20 de marzo 2021 - 21:50hs

Antonio Sena volvió a vivir, tras pasar 38 días perdido en lo más remoto de la Amazonia brasileña, entre los estados de Pará y Amapá.

Piloto, de 36 años, Sena desapareció el 28 de enero. Transportaba suministros a una mina ilegal y de repente el motor de su avioneta Cessna 210 se paró.

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Después del accidente, Sena permaneció cerca de lo que quedaba de su avioneta, como indican los manuales. Pero nueve días después, cuando dejó de oír los vuelos en lo alto, tuvo que emprender una caminata y abandonar el lugar. Lo hizo hacia el Este, orientándose por el mapa aeronáutico que llevaba en el celular que le indicaba de la existencia de un par de pistas de aterrizaje en la zona.

Sena contó que caminaba haciendo ruido sobre las hojas para evitar ataques de animales a los que puede importunarles si vas en silencio; dormía lejos de los arroyos para evitar emboscadas y, por suerte, no se encontró con ninguno de los grandes depredadores. 

Fue perdiendo fuerzas porque solo comió lo que observaba que también devoraban los monos. “Si ellos comían algún fruto silvestre, yo hacía lo mismo”. También huevos de ñandú, que tenían una cáscara azul, clara y yema y halló cacao cuatro veces. 

Cuando cayó y fue atrapado por la selva, Sena se dirigía desde Alenquer, una ciudad a orillas del Amazonas, a una mina ilegal dentro de la Reserva Biológica Maicuru. Era su segundo vuelo hacía allí: el primero el día anterior.  “Nunca en mi vida había estado en una mina, pero ni la vi porque no llegué a salir de la pista de aterrizaje”, explica el piloto. 

Su destino, en el accidentado vuelo, era la pista California, nombrada así por aquella fiebre del oro del siglo de mitad del siglo XIX en Estados Unidos.

Las minas ilegales son una de las fuentes de contaminación del mayor bosque tropical del mundo: poblados de chozas en un claro de la selva en el que hay decenas o cientos de garimpeiros (buscadores de oro). Un negocio que mueve entre 20 y 30 toneladas anuales.

Sena que había estado pilotando en Chad, en África, había regresado a Brasil. Abrió un restaurante y una cervecería artesanal pero la pandemia le estropeó sus planes. Y apareció la posibilidad de llevar combustible y víveres hasta la mina. Una aventura que casi no cuenta.

Cuando ya los equipos militares de rescate desistieron de su búsqueda, Sena fue localizado por una familia de recolectores de castañas. Al frente, estaba doña María. “Encontré una lona blanca con su material, comida… y vi al primero de ellos”, le dijo a El País. Superada la sorpresa inicial, Sena les pidió castañas y luego se fue con ellos hasta su campamento: la paradoja fue que lo salvó una una familia que explota legalmente la selva.

Lo alimentaron, y luego pidieron socorro por radio. Después de 38 días, Sena había perdido 26 kilos, pero estaba listo para contar la historia de su vida.

 

 

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