En esta edición, Po y sus amigos deben salvar a China del arma de Lord Shen
Por lo general, las tramas cinematográficas que funcionan toman aspectos de narraciones más antiguas. Si bien es una película infantil, en el caso de Kung Fu Panda 2 lo que subyayace son dos episodios históricos: el de Moisés, del Antiguo Testamento, y el de Herodes, del Nuevo. El enemigo del oso Po (con voz de Jack Black) es el maléfico pavo real Lord Shen (Gary Oldman). La película cuenta que un día una cabra adivina presagió que un niño blanco y negro se interpondría entre la maligna ave y su destino glorioso. Enfurecido, Shen manda matar todos los pandas de China y, cuando se enteran, los padres del bebé lo esconden en un canasto de rábanos esperando que lo encuentre alguien bondadoso. Este es solo el origen del peludo protagonista, porque la historia principal muestra las aventuras del panda cuando es mayor: Po está viviendo su sueño como El dragón guerrero, protegiendo el Valle de la Paz con sus cinco amigos del kung fu: Tigresa (Angelina Jolie), Mono (Jackie Chan), Mantis (Seth Rogen), Víbora (Lucy Liu) y Grulla (David Cross). También están su padre adoptivo, el ganso Sr. Ping (James Hong), y el Maestro Shifu (Dustin Hoffman). En esta segunda entrega aparecen personajes nuevos como el Maestro Cocodrilo (Jean-Claude Van Damme), el Maestro Rinoceronte (Victor Garber) y el Maestro Buey (Dennis Haysbert).
Un día, la entretenida vida de Po se interrumpe con una noticia aterradora: Lord Shen tiene una poderosa arma de destrucción con la que planea conquistar China y destruir para siempre el kung fu. Los guerreros están dispuestos a frenar la amenaza pero el panda se hace una pregunta: ¿cómo puede el kung fu detener algo que detiene al propio kung fu? La llave del éxito será descubrir su verdadero origen. Aquí salen de escena Herodes y Moisés y entran Freud y el existencialismo, que otorgan a la película un valor añadido más allá de sus efectos especiales y de su comicidad. El triunfo de Po depende de saber quién es en realidad y de comprender que fue amado por sus padres. En cambio, el fracaso de Shen sobreviene cuando se deja llevar por un rencor injustificado hacia sus progenitores y se niega a olvidar el pasado.
Los guionistas son Jonathan Aibel y Gleen Berger. Su directora, la estadounidense Jennifer Yuh Nelson, cuenta con un currículum portentoso en la productora DreamWorks: en 2008 trabajó en Kung Fu Panda 1, en 2005 en Madagascar, en 2003 en Sinbad: la leyenda de los siete mares y en 2002 en Spirit. Kung Fu Panda 1 recaudó más de US$ 633 millones alrededor del mundo, y se espera que la que se estrena este viernes también sea acogida con entusiasmo.
Las críticas que siguieron a su estreno en EEUU el 26 de mayo fueron mayormente positivas. La página Rottentomatoes le dio el 82% de aceptación; el Wall Street Journal la calificó como “llamativa y emocionante”, y el New York Post la elogió como soberbia. Uno de los aspectos que destacaron fue los efectos visuales, ya que logró una fascinante combinación entre la tridimensionalidad y la estética oriental. Aunque en China hubo voces que alertaron sobre la falta de respeto hacia su cultura, el monje shaolin Shi de Yang, de visita estos días en Montevideo y entrevistado anteayer por El Observador, se pronunció a favor.
Cabe mencionar por último que quizá algunos espectadores se sientan frustrados con el doblaje en español. No da lo mismo perderse a un actor cualquiera que perderse la voz de Jack Black en cada ocurrencia. De todas formas, los demás aspectos del filme de seguro compensarán la carencia.