12 de marzo 2014 - 20:17hs

El coronel Lorenzo Latorre llegó al poder en 1876 para, entre otras cosas, consolidar y ampliar el poder de los grandes estancieros a través del alambrado de campos y el permiso para que tuvieran su propia policía privada. “Ha cesado en gran parte aquel comunismo de las praderas naturales, para el apacentamiento de los rebaños. El cerco de alambres ha dado seguridad a la propiedad rural; ha obligado a cada uno a vivir de lo suyo y a sus propios recursos” decía el político Carlos María de Pena por aquellos días del militarismo.


Con el paso de los años la influencia de los terratenientes sobre los gobiernos de turno siguió siendo importante. Pero la modernidad, el crecimiento del comercio y el desarrollo de las cámaras industriales trasladó buena parte de ese poder de presión hacia los empresarios.
Estos no solo defendieron sus intereses a través del loby más que nada silencioso sino que condicionaron en buena medida a los partidos políticos a través de contribuciones económicas que les permitían -y aún sigue siendo así- desplegar sus tareas proselitistas.


Pero eso ha cambiado fundamentalmente desde la llegada al gobierno del Frente Amplio en 2004. En lo que puede entenderse como un cambio natural en el ejercicio del poder de una fuerza que se denomina de “izquierda” las corporaciones sindicales comenzaron a ejercer un influjo que tiene sus puntos cúlmines en estas horas en las que el Sindicato Unico de la Construcción (Sunca) le torció el brazo a los senadores del Frente Amplio. Pero antes, los gremios de la enseñanza lograron trancar o licuar varias iniciativas del poder político.

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Es así que el denominado Promejora -programa de descentralización educativa- solo fue aplicado en algunos centros de enseñanza por la oposición de los profesores y los maestros. Por otra parte, la izquierda en el poder ha cedido terreno a corporaciones no gremiales como la cooperativa que integran los trabajadores del periódico la diaria quienes -tras mover sus influencias en el gobierno- lograron que se le concediera una onda de televisión abierta. La izquierda restauró además los Consejos de Salarios que habían sido dejados en desuso tras el primer gobierno de Julio Sanguinetti y que permitieron a los trabajadores recuperar o al menos mantener su poder adquisitivo.


También es verdad que esta tendencia ocurre bajo el mandato de un presidente que no ha dudado en pedirle prestado el quincho a un vecino para tirar unas carnes sobre la parrilla y ofrecercelas a la flor y nata del empresariado nacional.

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