Hace unos 112 millones de años, después de toda una vida habiéndose librado de ser pisoteado por un dinosaurio, un escarabajo fue a morir atrapado en una simple gota de resina de un árbol. La muerte, previsiblemente agónica, ocurrió hace tanto tiempo que no existía nada parecido a un ser humano, ni a un caballo, ni a un perro. Lo que hoy es la península Ibérica era una isla de clima tropical separada del resto del continente por un brazo de mar. Y, sin embargo, allí sigue el escarabajo, encerrado junto a un mosquito chupador de sangre de dinosaurio en el interior de una pepita de ámbar, de resina fosilizada, hallada en un yacimiento a caballo entre Burgos y Álava.
El escarabajo que pisaban los dinosaurios cuando España era una isla
El insecto, atrapado en resina hace 112 millones de años, apareció en un yacimiento burgalés convertido en un auténtico zoológico del Cretácico, con animales encerrados en jaulas de ámbar