal es la revista más cara que se ha escrito en Colombia”, así explicó González la falta de voluntad política para implementar las acciones que el plan describe.  
“Se gastó un millón de dólares en la creación del plan, pero no se volvió a gastar un peso en la implementación. Hemos tenido muchas investigaciones sociales y muchos fracasos políticos, ha sido realmente triste”, reafirmó Villanueva. 

Alirio Amaya, es especialista en pedagogia, Magister en Educación y fue el encargado de la construcción de los indicadores que aparecen en el plan. “Ha habido más voluntad de los gobiernos locales que del central. Lo que se ha logrado avanzar es gracias a las alcaldías. Las mismas barras han creado colectivos para entre ellos generar acciones que minimicen los enfrentamientos en los desplazamientos”, dijo con respecto a la implementación del plan. 

“En términos generales, los problemas dentro del estadio se han bajado drásticamente, no representan ni el 1% de los enfrentamientos. Los problemas ahora están en carreteras y barrios”, explicó Amaya. 

El espectáculo deportivo se mejoró, las instalaciones fueron actualizadas, se pensó en la comodidad de los asistentes. Pero la violencia no desaparece fácilmente, no se ve en los estadios, pero persiste, entre 2009 y 2018 hubo 112 muertes relacionadas al fútbol.  

El Plan Decenal funcionó como un gigantesco estudio para conocer la importancia del fútbol en la sociedad, y para dejar en claro que la violencia en el fútbol no se combate solamente los domingos en la cancha. 


 

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