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25 de noviembre 2023 - 5:01hs

Tras catapultarse del activismo a una banca en el Congreso Nacional, la diputada indígena Celia Xakriabá ganó "incidencia" en la política de Brasil, lo que no impide que siga sufriendo actitudes racistas e intentos por silenciarla por parte de muchos de sus pares.

Desde hace tiempo, algunas figuras indígenas brasileñas, como el cacique Raoni, son reconocidas en el mundo por sus campañas en defensa del medioambiente. Sin embargo, fue recién con la llegada a la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva que los pueblos originarios comenzaron a ocupar algunas posiciones de poder.

Si bien la población originaria es pequeña, ya que representan menos el 0,83% de los 203 millones de habitantes del país, su rol es clave para detener la deforestación y ayudar a la conservación de la biodiversidad, según los científicos y los expertos en derecho ambiental.

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"Llegamos para reforestar un poco el Congreso Nacional", dice Xakriabá, una de los cinco indígenas elegidos en los comicios de octubre de 2022, un número récord que no obstante sigue siendo pequeño de cara a los 513 miembros que integran la Cámara de Diputados y a la ausencia total de representantes en un Senado de 81 curules.

Sonia Guajajara, también fue elegida congresista en los comicios del año pasado, pero dejó el Legislativo para encabezar el inédito Ministerio de Pueblos Indígenas, creado por Lula da Silva tras asumir su tercer mandato en enero pasado.

Otro espacio importante ganado por el movimiento indigenista es la Fundación Nacional del Indio (Funai), un organismo gubernamental creado en 1967 para defender los derechos de los pueblos indígenas. Hoy, es dirigido por la exdiputada Joenia Wapichana, la primera mujer indígena abogada de Brasil.

"Históricamente, los pueblos indígenas estuvimos en contra de participar en la estructura del Estado", explica Guajajara. El histórico posicionamiento cambió durante el gobierno del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022), a quien Guajajara define como un “anti indígena”.

"Llegó un momento en que nos dimos cuenta de la importancia de tener una voz legítima para priorizar las pautas indígenas y de medio ambiente", destaca. Lula encargó a Guajajara reanudar el proceso de demarcación de los 700 territorios reservados a los pueblos originarios, programa que fue paralizado por Bolsonaro.

El objetivo es proteger a los territorios de los avances de la ganadería y la minería ilegal, un reclamo histórico del movimiento. Desde abril último, Lula da Silva, un declarado defensor de las causas indigenistas, ordenó la demarcación de ocho nuevas reservas.

Pese a la buena noticia, los referentes del movimiento indigenista son cautos. “El Ministerio de Pueblos Indígenas es todavía un espacio en construcción. Esperamos ver grandes resultados”, dice Dinamam Tuxá, coordinador de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

Tuxá, en cambio, destaca la "aguerrida" posición de diputados como Xakriabá, de 34 años y con un máster en Desarrollo Sustentable, en la defensa de la agenda indígena en la Cámara de Diputados, cuerpo al que define como "reaccionario".

El Congreso, mayoritariamente conservador, aprobó en septiembre pasado una regla que sólo otorga derecho a los pueblos originarios de reivindicar los territorios que ocupaban en 1988, cuando se promulgó la actual Constitución.

A pesar de la derrota, Xakriabá afirma que la bancada indígena hizo “ruido” en los debates y retrasó la tramitación, cambiando la "narrativa” dominante. "Demostramos que, aunque somos pocos, nuestra presencia es muy importante para incidir en la agenda indígena y ambiental”, afirma la diputada por el estado de Minas Gerais.

El núcleo del proyecto de ley fue rechazado por Lula da Silva y deberá ser revisado de nuevo por el Congreso; a pesar que la Corte Suprema declaró inconstitucional la tesis central de la iniciativa, que tiene el apoyo del poderoso sector de los agronegocios.

Xakriabá denuncia que el Congreso es un lugar "muy árido" para una "joven mujer indígena" que defiende "pautas de diversidad". Además, apunta que "el racismo es muy grande" y que suele ser blanco de comentarios "intimidatorios" de otros parlamentarios, que en ocasiones la han tachado de "india vendedora de artesanías”.

Para combatir la discriminación, Xakriabá sueña con un futuro en el que haya al menos un representante indígena por cada una de las 27 unidades federativas de Brasil.

"En los territorios indígenas enfrentamos las balas, el genocidio. Pero incluso aquí, muchas veces intentan silenciar nuestras voces", destaca la diputada, adornada con un tocado de plumas blancas y azules y pinturas tradicionales en el rostro.

"Creo que conseguimos avanzar mucho. Es un camino sin regreso", dice Guajajara, quien explica que todavía se debe cambiar la mirada sobre los indígenas, usualmente vistos como "inferiores" por la sociedad y blanco de un acceso "desigual" a los cargos de elección popular.

En lo inmediato, el movimiento indigenista se prepara para las elecciones municipales de 2024, articulando alianzas con los partidos progresistas y presionando a la justicia para que distribuya a los candidatos indígenas fondos electorales y cuotas mínimas de acceso a los medios de comunicación.

Para Tuxá la apuesta es aún mayor. "Queremos indígenas ministros, indígenas en la corte suprema, queremos ocupar espacios de toma de decisión, incluso algún día la presidente del país", dice la coordinador de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil.

(Con información de AFP)

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