Mundo > Comité judicial aprobó cargos

El impeachment: la alta apuesta demócrata de la que Trump pudiera salir fortalecido

Los demócratas no solo se estarían jugando sus escaños parlamentarios, sino también el destino del candidato (Joe Biden) que aparece como el más potable para vencer al presidente en 2020

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14 de diciembre de 2019 a las 05:03

Los demócratas de Washington han logrado finalmente su cometido, algo que habían estado esperando desde el día mismo en que Donald Trump fue electo presidente: aprobar los artículos de impeachment en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes y enviarlos al pleno para su votación. Una instancia a la que hasta ahora solo se había llegado tres veces en la historia de Estados Unidos, y que podría terminar con la destitución de Trump.

El asunto: haber presionado al presidente de Ucrania para que este anunciara que su gobierno estaba investigando a su rival mejor posicionado en la interna demócrata, el exvicepresidente Joe Biden, y a su hijo Hunter por sospechosos negociados con la compañía de gas ucraniana Burisma, señalada en otros casos de corrupción en su país.

Trump, además, condicionó a dicho anuncio la aprobación de un paquete de ayuda que Washington debía enviar a Ucrania; lo cual, en su conjunto, para los demócratas configura una serie de delitos comprendidos dentro de lo que los Padres Fundadores contemplaron en el Artículo 2 de la Constitución como pasibles de destitución mediante juicio político; a saber, “Traición, Sobornos u otros altos crímenes y delitos ordinarios”.   

Así, los cargos que hoy se le imputan al presidente, aprobados el viernes en comisión como artículos de impeachment, son “abuso de poder” y “obstrucción de las investigaciones legislativas”.

Lo más probable es que el próximo miércoles la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, apruebe los dos artículos de destitución contra Trump y el expediente siga su curso para el juicio político en el Senado, que se celebraría en enero y sería presidido por el presidente de la Suprema Corte de Justicia.

¿Qué tan acertados son estos cargos contra el presidente? Y lo más importante, si su llamada al gobernante ucraniano amerita o no una destitución. Esto es lo que está en el centro del debate parlamentario, que hoy  —como siempre en estos casos donde se ve comprometido el destino de un presidente— no es otra cosa que el debate nacional.

Como “traición”, lo de Trump desde luego no se compara con el engaño del gobierno de Estados Unidos en 2003 para lanzar la invasión a Irak, ni con el espionaje masivo de la NSA y otras agencias de inteligencia denunciado en 2013 por Edward Snowden, delitos  —estos indudablemente high crimes and misdemeanors—  por los que nadie ha sido juzgado, ni siquiera un funcionario de segundo escalafón.

Sin embargo, llamar a un presidente extranjero para que utilice su poder para enlodar a un adversario político constituye sin duda una falta grave. Tal vez no llegue a configurar “traición a la patria” como esgrimen los demócratas, pero algún tipo de delito rayano en la extorsión es, máxime cuando a ello se condiciona la aprobación de un paquete de ayuda estadounidense a ese país. Es lo que en el derecho penal estadounidense se conoce por la locución latina quid pro quo y que aparece a menudo en casos de soborno, extorsión y otros delitos relacionados con el crimen organizado.

Luego, mucho se ha hablado sobre el precedente que sentaría si Trump no fuese destituido por este caso. “Se estaría diciendo que está bien reclutar a un poder extranjero para inclinar la elección a tu favor”, escribió el influyente columnista de The New York Times Thomas Friedman al dar sus argumentos en favor de lo que tituló: “Destituya a Tump. Salve a Estados Unidos”. 

Friedman parecería tener un punto de llegada inobjetable. Ahora bien, ¿sería la primera vez que un presidente de Estados Unidos hace algo así? Por supuesto que no. Y lo han hecho en circunstancias harto más graves. Por caso, la crisis de los rehenes de 1979 en Irán, que mientras el gobierno de Jimmy Carter negociaba con los Ayatolas en Argelia, estos pactaban en paralelo un acuerdo secreto, que después se supo que era con enviados de Ronald Reagan.

El pacto con Reagan, que los iraníes cumplieron hasta el final, fue que los rehenes no fueran liberados hasta la asunción de Reagan en la Casa Blanca. De modo que el argumento del precedente no parecería lo más relevante en este caso. Lo de Trump es un caso que podría probarse como extorsión, y con ello debería ser suficiente.  

Por lo demás, todo el episodio suena a una operación demasiado turbia y rebuscada, medio mafiosa, algo en lo que no debería estar involucrado ningún presidente, ni de Estados Unidos ni de ninguna otra parte. Pero además toda la premisa de acción es de un infantilismo realmente llamativo. La creencia de Trump de que con el solo anuncio del gobierno ucraniano iba a bastar para descarrilar la campaña de Biden es algo que supera todo intento de razonamiento lógico.

Las chances

Las chances de que, después de la votación del próximo miércoles en la Cámara Baja, el Senado vaya a destituir a Trump en el juicio político parecen bastante exiguas.

En el Senado, se necesitan mayorías calificadas de dos tercios para desalojar al neoyorquino de la Casa Blanca; esto es, 67 senadores que le bajen el pulgar. Con lo cual, aun si lo hicieran todos los demócratas (45) y los dos independientes en bloque, como se espera, todavía les quedarían 20 votos por conseguir. 

Y lograr que 20 senadores republicanos se den vuelta y condenen al presidente parece ahora mismo tarea imposible. Lo más probable es que ocurra lo mismo que con el impeachment al expresidente Bill Clinton en 1999, cuando fue acusado formalmente por la Cámara de Representantes que aprobó en pleno los cargos en su contra, y luego el Senado lo absolvió.

O antes, en 1868, cuando el entonces presidente Andrew Johnson también fue salvado por el Senado, aunque este de forma más dramática: por un solo voto.    

Sin embargo, no es del todo improbable. Trump no representa para los republicanos, ni para el establishment de Washington en general, lo que Bill Clinton representaba hace 20 años para los demócratas y para el establishment. De hecho Trump llegó a la Presidencia peleado con medio Partido Republicano y con varios de sus principales dirigentes, entre ellos, no pocos de quienes hoy ocupan bancas en el Senado. Y siempre ha tenido al establishment en contra. De modo que no es descabellado pensar que alguno podría darse vuelta.

Pero algo muy grave tendría que ocurrir para que lo haga una veintena de ellos; algo que incline aun más las encuestas en favor de destituir a Trump. Porque al fin y al cabo lo que realmente importa a estos senadores es que su voto vaya en consonancia con el sentir del electorado en sus respectivos estados. Si en un estado hay un clamor popular por destituir a Trump, difícilmente un senador pueda abstraerse de ello. Pero en los estados conservadores que estos republicanos representan no existe tal demanda; y en muchos de ellos, incluso, la mayoría vota a Trump.

En suma, las chances  son mínimas.

Riesgos de búmeran

Para los demócratas la apuesta es demasiado alta. De perder, como todo hace presagiar, este lance del impeachment, es de esperar que Trump salga fortalecido. 

Un absolución en el Senado sin duda reimpulsaría la figura de Trump y su estado de campaña permanente. Y así, los de Nancy Pelosi podrían recibir como un búmeran una derrota de proporciones en las elecciones de noviembre del año entrante.

Por otra parte, tampoco está nada claro qué va a ocurrir con Biden pasado este episodio. Y eso, sea Trump destituido o no lo sea. El asunto de Ucrania huele muy mal: cuando Biden era vicepresidente y el hombre a cargo de la política hacia Ucrania en la Administración Obama, una compañía de gas de ese país con antecedentes de corrupción, Burisma, comenzó a pagarle a su hijo Hunter US$ 50 mil por mes por supuestamente integrar el consejo de administración.

Nunca estuvo claro cuál era su trabajo allí ni que tareas desempeñaba. Y según las declaraciones del propio Hunter, nunca le habrían ofrecido un curro millonario en dólares de esa naturaleza de no haber sido porque su papá era el vicepresidente de Estados Unidos. De modo que hay mucho que responder ahí. 

En la parada del impeachment los demócratas no solo podrían estarse jugando sus propios escaños parlamentarios, sino también el destino del candidato que ahora mismo aparece como el más potable para derrotar a Trump en una contienda mano a mano. 

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