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El coronavirus en la política

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20 de marzo de 2020 a las 05:00

Son muy visibles los efectos terroríficos del coronavirus en los sistemas de salud y en la economía del planeta. En un escenario dantesco que provoca angustia y dolor, como si fuera real el cuadro  El grito de Edvard Munch, hay un sector también muy golpeado, pero de menos visibilidad: líderes mundiales que ignoraron las advertencias de expertos acerca de que una enfermedad  letal como el covid-19, era una posibilidad latente desde la gripe española (1918-1920), manifestada en el brote del Ébola en África Occidental (2014-2016).

En julio de 2017, Stuart Reid, editor de la revista Foreign Affairs, una publicación de referencia en asuntos internacionales y política exterior de Estados Unidos (EEUU), le preguntó a Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sobre qué asunto le quitaba el sueño.

“Epidemias o pandemias”, respondió el médico etíope  y recordó los antecedentes de la gripe española y el brote de Ébola de hace unos cuatro años.

También el virólogo Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU, reconoció en una entrevista televisiva,  en octubre de 2018, que una eventual pandemia de la gripe es lo que lo “mantiene despierto por la noche”. 

Los gobernantes no son culpables de la irrupción del coronavirus, pero sí les cabe una buena parte de responsabilidad en su propagación por el mundo. La subestimación inicial –pensando que  era un virus confinado en China–, la falta de políticas sanitarias preventivas, sin coordinación entre países y fallas en la institucionalidad de la multilateralidad, explican la profundidad de la pandemia.

Las medidas de cierre de fronteras fueron extemporáneas ante una enfermedad virósica que ya circulaba puertas adentro de los países. 

El presidente estadounidense Donald Trump, el líder de la principal potencia del mundo, minimizó durante meses la propagación del coronavirus en EEUU.

El pasado 22 de enero, Trump hizo sus primeros comentarios públicos sobre el tema en una entrevista televisiva, un día después que se reportó el primer caso en EEUU. “¿Hay preocupación sobre una pandemia en este momento?”, le preguntó un periodista de CNBC, a lo que el mandatario estadounidense respondió muy tranquilamente: “No. De ningún modo. Y lo tenemos totalmente bajo control. Es una persona que viene de China, y lo tenemos bajo control. Va a estar bien”.

Hasta ayer se habían reportado más de 10.000 casos en EEUU.

Europa, por su lado, no exhibió una política común sobre un grave problema de todo el continente. La Europa sin fronteras comenzó a levantar muros por todas partes, pero cada país por su lado y solo después de que se hizo evidente el avance imparable del virus.

Los líderes mundiales tampoco analizaron conjuntamente la pandemia ni cedieron la derecha a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la principal organización multilateral en asuntos sanitarios.

Ni escucharon a Bill Gates que, en una conferencia TED de 2015, alertó al público de que probablemente sería un “virus muy infeccioso” el responsable de la muerte de más de 10 millones de personas en las próximas décadas. “No estamos preparados para la próxima epidemia”, advirtió.

El ataque mundial del coronavirus, solo cinco años después, es la prueba viviente de ello.

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