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31 de agosto de 2011 11:18 hs

Por estos días Nacional vive uno de los mejores momentos de su historia, aunque muchos discrepen sobre esta posición porque consideran que el fútbol pasa exclusivamente por lo que sucede adentro de una cancha, y quieran señalar el quinquenio de la década de 1940 o los títulos de América y del mundo como los mojones del club. Hoy, después de la transferencia de Coates a Liverpool, considero que Nacional debe sentirse campeón del mundo porque su política deportiva dirigida desde el año 2000 por Daniel Enriquez da sus frutos.

Estos millones de dólares que ingresarán por la transferencia del jugador y de otros surgidos de la cantera le brindan a la institución la posibilidad de tener un blindaje para abordar los compromisos que arrastra desde hace años, transitar en los próximos tiempos sin sobresaltos económicos y proyectarse al futuro. Pero no deben detenerse en este logro, tienen que seguir pensando en los próximos 10 años sin apartarse del camino que tomaron en juveniles, con un modelo diferente al resto porque ya no solo se ocupan de las cuestiones deportivas sino de la formación integral de sus jugadores.

Aunque a muchos les cueste asumirlo, este éxito de Nacional es el resultado de la transformación institucional que sufrió el club después del quinquenio. Recuerdo como si fuera hoy aquella noche de 1997 en la que en el Estadio Centenario Nacional perdió toda posibilidad de acceder al título del Uruguayo y le dejó el camino despejado para que Peñarol llegara a su quinta conquista. En ese momento estaba encargado de cubrir la información de los tricolores en El Observador y en cierta forma veía y reflejaba en las páginas del diario desde el lugar que me tocaba ocupar como comunicador el dolor de los hinchas tricolores, el silencio del vestuario, los insultos de la tribuna, incluso las lágrimas y puntapiés que algunos de mis colegas le daban a la puerta del vestuario. Esas imágenes todavía las tengo grabadas en la retina como la representación de la más pura expresión de un club en ruinas. Pero también en ese momento descubrí el compromiso de algunos dirigentes para iniciar el cambio, y ahí en primera fila estaba Eduardo Ache, con el que luego tuve muchas diferencias por temas periodísticos.

El proceso fue lento, pero seguro. Iocco, Magurno, Muxí y Ache iniciaron aquella transformación que primero fue deportiva con la llegada de Hugo De León. Recuerdo que Ache insistía con la idea de que el club debía barrer para adentro y que empezaba una nueva época.

Luego, con Ache y Morgan Martínez, Nacional comenzó a recorrer la segunda etapa, la transformación institucional, que tenía varias bases. Por un lado el deportivo con Enriquez en formativas, como fue señalado –porque Enriquez y un montón de dirigentes anónimos conseguían dinero para pagar la merienda cuando no había dinero y a los técnicos de formativas le debían 16 meses de sueldo-, por otro las primeras señales de profesionalización de la administración y por otro el empuje de Morgan con la movida para rehabilitar el Parque Central. Con esas tres patas los albos iniciaron un cambio cultural que repercutió a todo nivel.

El que colocó la frutilla en la torta fue Alarcón con un estilo de conducción diferente. Le puso marketing al fútbol, profesionalizó la administración –y en este aspecto nadie mejor que él con la visión de empresario exitoso-, le dio otra orientación y lo llevó a este presente.

Hoy Nacional está al día, con dinero en el bolsillo y mucho más para cobrar por la venta de una docena de jugadores de las generaciones 1987 a 1990 del club que dejaron y dejarán a la institución más de US$ 22 millones que ya empezaron a percibir y que terminarán de cobrar en tres años.

Esto no se detiene y aquí está lo más importante, porque ahora empieza lo más difícil y para homenajear a todos lo que llevaron al club a este lugar, los dirigentes deben realizar una buena administración, ordenada, prolija, mejor que hasta el momento para que no se dispare el presupuesto ni dilapiden lo que tanto les costó conseguir.

Es muy cómodo ser dirigentes de Nacional por estos días, pero al mismo tiempo una gran responsabilidad: las decisiones que tomen ahora son las que le permitirá a Nacional en los próximos años volver a ser campeón de América con jugadores formados en la cantera y con una institución sólida, o terminar en ruinas y lamentar esta oportunidad perdida.

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