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El difícil y desafiante diálogo entre Estados Unidos y Rusia

En un análisis de dos expertos, Samuel Charap y Jeremy Shapiro, publicado en The New York Times, se desmenuzan las alternativas del conflicto en Ucrania y las posibilidades de aumentar la ayuda de la OTAN al gobierno de Volodomir Zelensky así como las posibilidades de diálogo entre Washington y Moscú

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04 de agosto de 2022 a las 05:00

Desde que Rusia invadió Ucrania, el pasado 24 de febrero, “Estados Unidos ha prometido ayuda militar a Ucrania por un valor de alrededor de US$ 24.000 millones. Esa cifra es más de cuatro veces el presupuesto de defensa de Ucrania para 2021. Los socios de Estados Unidos en Europa y más allá han prometido US$ 12.000 millones adicionales, según el Instituto Kiel para la Economía Mundial”, afirman Samuel Charap, politólogo sénior de RAND Corporation, y Jeremy Shapiro, director de investigación del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Sin embargo, afirman los autores, “esa suma de decenas de miles de millones de dólares no es suficiente para cumplir la lista de peticiones de Ucrania de armamento, que el gobierno del presidente Volodimir Zelensky anunció el mes pasado. Esta discrepancia entre lo que Ucrania quiere y lo que sus socios occidentales están dispuestos a dar, revela que los líderes occidentales están divididos entre dos alternativas. Por una parte están comprometidos a ayudar a Ucrania a defenderse de la agresión de Rusia, y, por otra, están tratando de evitar que el conflicto se convierta en una gran guerra de poder”.

Charap y Shapiro advierten que la escalada bélica ya comenzó “aunque incremental y hasta ahora contenida en Ucrania”. Respecto de los recursos entregados por los aliados a Kiev, dicen que “Occidente está proporcionando armas cada vez más poderosas” al tiempo que “Rusia está provocando más y más muerte y destrucción”.

Se da un escenario, aseguran, en el que “mientras Rusia y Occidente estén decididos a vencer al otro en Ucrania y estén preparados para destinar sus reservas de armas para lograrlo, una mayor escalada parece casi predestinada”.

Ante este aumento del conflicto previsto por los autores, “Estados Unidos y sus aliados deberían seguir suministrando a Ucrania con lo que necesita, pero también deberían, consultando a Kiev, comenzar a abrir canales de comunicación con Rusia”.

Al respecto, consideran que “un alto el fuego tendría que ser el objetivo, incluso cuando las vías para conseguirlo siguen siendo inciertas. Entablar conversaciones mientras la lucha continúa es políticamente arriesgado y requerirá esfuerzos diplomáticos importantes, particularmente con Ucrania, y el éxito no está garantizado”.

Pero, siguiendo con ese razonamiento, “el diálogo podría revelar un margen posible de negociación e identificar una salida de la espiral. De otro modo, esta guerra podría terminar por llevar a Rusia y la OTAN a un conflicto directo”.

Biden retuvo entrega de armamento

Charap y Shapiro aseguran que, en ese contexto, Joe Biden es muy cauteloso a la hora de enviar recursos a Kiev. La posición actual de Estados Unidos asume que “eso sucedería solo si los ucranianos reciben sistemas o capacidades específicas que crucen el límite marcado por Rusia. Por lo tanto, cuando hace poco el presidente Joe Biden anunció su decisión de otorgarle a Ucrania el lanzacohetes múltiple que Kiev decía que necesitaba con desesperación, retuvo de manera deliberada las municiones de mayor alcance que podrían impactar en Rusia”.

La premisa de la decisión fue que “Moscú escalará —esto es, que lanzará un ataque contra la OTAN— solo en caso de que se suministren ciertos tipos de armas o que se utilicen para atacar territorio ruso. La idea es tener cuidado de no llegar a ese punto mientras se les provee a los ucranianos lo que necesitan para ‘defender su territorio de los avances rusos’, como dijo Biden en un comunicado en junio”.

Respecto de la posición del Kremlin, los autores del artículo dicen que “está enfocado, precisamente, en avanzar por territorio ucraniano. El problema no es que suministrar a Ucrania de un tipo específico de armamento pueda causar una escalada, sino que, si el apoyo de Occidente a Ucrania logra detener el avance de Rusia, eso implicaría una derrota inaceptable para el Kremlin. Y una victoria rusa en el campo de batalla es, del mismo modo, inaceptable para Occidente”.

En la hipótesis de que Rusia siga adentrándose más en Ucrania, “es probable que los socios occidentales suministren aún más y mejores armas. Si esas armas provocan que Ucrania revierta los avances de Rusia, Moscú podría sentirse obligado a redoblar sus esfuerzos; y, si realmente está perdiendo, podría considerar iniciar ataques directos contra la OTAN”.

El diálogo

No hay un resultado que sea mutuamente aceptable para Estados Unidos y Rusia en este momento. “Pero las conversaciones –afirman- podrían ayudar a identificar lo que los bandos están dispuestos a negociar para encontrar una solución”.

La determinación tanto de Occidente como de Rusia “de hacer lo que sea necesario para prevalecer en Ucrania es la principal causa de la escalada. Los líderes occidentales deben comprender que el riesgo de un escalamiento es consecuencia de la completa incompatibilidad de sus objetivos con los del Kremlin”.

En la línea de los reiterados pedidos de Volodomir Zelensky de mayor caudal de envíos, sobre todo de artillería sofisticada, Charap y Shapiro creen que “calcular cuidadosamente el apoyo militar occidental a Ucrania puede ser sensato, pero probablemente no sea determinante. El impacto de esas armas en la guerra, que es casi imposible saber con antelación, es lo que importa”.

Suministrar las municiones de mayor alcance que Biden está reteniendo “no sería tan problemático como se temía. Pero incluso si ningún sistema de armas específico causará una escalada importante, es poco probable que solo agregar más y mejores armas resuelva el problema. Sin duda las armas occidentales han mantenido al ejército ucraniano en el campo de batalla, pero “los rusos han estado dispuestos a responder tanto con los recursos como con el nivel de destrucción necesarios para ganar o, al menos, no perder. Estamos presenciando una espiral clásica en la que ambas partes se sienten obligadas a hacer más tan pronto como la otra parte comienza a hacer algún avance. La mejor manera de evitar que esa dinámica se salga de control es empezar a hablar antes de que sea demasiado tarde”, finaliza el artículo de The New York Times.

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