Los ambientalistas afirman que la mayoría de los incendios fueron provocados ilegalmente por especuladores de tierras y ganaderos que buscan expandir sus praderas en la Amazonia, los cuales se sentirían envalentonados por las críticas de Bolsonaro a las excesivas protecciones ambientales.
Bolsonaro ha negado que la irrupción de las llamas haya sido deliberada y repetidamente ha dicho, en particular a los países europeos, que no interfieran. También amenazó con rechazar la ayuda internacional, pese a que Brasil necesita los fondos y los equipos para combatir los incendios, y se enfrentó con el presidente francés Emmanuel Macron.
Una encuesta de opinión divulgada esta semana mostró que casi el 60% de los brasileños consideran que el gobierno de Bolsonaro ha hecho un trabajo muy bueno, bueno o normal, lo que indica que aún están dispuestos a darle al presidente el beneficio de la duda, dijo Leonardo Barreto, director de la consultora Capital Político en Brasilia.
“Irónicamente, esta crisis puede haber aumentado la popularidad de Bolsonaro debido a su nacionalismo basado en la amenaza de perder el control de la Amazonia ante los extranjeros”, dijo Welber Barral, un lobista y exsecretario de Comercio Exterior de Brasil.
Muchos brasileños, de todo el espectro político, creen que el Amazonas contiene riquezas incalculables en minerales que otros países codician, desde oro hasta niobio, un metal estratégico que se usa en los satélites.
La creencia, durante mucho tiempo una doctrina central de las fuerzas armadas de Brasil, alimenta la sospecha ante cualquier rol extranjero en la Amazonia, incluso de organizaciones no gubernamentales que trabajan para proteger el medioambiente y las tribus indígenas.
Sin embargo, Bolsonaro, un capitán en retiro del Ejército, fue criticado por congresistas locales, incluso por algunos aliados, por tardar mucho tiempo en combatir los incendios y perder tiempo en la disputa con Macron, quien lo acusó de mentir sobre la tasa de deforestación en el Amazonas.
“El gobierno ha retrasado la toma de decisiones importantes”, dijo Helder Barbalho, gobernador del estado de Pará, epicentro de los incendios más intensos y miembro del centrista Movimiento Democrático Brasileño.
El mayor problema que ha enfrentado Bolsonaro, quien tomó las riendas del país en enero, ha sido no poder lograr una recuperación sólida de la economía de Brasil, dijo Barbalho. Ahora, la crisis amazónica ha dañado la imagen de Brasil en el extranjero y eso podría rebotar en la economía, advirtió.
La mayor presión proviene de países europeos donde hay más sensibilidad ciudadana por los asuntos medioambientales.
Impacto económico
Alemania y Noruega suspendieron sus subsidios a un proyecto de conservación del Amazonas evaluado en US$ 1,2 mil millones.
Todavía no está dicha la última palabra sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea que Macron amenazó con frenar por la crisis en la Amazonia, aunque otras voces influyentes como la de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, dijeron que no están de acuerdo. Lo cierto es que todavía debe ser ratificado por un Parlamento Europeo que estará muy presionado por las influyentes ONG medioambientales.
Algunos países –el caso de Finlandia– ya han amenazado con sanciones a raíz de las políticas ambientales de Bolsonaro y los consumidores podrían boicotear la carne de res brasileña.
“Si los mercados internacionales se cierran para los productos agrícolas brasileños, estaremos en un escenario económico aún más serio”, sostuvo.
Si eso ocurre, comentó Barbalho, entonces se “ afectaría directamente a una de las principales bases electorales de Bolsonaro, si no la principal: la industria de los agronegocios, que lo ha respaldado desde el principio”.
La protesta mundial por los incendios en el Amazonas y las políticas ambientales de Bolsonaro también podrían comenzar a influir en los inversores.
En la primera fuerte reacción comercial, la empresa estadounidense matriz de las marcas de ropa y calzado Timberland, Vans y North Face dijo el jueves 29 que ya no comprará cuero de Brasil debido a las preocupaciones medioambientales.
Las empresas en Europa y en otros lugares podrían ser presionadas por sus accionistas para que dejen de invertir en regiones ambientalmente sensibles de Brasil y en sectores como la minería, según Barral.
Esto no ayudaría a las perspectivas de crecimiento de Brasil, que los economistas han reducido a solo 0,8% para este año.
Katia Abreu, una exministra de Agricultura del gobierno de Dilma Rousseff, ve el peligro de que países competidores en el sector agrícola se confabulen contra Brasil, utilizando el tema ambiental como pretexto.
Eso volvería a más brasileños contra Bolsonaro, dijo Abreu .
“Pero Bolsonaro no acepta consejos de nadie sobre cómo evitar las crisis”, según la exministra. “No escucha. Es impredecible”.
“No tienen nada que enseñar”
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dijo el viernes 30 que Europa “no tiene nada que enseñar” a su país sobre la preservación del medio ambiente.
“Europa, toda junta, no tiene nada para enseñarnos sobre preservación del medio ambiente”, soltó Bolsonaro a periodistas a la salida de su residencia oficial en Brasilia.
Bolsonaro acusó a Alemania y Francia de intentar “comprar” la soberanía de Brasil después de que el G7, bloque que reúne a las grandes potencias, ofreciera US$ 20 millones en ayuda para combatir el fuego y se negó a recibir la ayuda hasta que su par francés, Emmanuel Macron, retire comentarios vertidos días atrás sobre internacionalizar la protección de la Amazonia.
Más allá de la retórica, en medio de la creciente presión internacional, el mandatario emitió el jueves 29 un decreto para prohibir por 60 días las quemadas en todo Brasil para tratar de poner fin a los incendios en la Amazonia.
Miles de soldados y bomberos se han desplegado desde el fin de semana para combatir los incendios, junto con dos C-130 Hércules y otros aviones que arrojan agua sobre las áreas afectadas en el norte del país.
(Agencia Reuters y otros servicios internacionales)