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El Mundial femenino visto por protagonistas uruguayas

Yamila Badell, Valeria Colman, Daiana Farías y Nair Ackerman dieron sus impresiones del Mundial de Francia, el discurso de Marta y el impacto en Uruguay

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29 de junio de 2019 a las 05:01

El fútbol es un deporte de acción y reacción, un jugador decide hacer un movimiento, y el contrario actúa en consecuencia. Las decisiones que muchas veces son mínimas e intuitivas, van trazando la línea temporal del partido. Habrá otros universos posibles donde un lateral en vez de tirar un centro, engancha hacia atrás y la pasa. Entonces puede pasar que una decisión desencadene un hecho histórico. 

Debinha pensó que lo mejor cuando estaba entrando al área italiana era enganchar hacia la izquierda, a pesar de que ella es derecha y que Marta, capitana, referente y goleadora histórica de Brasil, se la pedía por el medio. Debinha venía en velocidad y se topó con Elena Dinari, la zaguera italiana aplica el manual, orientarla de adentro hacia afuera, llevar a la brasileña a su pierna inhábil.  

El montón de decisiones de Debinha, sumadas a las de Dinari, terminaron en un penal. Y no en cualquier penal, en el del gol mundialista número 17 de Marta, con el que superó a Miroslav Klose como máximo anotador en mundiales. Porque algo cambió, hay que acostumbrarse a que las estadísticas, cada vez con más frecuencia, se presenten teniendo en cuenta a ellos y ellas. 

Sin medias tintas

El primer mundial femenino organizado por FIFA fue en 1991. El crecimiento en estos casi 30 años ha sido exponencial, las jugadoras están apurando la historia. La pelea es en varios frentes: deportiva, cultural, político, organizacional. Ganarse un lugar que ni siquiera estaba creado. En Brasil por ejemplo estuvo prohibido un buen tiempo por una ley que decía que “a las mujeres no se les permitirá practicar deportes incompatibles con la condición de su naturaleza”, compañada por argumentos médicos que hablaban de lo peligroso de una pelota para los aparatos reproductores de la mujer. 

Kelley O'Hara

En Estados Unidos ocurrió lo mismo. Durante décadas las niñas tenían que justificar con certificados médicos a sus padres o abuelos que jugar al fútbol no las dejaría estériles. 

Eso le pasó a Carla Werden, en su Dallas natal. Tuvo que convencer a su abuela que no le iba a pasar nada. Terminó bicampeona del mundo con Estados Unidos. 

De esos tiempos a los de ahora, el partido inaugural del Mundial de Francia fue seguido por 11 millones de televidentes en Francia. El Brasil-Italia del gol de Marta tuvo en Brasil una cuota pantalla del 46%, dicho de otra manera, casi la mitad de los televisores encendidos a esa hora estaban viendo un partido de fútbol femenino. No es casualidad, es acumulación. 

Pero este Mundial no deja de ser reivindicativo. La mejor jugadora del mundo Ada Herberger, hace un par de años que no juega en su selección como medida de lucha pidiendo igualdad de condiciones a la federación noruega. A pesar de que Noruega igualó el presupuesto para sus selecciones masculinas y femeninas, Herberger aclaró que no es solo cuestión de plata. Infraestructura, profesionalismo y preparación también tienen que ser iguales. 

La selección de Estados Unidos está en juicio contra su propia federación, para entre otras cosas les expliquen cómo si generan más dinero que sus pares hombres, igualmente la USS Soccer les paga menos. 

Las jugadoras alemanas hicieron un aviso en la previa que recorrió el mundo y entre otras cosas decía “jugamos por un país que ni siquiera sabe nuestros nombres” y remataba “no tenemos pelotas, pero sabemos cómo usarlas”. 

Amandine Henry

A Estefanía Banini le dijeron que era la Messi de la selección femenina argentina, y con la misma elegancia con la que mete una moña contestó: “Es muy lindo que me comparen, pero me gustaría que nos comenzaran a conocer por nuestro nombre”. Apurar la historia. 

Con nombre propio

El cambio cultural es un poco más difícil de lograr, y hay batallas simbólicas y de las otras. Desde pensar en que los futbolitos tengan figuras femeninas, o que los videojuegos incluyan equipos femeninos para elegir. Hasta que las futuras jugadoras comiencen a tener de referentes otras colegas, y no solamente jugadores. 

Nair Ackerman, quien supo ser presidenta del fútbol femenino en la AUF, fue al Mundial invitada por la FIFA para que estuviera presente en la primera Convención de Fútbol Femenino. Consultada sobre el impacto que pueda tener este Mundial en Uruguay, contestó: “Lo dudo pues en medio de la Copa América varonil , es poco posible hacer una buena difusión de las jugadas y jugadoras del Mundial femenino. No verlas en Uruguay y en los medios masivos quita esa referencia natural de buenas jugadoras y sus jugadas. Ojalá se pueda replicar mucho más” . 
Valeria Colman es jugadora de Nacional, capitana de la selección y además la primera mujer en votar en el congreso de la AUF. A la hora de elegir una jugadora destacada no duda: Jill Scott de Inglaterra. “Me parece una jugadora fundamental para el juego que demuestra Inglaterra que se perfila por primera vez como una favorita al título”.

Valeria Colman

Daiana Farías es compañera de selección de Valeria, pero juega en Peñarol. Ella se decanta por jugadoras estadounidenses: “ Mi favorita es Kelley O’Hara, pero destaco mucho el juego de Tobin Heath. Por sus desbordes, sus jugadas y cómo se divierte con la pelota. Jugamos en posiciones diferentes pero creo que es una jugadora muy difícil de marcar”.

Si bien este Mundial está siendo más europeo que nunca, las sudamericanas han dejado su huella. Chile debutando en una cita mundialista,

Argentina logrando puntos por primera vez y Brasil casi que despidiendo a una generación histórica. Por eso cuando quedaron eliminados con Francia, Marta se plantó ante el micrófono, en esas notas donde se suele decir “partido difícil, rival duro, el grupo está unido” y otros tantos lugares comunes más. 

Sin embargo, Marta aprovechó para dejar un mensaje: “La gente pide tanto, pide apoyo, pero también necesitamos valorar. Y eso es lo que les digo a las niñas: no vas a tener a Formiga (41 años) para siempre, no vas a tener a Marta para siempre, no vas a tener a Cristiane. Y el fútbol femenino depende de ustedes para sobrevivir. Piensen en eso, valoren más. Lloren al principio para sonreír al final”. 

Para Colman esas palabras “van de la mano de lo que hizo Argentina; ellas venían luchando por tener las mínimas condiciones y es así, si las jugadoras no comienzan a hacer algo nadie lo va hacer por nosotras. Poder levantar el nivel de Sudamérica también depende de las jugadoras. Lo importante es que ella utilice ese lugar que tiene para ayudar a equilibrar la cancha”. 

Farías va por el mismo camino: “El mensaje fue claro y muy bueno. Me gustó mucho lo que dijo. Tenemos que arriesgarnos y como ella dijo, ‘sufrir para reírnos después’”. 

“Para mí todavía estamos muy lejos de lo que es el fútbol europeo. Nos faltan muchas cosas para mejorar, pero destaco que nunca nos vamos a dar por vencidas y siempre vamos a ir para adelante intentando solucionar cada problema y cada error hasta llegar a donde queremos”, agregó.

Yamila Badell es de un tiempo a esta parte una de las referentes de la selección uruguaya. “A Uruguay le falta contagiarse de esas cosas lindas que están pasando a nuestro alrededor. Somos como una isla que está aparte, que ve pero no da el paso, desde la prensa hasta marcas importantes que esponsorean a las jugadoras, patrocinadores. Aún falta, pero de a poco se va a ir contagiando aunque cueste”.  

Yamila Badell

El futuro del fútbol femenino es prometedor y con identidad propia: “Pienso que el fútbol femenino es el fútbol del futuro y que es un espectáculo mucho más lindo que el masculino” dice Valeria. El futuro llegó hace rato.
 

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