“¡Huevos!”, gritó un hombre desde la ventana de su camioneta, rompiendo el silencio matinal. Apenas ingresó a la calle Buschental, miró a la residencia de los Vázquez y reiteró el aviso: “¡Huevos!”. Luego dio una vuelta, estacionó en frente de la residencia y se bajó con una bandeja de huevos en la mano. Tocó timbre en otras puertas, donde no tuvo suerte y finalmente cruzó a la casa del expresidente y candidato a la presidencia por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez.
Para ese entonces eran las 9.45 de la mañana. Inmediatamente se asomó a la reja una chica, que un rato antes había estado limpiando la vereda, y le dijo: “Una docena y media, por favor”. E ingresó a la casa.
“Soy un especialista con los huevos. Hace 35 años que reparto huevos por el Prado y La Comercial. A ellos (a los Vázquez) los conozco a todos. Les vendo desde que se mudaron para acá”, dijo Luis, el huevero, a El Observador. “La señora es muy bien. El (Vázquez) también”, afirmó.
Sin embargo, cuando se le pidió un comentario sobre el día especial que estaría viviendo la familia del expresidente, Luis se negó a hacer comentarios.
A los cinco minutos apareció Javier, el guarda de seguridad personal de Vázquez, con un tupper y el dinero. Luis se acercó y metió uno a uno los huevos en el tupper. “Son $ 99”, apuntó. Javier le pagó. Luis dio la vuelta, acomodó los huevos en la parte trasera de la camioneta, se subió a ella y arrancó para continuar con su recorrido.
Poco más de una hora después, llegó a la casa familiar Álvaro, el hijo mayor de Vázquez, con portafolio en mano. Lo de ayer “fue muy emocionante, lo vivimos con mucha alegría. Era lo esperado”, aseguró e ingresó rápidamente a la residencia.
La mañana del 27 de octubre de los Vázquez, al otro día de las elecciones nacionales que colocaron al candidato frenteamplista en un buen escenario hacia el balotaje, transcurrió repleta de deliveries: el repartidor de la farmacia del barrio, el del supermercado que concurrió dos veces, y hasta el correo con un telegrama se hicieron presentes en la residencia.
El último en llegar, ya sobre el mediodía, fue otro de los hijos de Vázquez que no quiso dar declaraciones y apenas vio a El Observador apostado en la puerta dijo: “No, no, yo no quiero hablar. Eso es para mi hermano”, manifestó.