Por Luis Eduardo Inzaurralde
Invitado a Budapest, Hungría
Otra vez el Duna Arena es, para entender a la distancia y en una disciplina que en Uruguay no convoca, como un partido de fútbol de la selección en el Estadio Centenario. Las 13.000 almas que colmaron la piscina de Budapest ayer, que recibió la tercera jornada de
natación de la 17ª edición del Mundial, hacen temblar las paredes con el "Ria, ria, Hungria", con la erre sonando con tono húngaro y tan suave como les resulta posible, mientras en la piscina Laszlo Cseh, en el andarivel 4, y Tamas Kenderesi, en el 6, se quedan con el segundo y tercer mejor tiempo para avanzar a la final de los 200 metros mariposa.
Como el lunes Katinka Hosszu, pero esta vez los hombres, hicieron poner de pie a esa inmensa estructura de cemento que se construyó entre 2015 y comienzos de este año, a orillas del Danubio, y que le regaló a la natación el mejor estadio de todos los que se hayan construido, a decir de las autoridades de FINA.
El Mundial de Natación de Hungría es para la Federación Internacional, una caja de sorpresas diarias. De impactos. Como por ejemplo la Cena de Gala en la Opera de Budapest del sábado, a la que asistieron más de 700 personas, incluido el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, a un espectáculo de lo mejor que puede ofrecer esta ciudad dentro de la ópera, con una magistral puesta en escena y que fue definido por el propio COI como el evento más impactante organizado en torno a una competencia deportiva.
En medio de ese fenómeno social que implica para una ciudad tan identificada con la natación y el waterpolo, por su riquísima historia, con el estadio de natación colmado cada día, también se pueden vivir historias capaces de enmudecer y emocionar.
Cseh y Kenderesi habían clasificado a la semifinal, el estadio se venía abajo, pero en las entrañas del Duna Arena, en la zona mixta reservada exclusivamente para atletas y periodistas de todo el mundo, se procesaba un momento histórico y cargado de las más puras emociones. China lloró, en un momento que hizo historia y reflejó un punto de quiebre en el rumbo que toma la natación que gira hacia oriente y abandona el control y dominio de Estados Unidos.
China lloró de la emoción que vivió una de las promesas de la natación de ese país y que surge con la frescura de sus 21 años que lo presentan como el aliado que tendrá el gigante Yang Sun, para extender el dominio asiático en las piletas del mundo. Ese control que por estos días tiene a China como líder del medallero y posicionado como para acabar en ese primer lugar y desbancar a Estados Unidos, en un acontecimiento que será histórico si se repite por segunda vez. Hasta 2013 era impensado imaginar a Estados Unidos fuera del primer lugar.
En ese camino regado en la preparación para los Juegos Olímpicos de 2008 y que por estos días cosecha lo más selecto de la natación, se engrandece la figura de Jiayu Xu, ese pequeño de 1,87 metros (al lado de los 2 metros de Sun), oriundo de Hangzhou y que aparece dispuesto a blindar la fortaleza de los éxitos del país asiático.
Solo 30 minutos antes, Xu había logrado su primera medalla de oro en un mundial absoluto, en 100 m espalda, después de la de plata que alcanzó en esa misma prueba en Río 2016, y con la presea dorada recorría el camino para volver a encontrarse con los integrantes de su delegación cuando se cruzó con Sun, el dueño de las pruebas de fondo de la natación y uno de los mejores nadadores chinos de la historia, que el lunes había abierto las finales de la tarde con una brillante consagración en los 200 m libres.
Ese abrazo de Xu y Sun, en la zona mixta, que se transformó en una emoción de lágrimas descontroladas para el más jóvenes, y de una algo más contenida para el experiente nadador, brindó la imagen más auténtica de lo que dejó la natación este martes en Budapest.
China sumó dos oros más a una cosecha que ya tiene 24 preseas en total (12 doradas), que supera a Rusia en cuatro oros y a Estados Unidos en seis, y que sin Phelps sufre para trepar en el medallero, y se apronta para cerrar Budapest 2017 en la cima de los ganadores.
Como en Kazan 2015, la armada que ahora ya no solo lidera Sun sino que también tiene a Xu, China va en busca de su segundo mundial en el tope del medallero. Y está cerca. Al menos demostró que tiene guerreros en el agua capaces de defender la gloria y demostrar que no solo ganan por los músculos y el entrenamiento, sino también por el corazón y la emoción representada en esas lágrimas y ese abrazo de los dos chinos que animaron lo mejor del martes en la piscina de Budapest, mientras el británico Adam Peaty batía dos veces el récord de 50 metros pecho el mismo día, de mañana bajando el registro de 26.42 a 26.10, y de tarde en semifinales a 25.95).