La imagen de la balanza se ha utilizado con insistencia para ilustrar la puja entre empleados y empleadores. Más aun cuando el Frente Amplio comenzó en 2005 a incluir beneficios que consideraba postergados a trabajadores y, de forma paralela, les dio más poder a las organizaciones sindicales. La coalición de izquierdas siempre criticó que en épocas de blancos y colorados era el plato de los empresarios el que tenía más peso en esa balanza, y apostó a que con leyes laborales, más negociación colectiva y participación, el equilibrio iba a llegar. En esa dinámica lo encontró al oficialismo cuando le explotaron en la cara bombas como el procesamiento del director de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) Alfredo Silva, o el manejo oscuro de fondos del plan de vivienda sindical en el PIT-CNT (ver apunte). Los problemas generados por el poder dado por la izquierda desde el gobierno a sus primos hermanos los sindicatos no son nuevos. Sin ir más lejos, en la educación el FA tuvo varios problemas por desbordes gremiales.
El gobierno en busca del equilibrio sindical
Mujica quiere corregir un modelo de participación sindical que le ha dado muchos dolores de cabeza al gobierno, y que preparó el terreno para tentaciones en gremios que no supieron administrar el poder