7 de octubre de 2014 17:15 hs

Los viejos recios colman la gran pantalla. Ya sea en esfuerzos colectivos como son Los Indestructibles de Sylvester Stallone o ese exagente con un conjunto de habilidades especiales que suele interpretar Liam Neeson, es muy rentable en el Hollywood de hoy.

En esta ocasión es el turno de Denzel Washington, quien quizá no sea la primera opción de uno a la hora de pensar en un veterano, pero lo cierto es que ya pasa los 60. Y sumado a un intérprete casi siempre convincente está la mano del director Antoine Fuqua, con quien Washington ha tenido buenos réditos con anterioridad (por Día de Entrenamiento se llevó un Oscar como Mejor Actor).

Fuqua no es, ni será, un director de primera línea pero cuenta con algunos aciertos en su curriculum, sobre todo a la hora de filmes de acción. Día de Entrenamiento, pero también Shooter tenía lo suyo. También es el responsable de ciertos fracasos.

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El Justiciero se suma a la ya larguísima lista de remakes o adaptaciones que se repiten en las carteleras hasta el hartazgo, ya que se trata de una versión de The Equalizer (así es el nombre original de la película también) una serie “de culto” de principios de la década de 1980 que duró tan sólo dos temporadas. En la serie, Robert McCall era un hombre con un pasado oscuro, pero con el consabido conjunto de habilidades especiales que le permitía ecualizar –de ahí el nombre– las injusticias.

En la película, Washington es McCall y es sin dudas una buena elección. Washington tiene la nota justa entre tipo duro y amable. El tono de la propia película favorece su interpretación. Pausada, austera, el ritmo que propone Fuqua se contrapone con los estallidos de violencia explícita que no son para cualquiera.

La historia no es gran cosa y de hecho se puede aparejar perfectamente con algunas películas recientes como Hombre en Llamas con el propio Washington: un tipo sólo contra un montón de mafiosos impunes que –dato no menor, serán siempre rusos, mexicanos, eslavos, lo que sea menos estadounidenses– pondrá en su sitio con mayor o menor dificultad.

Pero empiezan los problemas. El primero de ellos, El Justiciero es una película muy larga. Y no tiene argumento para serlo. Por tanto, se limita en acumular más y más matones para que McCall los vaya apilando y en algún momento incluso para los cánones del género, es demasiado fácil. Por mucho que Washington pone de su parte, el andamiaje comienza a caerse. El villano que compone convincentemente Marton Czokas pasa de ser de tremenda amenaza a caricaturesco. Y es el único, además de Washington, que tiene algo así como un personaje. El resto de ellos –interpretado por buenos actores como Chloë Grace Moretz, Melissa Leo, Bill Pullman, David Harbour– se reparten en pequeños roles utilitarios o casi cameos sin importancia. La trama se vuelve conocida e incluso no faltará la consabida escena de una gran explosión y el héroe caminando impertérrito al frente de ella inmediatamente después de causarla. Pero para cuando se llega al consabido enfrentamiento final y el accionar de McCall recuerda al de Macaulay Culkin en Mi Pobre Angelito, los problemas sin dudas ya califican como graves.

Con pocas ambiciones y buscando apenas entretener, al El Justiciero le sobra media hora, no se decide si es sobria o aparatosa, medida o exagerada y dividida en dos mitades que no pegan demasiado bien. Cae en la lista de películas que serán olvidadas apenas dos horas después de verlas.

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