Se espera que este año termine con un crecimiento de entre 3,5% y 4%, muy similar al 3,9% registrado el año pasado. Sin embargo, los datos conocidos hasta ahora, que relevan los primeros nueve meses del año, muestran que esa expansión económica tiene una configuración muy distinta a la de 2012, con una marcada desaceleración del sector privado y el consumo de los hogares escondido detrás de un fuerte crecimiento de la producción energética.
En los tres primeros trimestres del año, la economía uruguaya acumuló un crecimiento de 4,4% respecto a igual período del año anterior. Sin embargo, si no fuera porque se duplicó el valor agregado por la generación energética –debido a mejores condiciones climáticas que el año pasado–, el crecimiento hubiera sido de 3,3%. Esa expansión muestra un fuerte freno en los sectores de actividad más relevantes, con la única excepción del agro, que pasó de enfrentar una caída de 1,3% el año pasado a un repunte de 5,3% este año.
La actividad industrial pasó de crecer a una tasa de 1,6% en todo 2012 a una más moderada de 0,7% en los primeros nueve meses de este año, mientras que el comercio frenó su expansión desde un crecimiento de 3,4% a uno de 2,5%, principalmente por un menor ritmo de consumo y un mayor desvío del gasto de los uruguayos hacia el exterior del país. En tanto, el inicio de la fase final en la construcción de la planta de Montes del Plata llevó al sector de la construcción a una caída de 2,1%, luego de haber crecido 18,7% el año pasado.
El sector privado se desaceleró y es de esperar que el próximo año ese freno se profundice. En el caso de los sectores que dependen fuertemente de factores doméstico, como el comercio y los servicios, el menor ritmo de crecimiento del salario real y el estancamiento en la creación de puestos de trabajo se encuentran detrás de la actual desaceleración.
En tanto, en aquellos sectores de actividad más vinculados con el sector externo, la menor expansión se explica por el desmejoramiento de las condiciones comerciales. A la falta de dinamismo en el mundo desarrollado se agregó este año una fuerte desaceleración en los países emergentes y, en particular, de los socios regionales del país, cuya demanda de productos locales dejó de ser un motor para la economía uruguaya.
El Uruguay encarecido
En un escenario de desaceleración, donde los principales motores del crecimiento perdieron dinamismo, los trabajadores uruguayos cerrarán el año de menor crecimiento de su poder de compra desde 2003, cuando el salario real registró una última contracción anual debido a la crisis. En los primeros 10 meses del año, el poder de compra de los trabajadores uruguayos creció 1,2%, menos de la mitad del promedio de 3,7% registrado para ese mismo período entre 2004 y 2012.
Otro cambio fundamental que trajo el último año fue el alto en la creación de puestos de trabajo, luego de un período de fuerte creación de empleo y caída de la desocupación, que junto al alza de salarios estimularon un crecimiento del consumo por encima de la actividad económica. Entre octubre de 2011 e igual mes de 2012, la economía uruguaya creó 65.400 puestos de trabajo, mientras que en los 12 meses finalizados en octubre de este año, se deshicieron 3.800 empleos.
Estos dos factores llevan a que el consumo privado pase de crecer a una tasa de 6,5% el año pasado a una más moderada de 5,3% en los primeros tres trimestres de este año y que se espere una mayor desaceleración de cara al próximo año. Es probable que ese crecimiento del consumo esté más sustentado en el crecimiento de 9,1% en términos reales del crédito al consumo, que en el aumento del ingreso de los hogares. De ser así, eso implicaría una reducción de la capacidad de consumo en el futuro cercano y, por lo tanto, perspectivas de mayor desaceleración para el año próximo.
La baja calidad en materia de recursos humanos, del escaso 6,2% de la población que busca sin éxito su incorporación al mercado laboral, sumado a los problemas en materia de inserción externa, las carencias de infraestructura y las perspectivas de desaceleración económica, representan un freno para la expansión de las empresas en el mercado local.
Los márgenes para nuevos ajustes salariales que vayan más allá del incremento de la productividad se encuentran en niveles mínimos. Eso fue recogido en la última ronda de negociación salarial colectiva, pero no es tan seguro que pueda sostenerse cuando el gobierno que asuma en 2015 convoque a una nueva ronda y deba enfrentar fuertes presiones por parte del movimiento sindical, que buscará recuperar un ritmo de ajustes que ya no se condice con la realidad económica del país.
El aumento de los salarios de los últimos dos años comenzó a pesar en 2013 sobre la economía uruguaya, encareciéndola. Los consumidores locales se enfrentan a una inflación de 8,9% –dato esperado para el cierre del año–, muy superior al actual rango meta de entre 4% y 6%. Pero también se encareció para el resto del mundo. La competitividad en precios de Uruguay se redujo fuertemente este año, en particular con Brasil, con el que se encuentra en niveles mínimos desde octubre de 2002, cuando Uruguay enfrentaba todavía los efectos de la devaluación brasileña de enero de 1999.
El encarecimiento del país es uno de los mayores problemas macroeconómicos que tendrán lugar en el próximo año, porque tiene efectos directos sobre la actividad –basta apreciar que en los primeros 11 meses del año, el poder de compra de los salarios argentinos en Uruguay se redujo 24% y eso ya está afectando el flujo turístico en la actual temporada–, al tiempo que induce a una primarización de las exportaciones de bienes, limitando la capacidad competitiva de los sectores de mayor valor agregado, como son la industria y los servicios. El encarecimiento de la economía uruguaya respecto a los países vecinos siempre termina pagándose con una reducción del empleo y con un menor nivel de crecimiento económico.
Cambio en los vientos
La última década de crecimiento ininterrumpido de la economía uruguaya se caracterizó por un escenario de aumento de los precios de las materias primas, un crecimiento generalizado de las economías emergentes y una abundancia de capitales, producto de la política monetaria expansiva de los países desarrollados.
Todos esos elementos comenzaron a ceder durante este año de transición. Las materias primas relevantes para la canasta exportadora uruguaya registraron un deterioro de 5,3% en el promedio de los primeros 10 meses del año, respecto a igual período de 2012, según el índice que elabora la Unidad de Análisis Económico de El Observador. Se trata del primer deterioro anual en el precio de los commodities que representan más de la mitad de la canasta exportadora de bienes.
Las últimas proyecciones muestran, de ahora en más, un revés lento pero sostenido de los precios de las materias primas relevantes para el país, con lo cual 2012 habría sido el punto más alto en este ciclo. Descontando el efecto de la inflación, se espera que los valores se estabilicen en el correr de los próximos años en niveles similares a los de 2009, cuando se consideraba que el país estaba en un escenario de precios altos desde el punto de vista histórico. Si bien eso no es una mala noticia, el precio de los productos que Uruguay exporta dejarán de ser un motor de crecimiento.
La reducción de los estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos será muy gradual, pero generará presiones al alza a nivel mundial en la cotización del dólar. Eso genera algunas amenazas para países como Uruguay. Si todas las monedas se deprecian frente al dólar, gana en términos de competitividad el país que logre una mayor depreciación. Es decir, quien logre abaratarse respecto al resto de los mercados.
El problema es que los altos niveles de inflación de Uruguay le ponen un límite a las posibilidades de depreciación de la moneda, porque un dólar más alto implica un precio mayor para los bienes y servicios importados y aquellos que compiten con el exterior. Si países como Brasil aprovechan los impulsos alcistas del tipo de cambio y estimulan esa suba, Uruguay no podrá acompañarlo y la competitividad en precios se verá aún más resentida.
De ese modo, las fuerzas que impulsaron en los últimos años un crecimiento económico por encima del potencial de la actividad uruguaya se verán diezmadas. Eso lleva al consenso de los analistas locales a estimar un crecimiento cercano a 3,2% para el próximo año.
Si bien la desaceleración económica traerá consigo una reducción de las presiones inflacionarias, una parte será compensada por la suba del dólar y eso llevará a otro año de inflación por encima del rango objetivo, aun cuando las autoridades resolvieron ensanchar la meta a partir de julio de 2014 a entre 3% y 7%.
La inflación alta y un tipo de cambio que difícilmente alcanzará a compensar la depreciación de los países vecinos, refuerzan el Uruguay caro, el principal problema a combatir por parte de las autoridades. De eso dependerá el precio qué tanto le dolerá al país en términos de empleo y rentabilidad empresarial.