El uruguayo es criado desde chico, bajo la consigna de que lo único que importa es ganar. No importa la magnitud del rival. Al contrario, cuanto más grande y poderoso sea, más se incrementa la obligación de ganarle. En Uruguay no se da lo que sucede en otros países donde miran con temor a brasileños y argentinos a la hora de jugar al fútbol. Acá sería una deshonra. El rival tiene que mirar con temor al uruguayo. Se lo dijeron una vez al recientemente fallecido Carcajada Correa cuando le dieron la camisa, porque era una camisa, de Uruguay. “Botija, cuando juegues contra Brasil vas a ver que los rivales no te miran a la cara, miran el escudo de la camiseta”.
El futuro vuelve a ser alentador
Uruguay perdió ante Brasil la chance de jugar la final del torneo a cinco minutos del final producto de una serie de distracciones en un tiro de esquina pero se lleva la recompensa de haber recuperado la identidad perdida