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El gesto del plantel de Boston: le dio US$ 150 al utilero para comprar regalos a su hijo

Debutó en Perú sin saber que iba a la altura, y del mareo que tenía no encontró las medias de la cábala de Berbia

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24 de julio de 2017 a las 05:00

Marcos había trabajado toda la noche como pizzero. Era una extra que le ayudaba a mantener la economía de la familia. Estaba durmiendo cuando le sonó el teléfono.
"¿Marquitos? Soy Gonzalo, ¿qué hacés? Escuchá, te animás a dar una mano en la utilería del Boston porque quedó una vacante ahí y no tenemos a nadie", le planteó su amigo Gonzalo Sierra.

El muchacho se metió en el baile. Faltaban 10 días para que Boston River viajara a Perú para jugar por la Copa Sudamericana y aquello era un loquero. De la nada, sin conocer el oficio, se encontró rodeado de un centenar de zapatos de fútbol: "Pah, esa fue de las cosas que más me costaron, identificar los zapatos. Todavía me falta, pero de a poco los voy reconociendo".

Empezó a marcarlos con los nombres o iniciales. Claro, lo que nunca imaginó Marcos era que iba a chocar con las mañas de los jugadores y se encontró con que algunos recibían un par de zapatos flamantes y los pintaban de negro. "Fratta es uno, me los pinta de negro", dijo Marcos Martínez, utilero de Boston River desde hace dos meses, a Referí.

El tiempo se consumió volando. El viaje a Perú estaba a la vuelta de la esquina. Para Marquitos sería su primera salida en avión.
Antes de armar todo le hicieron una recomendación: "No te vayas a olvidar de las medias del Gallego Berbia".

"En aquellos primeros días yo no sabía nada, entonces vinieron y me dijeron que las cosas de los goleros se armaban aparte porque ellos tienen más térmicas, medias, guantes. Y me avisaron: 'Llévale todo al Gallego'. Berbia tiene que tener las medias Joma. Juega siempre con esas medias pese a que el club se viste con otra marca. Donde no estén las medias Jomas fua... Nunca lo vi enojado, pero me dijeron 'llévale todo'", reveló Martínez.

El viaje a Perú constaba de dos partes. El primer tramo en barco a Buenos Aires. Y luego el avión a Huancayo para medirse contra Comerciantes Unidos. Antes de salir los jugadores empezaron a preguntar quiénes realizaban su primer viaje. Marcos levantó la mano. "Yo al lado tuyo no viajo, después empiezan a vomitar, me decían. Pero yo estaba tranquilo. Había varios que viajaban por primera vez".

Lo que no sabía Marcos era el lugar hacía dónde iba...
Antes de partir le llamó la atención que los dirigentes vinieran a hablar con él y le advirtieran: "Si te sentís mal no digas nada porque les afecta psicológicamente a los jugadores y si ven que alguien se empieza a sentir mal la pueden quedar".

El utilero del Boston no tenía ni idea de los síntomas que podía llegar a sentir cuando el avión descendería más arriba de lo normal hasta que empezó a andar por las calles de Huancayo a más de 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar.

"Llegamos al estadio, una entrada horrible, por lo que pude ver ahí Perú está peor que nosotros, las calles horribles. Estaba todo bien, pero con el paso de los minutos no sentía las piernas y parecía que estaba caminando en la luna. Tenía un mareo terrible", reveló Marcos. Fue a hablar con los dirigentes. "Entramos y le digo a Gonzalo: "Pah, Gonzalo tengo un mareo". Y me dice, 'por favor no digas nada en el vestuario'. Entramos a bajar las cosas y el mareo no se me iba con nada".

¿Y las medias del Gallego?

En medio de aquel entorno sumamente particular, llegó el momento de armar la ropa para que los jugadores salieran a la cancha. Y, de pronto, lo inesperado. ¡No aparecían las medias grises de Berbia!
"Y empezamos entre todos, con los jugadores, a buscar las medias grises del Gallego por todos lados. Y no las encontramos. Yo me quedé en el vestuario prendiendo velas para no perder", dice hoy superados los nervios de aquel momento.

Marcos recuerda que el entretiempo, en aquel camarín, vivió cosas increíbles. "Había jugadores que pidieron oxigeno, yo pensé que era un mito la altura. Joaquín Pereyra jugó todo el partido con dolor de cabeza, Flores y Cepellini se dieron oxígeno. Fue bravo. Muchos con dolor de cabeza. El médico a full".
Boston River empató 1-1 aquel partido. "Recién cuando terminó el partido las encontramos. Por suerte clasificaron", rememoró el utilero.

Lentamente Martínez se acostumbró al mundo de las cábalas. "Yo estaba llevando las remeras azules a los entrenamientos, perdimos dos partidos y contra El Tanque se las cambié. Les puse las verde, y ganaron. Entonces podrán imaginar que cambié definitivamente para las verdes. Hasta que pierdan van a ir con las verdes".

Olvidos y exigencias

El utilero de Boston River fue aprendiendo algunos secretos con la finalidad de cometer la menor cantidad de errores posibles. De cara a los partidos, como no dominaba bien a quién correspondían algunos zapatos, le pidió a los jugadores que pusieran sobre un banco de madera que hay afuera del vestuario los que iban a utilizar el fin de semana.

"Antes de los partidos ya saben que me tienen que dejar los zapatos ahí afuera. Los lavo y los meto en la bolsa. Si uno, distraído, se bañó y se fue sin dejarme los zapatos afuera, marchó. Pero resulta que en el partido contra Defensor no aparecieron los zapatos de Ceppelini. Le pregunté si los había dejado afuera y me dijo que sí. Y le dije: 'Me parece que no porque sino estarían dentro de la bolsa'. Por suerte los pudimos mandar a buscar".

Pero no fue el único olvido. "Ese día también me olvidé de los zapatos de Joaquín Pereyra. Y de Fratta llevé unos, pero quería otros. Entonces prefiero llevarles todos los zapatos".

Marcos dice que "otra cosa que cambiamos es ir dos horas antes a las canchas porque antes iban sobre la hora. A las 11.30 tengo que estar saliendo de acá para que, a las 13.30 que llegan los jugadores, esté todo pronto".

A nivel de exigencias "me dijeron 'vos no te vayas a olvidar nunca de la camiseta de Scotti o la del Gallego (Berbia), el Hormiga (Carlos Valdez), de Pablo (Álvarez), y (Robert) Flores porque ellos juegan siempre con el mismo número de camiseta'. El otro día, contra Fénix, faltaba el short 22 que es de De Ávila. Y le di la 15 de Pintos que no estaba citado".

Marcos revela que "Scotti, Flores, Pablo Álvarez, Mauro Vila, son de los más prolijos. Joaquín Pereyra deja todo en su canastito. Ellos tienen multas. Todas por plata".

Y pasa a detallar las exigencias del técnico Alejandro Apud con quien anda a los saltos.
"Como no concentran van dos horas antes al partido. Si el técnico dice de 13.30 a 13.40 en esos 10 minutos tienen que estar todos los reservados en el vestuario. Y mirá que están mirando el reloj. El que llega 13.41, multa de $ 200. En Perú, varios se comieron multas por llegar tarde a cenar o almorzar".
A la hora de hablar del entrenador dice entre risas: "El Turco nos caga a gritos a todos. Es exigente a morir en todo. Acá no llega ninguno tarde y cuando toca el silbato el Turco salen todos de vuelo. Si yo me quedo acá haciendo otra cosa, empieza a los gritos desde la cancha para que vaya a alcanzarle las pelotas. 'Llamame a Marcos ahí, que venga a dar una mano acá'. Yo trato de dejar todo medio pronto en la utilería porque después vienen y es un terremoto".

En eso entra el técnico Apud a la utilería, le deja la ropa y le tira una broma a Marcos: "Lo tengo cortito y más sabiendo que es hincha de Danubio", dice entre risas. Pasa el profe y la manda saludos a su hijo. Esto da paso a una parte de su historia de vida. "Mi hijo (Alan) es hemofílico, no se puede golpear. Los días que me voy, queda acá en mi lugar. Tiene 17 años. Pero no puede estar 8 o 10 horas parado porque le empiezan a doler las articulaciones y puede empezar con el sangrado. Los jugadores saben de la enfermedad y nos ayudan".

Historias y anécdotas

Gesto

"Cuando fuimos a Perú, en pleno vuelo, en el avión vino el Gallego y me dio US$ 150 y me dice: 'Esto es del plantel para vos'. Y yo le dije: 'Pero yo no estaba en la clasificación'. Era el premio por clasificar y ellos le dieron plata a todos los colaboradores, incluso al canchero. De ir sin un mango a tener US$ 150 . Fui sin un mango y ahora a Paraguay fui sin un mango; no tengo otro trabajo, no me da para pagar las cuentas. Si ellos no me daban plata, yo no le podía traer nada a mi hijo".

Hincha de Danubio

Marcos Martínez no oculta su sentimiento por Danubio. Tiene 24 años de socio del club de Maroñas.
"Me hice socio en un partido contra San Lorenzo por la Conmebol y me fui a Buenos Aires con mi abuela a ver la revancha en Liniers. Siempre fui a la barra de Danubio. Cuando era chico iba con mi abuela y mi hermana que es de Peñarol".
Marcos da paso a su historia personal. "Hice baby fútbol en Danubio con Etulain, Anchen y varios que llegaron a Primera. Yo arranqué con 4 años en el Villegas, porque tenía los colores de Danubio, y a los 7 años Coco Regueiro me vio jugar y con el Cholo Trueba me llevaron a Danubio con mi hermano. Jugué como cinco años".

Zapatos en el banco

A la salida del vestuario del Complejo Edmundo Kabchi hay un banco de madera donde los jugadores deben poner los zapatos con los que van a jugar el fin de semana.


El Mameluco

Una de las rarezas de la utilería de Boston River es la ropa de entrenamiento de Berbia. "El Gallego tiene un mameluco entero con el que entrena. Los goleros son los que tienen más ropa. Calzas cortas y largas. Medias, lo mismo", reveló Marcos Martínez.

Ayuda

Marcos dice que Diego Scotti está atento a todo. "Viene y me dice lo que vos necesites, vení y plantealo con nosotros".

Cábala

"Yo estaba llevando las remeras azules a los entrenamientos, perdimos dos partidos, cambié, puse las verdes y ganaron".

Las multas

En el vestuario del Complejo Kabchi figuran las multas que deben abonar los jugadores. Es un reglamento interno donde se intenta respetar los horarios establecidos para entrenamientos, almuerzos y cenas.

Los zapatos

"El sueldo acá es poco, no vine por el sueldo está claro. Los jugadores me ayudan porque trato de tenerles los zapatos limpios. Cuando cobran, juntan y me dan una plata. A voluntad de ellos. Nunca pedí".

El hormiga Valdez


"Cuando viajamos me llamó la atención que al Hormiga lo para mucha gente para sacarse fotos. Mucha gente lo tiene de ídolo. El Hormiga no se complica mucho. Es muy sencillo".

Sin canilleras


"En una práctica con Canadian no llevé las canilleras. El técnico me empezó a gritar, no te podés olvidar. Ganamos. Cuando terminó, el Turco me dijo: 'Marcos, fue lo mejor que hiciste'".

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