21 de mayo de 2014 16:50 hs

Lucidez, ironía, inconformismo y sensibilidad. Estos son solo algunos de los adjetivos por los cuales ayer Quino y su mayor creación, Mafalda, recibieron el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, condecoración que había logrado el año pasado la fotógrafa Annie Leibovitz.

“Al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento”, afirmó el jurado en el acta de concesión del premio.

Esa niña “inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible” dio fama internacional a Quino, cuya obra “conlleva un enorme valor educativo y ha sido traducida a numerosos idiomas, lo que revela su dimensión universal”, destacó el director del Instituto Cervantes y presidente del jurado, Víctor García de la Concha.

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El escritor español Juan Barja de Quiroga, como miembro del jurado, afirmó que Quino y sus tiras encajan “en la doble condición de este premio: humanidades y comunicación”.

Padre e hija
Joaquín Lavado comenzó estudios de Bellas Artes en su ciudad natal de Mendoza, pero los abandonó en 1949 para “dedicarse a las historietas y al humor”. En 1954 publicó su primera tira, pero recién 10 años después llegó Mafalda, un personaje creado inicialmente para una campaña de publicidad fallida.

Las tiras de Mafalda, una fan de los Beatles y enemiga acérrima de la sopa, se publicaron por primera vez en 1965 en el diario El Mundo, y pronto comenzó su expansión, primero por Sudamérica y luego el resto del mundo.

Desde sus comienzos, la niña hizo aquellas preguntas incómodas y adultas que nadie se animaba a hacer. “¡Sí a la democracia! ¡Sí a la justicia! ¡Sí a la libertad! ¡Sí a la vida!”, dice Mafalda en una de sus viñetas. En otra leyó la definición de democracia como “gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía”, al tiempo que largaba una carcajada.

Sus lectores afirmaban que sus tiras les abrían “la cabeza y el pensamiento”, y sin embargo, Quino siempre aseguró no ser muy consciente del alcance de su labor. “Yo hacía mi trabajo y nada más”, afirmó el dibujante, que se leía cada mañana “tres o cuatro periódicos” para inspirarse y sostiene como único mérito el tener “una especie de antenita” para saber captar el ambiente.

Quino dejó de dibujar a su creación en 1973, pero su fama trascendió en forma de libros, dibujos animados e internet, aunque retomó la pluma para ocasiones especiales.

“Desde que dejó de dibujar a Mafalda, Quino se entregó a un humor más ácido y negro, destinado en mayor medida a un público adulto y que ha ido recopilando en su colección de libros de humor”, afirmó la Fundación Príncipe de Asturias, que concede los premios, en un comunicado.

Entre estas obras figuran libros como ¿Quién anda ahí?, en el que reflexiona sobre los miedos actuales a través de dibujos publicados en medios, algunos inéditos y algunos de los pocos hechos en color.

“Dibujo para que el mundo vaya para el lado de los buenos”, concluyó el ahora nuevo Príncipe de Asturias.

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