Luego de varios meses de sufrimiento, los funcionarios del equipo económico argentino pueden, por fin, relajarse y festejar. En su guerra santa contra el dólar paralelo lograron la pasada semana una victoria épica: con los $ 13,10 argentinos que registró su cierre del viernes, el “blue” retrocede a su valor más bajo desde agosto pasado.
Históricamente, algún funcionario levantaba el teléfono para pedirle algunos días de calma a banqueros importantes, y entonces lo que se percibía en las jornadas posteriores era una disminución en los volúmenes operados en las “cuevas”, o eventualmente la imprevista aparición de dólares a un precio más bajo que el de mercado. Pero siempre se trataba de remedios de corta duración. Ahora, el gobierno está dispuesto a mantener firmes las riendas del mercado, y dejó en claro que no escatimará golpes de impacto. En las últimas semanas se han visto efectivos policiales irrumpir en bancos y casas de cambio, mientras los funcionarios del Banco Central han anunciado una seguidilla de multas y suspensiones, muchas veces por pequeñas causas de irregularidad documental que se arrastran al año 2008.
En paralelo, hubo medidas financieras tendientes a diluir las expectativas devaluatorias. El objetivo del ministro Kicillof fue mostrar que no habrá una crisis de falta de divisas en el siempre difícil verano argentino. Para ello, firmó un acuerdo con los exportadores de soja, en el cual se comprometen a ingresar US$ 5.700 millones antes de fin de año. A cambio, el gobierno les entregará bonos indexados por el tipo de cambio. Y además, se anunció la puesta en práctica de un swap de monedas con China, que podría ser seguido por acuerdos similares con Francia y con Rusia.
¿Efectividad o especulación?
Es comprensible, entonces, la euforia del gobierno por haber logrado un punto de inflexión en cuanto a la expectativa devaluatoria. Pero claro, ello no implica que se haya disipado el gran interrogante: ¿será esta vez duradera la política de control del mercado paralelo o, como ocurrió históricamente, habrá un efecto de rendimiento decreciente?
Y allí es donde los analistas plantean sus dudas y críticas. En primer lugar, cuestionan que, para dominar el mercado paralelo -que es ilegal- hayan afectado el funcionamiento de un mercado legal, como es la operatoria conocida como “contado con liqui”. Se trata de un mecanismo de triangulación por el cual se pueden comprar bonos en pesos y revenderlos en el exterior, en dólares.
Es la manera alternativa que les queda a las empresas para hacerse de dólares cuando el Banco Central tiene que racionar divisas. Las compañías aceptan el costo extra para comprar esos billetes y, en definitiva, le hacen al gobierno el favor de descomprimir la presión sobre las reservas oficiales.
Pero Kicillof está convencido de la cotización del “conta con liqui” es pasible de ser manipulada por los bancos con intenciones políticas. En consecuencia, se ha perseguido esta operatoria, lo cual enfría más una economía que lleva 14 meses consecutivos de recesión.
Pero, sobre todo, quienes cuestionan la metodología gubernamental dicen que el gobierno sobreestima el efecto de sus medidas represivas y subestima el verdadero motivo por el cual baja el “blue”.
Se trata de lo que los analistas ya llaman “especulación hormiga”: los pequeños ahorristas corren, cada comienzo de mes, a cambiar el 20% de su salario –que es lo máximo que permite la regulación- por dólares al tipo de cambio oficial. Y luego, sin solución de continuidad, lo revenden en el mercado paralelo para hacer una ganancia con la “brecha” entre ambas cotizaciones. En la primera semana de noviembre, ya se compraron –y revendieron- US$ 206 millones a pesar de que hubo un feriado cambiario.
Pero esta situación contiene su propio límite: en la medida en que esa reventa presiona y baja la cotización del blue, la ganancia se achica porque la brecha con el tipo de cambio oficial es menor. En definitiva, esa ayuda de los “especuladores hormiga” tampoco puede durar mucho tiempo.
En cualquier caso, los pronósticos respecto de lo que ocurrirá en la cruzada contra el blue son de escepticismo.
“No hay antecedentes en el mundo en los que por perseguir al mercado informal se haya conseguido bajar el precio del blue, al contrario, baja un tiempo y después rebota con fuerza a un valor alto”, afirma Pedro Rabasa, director de la consultora Empiria.
En tanto, Facundo Martínez, economista jefe de la consultora M&S, argumenta que la calma cambiaria es transitoria: “Estas medidas son un puente para que haya un cambio importante en la economía desde la raíz, pero esto por el momento no está apareciendo, por lo que los controles son cada vez menos efectivos”.
El surgimiento del nuevo dólar “desahorro”
La nueva polémica es si la compra de dólares “oficiales” corresponde realmente a lo que se suponía que sería su cometido –es decir, el ahorro- o si lo que se está fomentando es una práctica especulativa para aquellos que no tienen otra forma de protegerse de la inflación. Para el economista Tomás Bulat, lejos de ser un síntoma de una población que quiere aumentar sus niveles de ahorro, estas grandes compras de dólares al tipo de cambio oficial reflejan una nueva forma de “desahorro”.
Bulat explicó que, hasta hace tres meses -cuando la brecha era relativamente baja- recomendaba el “dólar ahorro” como una alternativa interesante. En ese momento, sólo seguían su consejo aquellos con ingresos lo suficientemente altos como para dejar un excedente una vez cubierto el presupuesto familiar. Ahora, en cambio, se han sumado asalariados que, más que perseguir un objetivo de ahorro, ven en el dólar un mecanismo de protección. “Cuando la brecha se amplió, esta misma gente, que no tenía capacidad de ahorro, llega a fin de mes precisamente como consecuencia de que compra el dólar ahorro”, describió. Según Bulat, las divisas operan, entonces, como una forma de facilitar el consumo: “Es en realidad un ‘dólar desahorro’, porque es para gastar”, explicó.