3 de junio de 2011 20:47 hs

En los dos primeros siglos de nuestra era, Roma tuvo que afrontar un profundo abismo entre ricos y pobres. El poderoso imperio construido sobre la base del tributo alcanzó sus límites geográficos. Su economía generaba pocos bienes exportables. Los esclavos adquiridos con la conquista construían la mayoría de sus puentes, rutas y acueductos y asumían los empleos en la agricultura, la minería y la construcción. A medida que esta mano de obra más barata fue reemplazando a los ciudadanos romanos, gente ociosa, desocupada y hambrienta llenó la capital.

Los césares crearon trabajos de tiempo parcial y para mantener a la gente ocupada, subsidiaron la vivienda y repartieron los granos. Descubrieron que hacía falta más. “Un pueblo que bosteza está maduro para la revuelta”, escribió Jerome Carcopino en “La vida cotidiana en la Antigua Roma”.

Los emperadores agregaron feriados hasta que, finalmente, los romanos pasaban la mitad de sus días asistiendo a juegos de gladiadores, ejecuciones públicas y carreras de carros. Disgustado, el escritor satírico Juvenal acusó a sus compatriotas de dejarse sobornar por “pan y juegos de circo”. Los romanos no hicieron nada por probar que estaba equivocado hasta que dos siglos más tarde el imperio se dividió para siempre y Roma fue saqueada por los visigodos.

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Las complicadas causas de la caída de Roma han fascinado desde siempre a los historiadores, y sirven de lente para examinar la vulnerabilidad de otras culturas dominantes. La adicción de los estadounidenses al entretenimiento se ha comparado con los circos de la antigua Roma. Podemos pasar, y pasamos, buena parte de nuestro tiempo libre mirando basura en televisión como “Half Pint Brawlers” --sobre una compañía de supuestos ‘luchadores libres’ que se atacan entre sí con engrapadoras y botellas rotas. En realidad, en 2009, los mayores de 15 años pasaron un promedio de 58 por ciento de su tiempo libre mirando televisión, entretenidos con juegos y usando Internet --un aumento de 16 por ciento con respecto a 2003.

Era digital
Cuando el entretenimiento domina a una sociedad, no sólo cambia la cultura; también redefine la economía. Podemos ver que el dinero está donde están los circos con el incremento del entretenimiento digital, que ha orientado cantidades enormes de ingresos discrecionales hacia el contenido digital y los dispositivos en los que funciona: laptops, televisores, consolas de juegos, teléfonos inteligentes. En el decenio previo a la crisis financiera de 2008, el único sector importante, fuera de la salud, que mostró un crecimiento real fuerte constante fue la electrónica para el consumidor.

Si bien la recesión lo afectó con fuerza, el gasto en medios digitales ahora comenzó a repuntar. La cuestión es quién se beneficia. Producimos mucho contenido pero los dispositivos en los que viene no se fabrican, generalmente, en los Estados Unidos.

Desequilibrios comerciales
Esto ilustra otro problema que contrarió a los romanos y que nosotros enfrentamos en la actualidad: las economías dominantes tienden a importar más de lo que exportan, generando desequilibrios comerciales. Cuesta menos comprar productos manufacturados vitales básicos como alimentos, ropa, autos, teléfonos y muebles --el pan en oposición al circo-- si se producen en otra parte que si los hacen los propios ciudadanos altamente desarrollados del país. El resultado es una pérdida de empleos a nivel interno.

Los romanos, orientados hacia la conquista, se destacan en la historia como un ejemplo extremo. Trajeron al país sus importaciones, entre otras la mano de obra esclava, como botín. Esto llevó a que el “pan” fuera lo más barato que podía ser, y dejó a los propios romanos sin trabajo.

Nosotros simplemente nos hallamos en una situación donde nuestros costos, leyes y regulaciones laborales hacen a las empresas estadounidenses menos competitivas que las de otros países. En la década de 1990, los trabajadores de la industria sufrieron una pérdida de empleo draconiana cuando el trabajo fue enviado al exterior. Lo mismo que llevó los trabajos al exterior abarató el pan. Durante la década de la burbuja de alto crecimiento que culminó en 2008, las tasas de crecimiento de las ventas de productos básicos de consumo como la indumentaria, los autos y los artículos deportivos promediaron menos de 2 por ciento, tan bajas como para ser deflacionarias en términos reales.

‘Economía de servicios’
Compensando la pérdida de trabajo fabril, la era de la burbuja feliz del apalancamiento creó tantos empleos para banqueros, peluqueros, agentes de viajes y asistentes en salud domiciliaria que comenzamos a describirnos como una “economía de servicios”. Pero las empresas de servicios son vulnerables exactamente a las mismas fuerzas que eliminaron el grueso de la industria. Tomemos el comercio minorista. Desde la década de 1990, las empresas que contribuyeron a abaratar el pan, como las grandes superficies y las grandes tiendas con descuento, constituyeron la única categoría importante de comerciantes que mostró un crecimiento fuerte. Ahora esas empresas también se ven seriamente presionadas por vendedores online más eficientes, que están creciendo el doble que sus homólogos fuera de línea.

La proporción de nuestra población total que está trabajando en la actualidad cayó a 58,4 por ciento, el nivel que tenía en 1983 cuando en el mercado de trabajo había muchas menos mujeres.

Consumidores y trabajadores
Es cierto que ese porcentaje podría mejorar a medida que la economía fuera superando los efectos persistentes de la crisis financiera, pero la recuperación no cambiará la tendencia fundamental. Las fuerzas estructurales están creando algunos vientos en contra muy serios en el empleo, que son enfrentados sobre todo por hombres más jóvenes y con menos formación.

Dicho en términos simples, lo que fue bueno para los consumidores estadounidenses no fue bueno para los trabajadores.

Si observamos el panorama más amplio, también vemos que, a diferencia de Roma, cuyos ejércitos saqueaban los territorios que conquistaban, los desocupados estadounidenses debemos pedir dinero prestado para pagar nuestro pan y circo. Roma era tan rica que el imperio tardó cientos de años en caer. Nosotros estamos quebrados, lo cual acelera el día del juicio. La reforma del gasto estadounidense en protección social nos haría ganar tiempo, pero no resolvería la situación del empleo.

Como nota positiva, esta economía de pan y circo ofrece verdaderamente nuevas oportunidades. A quienes contribuyan a abaratar las cosas les irá bien. Pueden utilizar la tecnología digital para construir empresas de escala realmente global. Por último, cualquiera que pueda satisfacer el deseo de tonterías que pudren la mente tiene una carrera viable por delante en un sector en crecimiento.

Ahogar a un país en un sucedáneo de libertinaje podría ser una pésima forma de sostener una civilización. De todos modos, cabe decir algo a favor de “Half Pint Brawlers” y demás. Mirar televisión mantiene a la gente en su casa sin hacer marchas en las calles.

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