No es sorprendente que Suzanne Collins, la autora del libro Los juegos del hambre, se haya inspirado para escribir su trilogía juvenil haciendo zapping entre imágenes de la guerra de Irak y las de un reality show. Tampoco lo es que la adaptación cinematográfica de la primera de las tres novelas de la saga, a manos del director Gary Ross, exhale un aroma a pastiche, tanto a nivel visual como narrativo.
El discreto encanto del pastiche
Los juegos del hambre, del director Gary Ross, provoca una fuerte sensación de deja vu, tanto a nivel visual como narrativo, y sin embargo eso no impide que sea una película eficaz, bien narrada y actuada